La frontera subjetivada: el discurso de las infancias en procesos de movilidad

The Subjectivized Border: Children’s Perspectives in Mobility Processes

Emma Hilda Ortega Rodríguez
Investigadora Secihti, comisionada a la Universidad Autónoma de Chiapas, México
Patricia Esmeralda Gutiérrez Aceves
Universidad Autónoma de Chiapas, México
Recepción: 11/03/2025 Aceptado: 23/06/2025
Publicado: 12/08/2025

 

RESUMEN:El objetivo de este artículo es discutir la necesidad de realizar un trabajo interdisciplinar para apoyar integralmente a las infancias en situación de movilidad. A partir del seguimiento a 10 grupos focales de personas adultas migrantes y de un proceso de acompañamiento a 25 infantes refugiados temporalmente en una casa albergue de Tuxtla Gutiérrez, Chiapas, asumimos que la población infantil ha cobrado mayor relevancia en las dinámicas migratorias; resaltamos la necesidad de escuchar sus concepciones respecto a su tránsito y de reconocerles como partícipes de una realidad cambiante y difícil de nombrar. Concluimos que: 1) el discurso infantil permite cuestionar el carácter subjetivo de una frontera que históricamente ha ignorado a las infancias como sujetos de derecho, y 2) el abordaje de la subjetividad es capaz de configurar o reconfigurar realidades objetivas.

PALABRAS CLAVE: infancia, migración, lenguaje, simbolización.

ABSTRACT: This article aims to discuss the need for interdisciplinary work to comprehensively support children in mobility situations. Based on research with 10 focus groups of migrant adults and a socio-educational intervention involving 25 children temporarily housed in a shelter in Tuxtla Gutiérrez, Chiapas, we argue that the child population has gained greater relevance in migratory dynamics. We highlight the need to listen to their perspectives on their transit and to recognize them as participants in a shigting and difficult-to-define reality. We conclude that: 1) children’s discourse allows us to question the subjective nature of a border that has historically ignored childhood as a subject of rights; and 2) an approach centered on subjectivity can configure —or reconfigure— objective realities.

KEY WORDS: childhood, migration, language, symbolization.

 

Introducción


Según la Organización Internacional para las Migraciones, el término movilidad humana engloba las diferentes formas de movimiento de las personas (OIM, 2019: 144). Es un proceso complejo que «puede ser motivado por diversas razones (voluntarias o forzadas), que se realiza con la intencionalidad de permanecer en el lugar de destino por periodos cortos o largos o, incluso, para desarrollar una movilidad circular» (OIM, 2012: 17). La movilidad puede ocurrir a gran escala, así como a una menor (movimientos cotidianos en el espacio público local) (Oehmichen Bazán, 2024: 272). La movilidad que interesa en esta investigación involucra los desplazamientos a gran escala originados en América Latina y el Caribe; un proceso que «implica el cruce de los límites de una división geográfica o política, dentro de un país o hacia el exterior» (OIM, 2012: 17), cuyas motivaciones son variables, pero con una característica en común: la presencia constante de población infantil.

Según datos del Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia, millones de niños, niñas, adolescentes y familias de América Latina y el Caribe han abandonado sus hogares debido a factores socioeconómicos como «la pobreza generalizada, las limitadas oportunidades de subsistencia, la desigualdad estructural, la inseguridad alimentaria y las barreras de acceso a los servicios esenciales» (UNICEF, 2023: 9). Esta afirmación también es compartida por el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados, pues, en cuanto a composición demográfica, en la actual movilidad humana participan «grupos familiares que salen de sus países en busca de seguridad y un mejor porvenir» (ACNUR, 2024a: 5).

Otro rasgo característico de los flujos migratorios recientes en México es la presencia cada vez mayor de niñas, niños y adolescentes no acompañados, así como de familias enteras en situación de refugio. De acuerdo con el Child Alert de UNICEF de 2023, durante el primer semestre de ese año más de 40 000 menores de edad cruzaron la selva del Darién —uno de los pasos más peligrosos de la región— rumbo a México y Estados Unidos; de ellos, más de 600 eran infantes no acompañados, lo que refleja una tendencia alarmante en cuanto a la vulnerabilidad infantil en contextos de tránsito (UNICEF, 2023: 3). Por su parte, ACNUR señala que más de un tercio de las personas migrantes que cruzan México actualmente pertenecen a grupos familiares, muchos de los cuales solicitan asilo o protección internacional debido a situaciones de violencia, persecución o pobreza extrema en sus países de origen (ACNUR, 2024a: 5). Estas evidencias refuerzan la necesidad de considerar enfoques diferenciales para atender a la niñez en movilidad y a las familias refugiadas, y de reconocerlas como sujetos de derecho.

Aunado a lo anterior, los flujos migratorios actuales se distinguen por su carácter forzado, resultado de contextos estructurales de violencia, persecución, pobreza extrema o desastres ambientales. Según ACNUR (2024b), el desplazamiento forzado es hoy una de las principales causas de la movilidad humana en la región, dado que millones de personas se ven obligadas a huir de sus hogares por amenazas directas contra su vida o integridad. UNICEF (2023) subraya que un alto porcentaje de las personas migrantes —especialmente niñas, niños y adolescentes— proviene de países con crisis humanitarias persistentes, y cruzan México no por elección sino por necesidad, en busca de protección internacional y condiciones mínimas de subsistencia. Estos informes apuntan a la urgencia de considerar las migraciones actuales como crisis humanitarias complejas y no como desplazamientos voluntarios.

A esta mirada se suma el reconocimiento de México como país de tránsito en el marco de la movilidad humana regional. De acuerdo con el Informe sobre las migraciones en el mundo 2022 de la OIM, México se ha consolidado como país de paso para personas migrantes provenientes de América Latina y el Caribe que buscan llegar a Estados Unidos, lo que le lleva a enfrentar una presión constante sobre su infraestructura humanitaria y de control fronterizo (McAuliffe y Triandafyllidou, 2022: 187). Asimismo, ACNUR (2024a) ha documentado que gran parte de las personas refugiadas que solicitan protección en México lo hacen en tránsito, como parte de una ruta más larga hacia el norte, donde esperan acceder a condiciones más seguras y estables para sus familias.

En este contexto, el enfoque en la subjetividad resulta crucial para comprender el devenir de las identidades migrantes, particularmente en el caso de las infancias, pues la subjetividad permite explorar cómo las niñas y los niños interpretan su experiencia migratoria, construyen sentido frente al desarraigo y resignifican sus identidades en medio de contextos cambiantes. Tal como sostienen Suárez-Orozco y Suárez-Orozco, «la subjetividad infantil en contextos migratorios no es una consecuencia pasiva del entorno, sino una forma activa de agencia simbólica que redefine las condiciones de pertenencia y exclusión» (Suárez-Orozco y Suárez-Orozco, 2001: 117). Por ello, reconocer a las infancias como sujetos con agencia simbólica y afectiva no solo cuestiona los discursos adultocéntricos que suelen relegarles al silencio, sino que visibiliza las maneras en que sus narrativas configuran una comprensión más amplia del fenómeno migratorio, como ha señalado Del Valle Cabrales (2017) a lo largo de su análisis: las experiencias migratorias de la infancia producen geografías emocionales propias, que emergen a través de relatos, gestos y prácticas cotidianas, moldeando nuevas formas de habitar y significar el mundo.

En lo que respecta al presente análisis, las personas adultas e infantes que participaron en esta investigación enfrentaban condiciones dignas de protección internacional; sin embargo, legalmente no fueron reconocidas como refugiadas en México debido a la actual legislación del país. De acuerdo con la Ley sobre Refugiados, Protección Complementaria y Asilo Político (2023), se considera refugiada a toda persona que huye de su país por persecución individualizada, conflictos generalizados, violencia masiva o violaciones graves de derechos humanos (art. 13); no obstante, el procedimiento para obtener dicho reconocimiento requiere una solicitud formal ante la Comisión Mexicana de Ayuda a Refugiados (COMAR), así como una evaluación que, en la práctica, resulta inaccesible para muchas familias en tránsito. A esto se suma que la Ley de Migración (2023) clasifica a quienes cruzan el país sin documentación regular como «migrantes en situación irregular», sin importar las causas estructurales de su desplazamiento (arts. 3 y 144). Esta última, la de migrantes irregulares, era la condición en la que se encontraban las mujeres, hombres, niñas y niños que participaron en la investigación para la realización de este texto.

En tal vacío normativo, muchas de las personas en tránsito quedan atrapadas entre categorías legales que no reflejan su necesidad real de protección, lo cual agrava su vulnerabilidad y las priva del ejercicio pleno de sus derechos humanos en territorio mexicano. Por ello, en este escrito, a partir de la noción de frontera subjetivada pretendemos abonar a la conceptualización de una frontera flexible, aportando evidencias empíricas recientes que permitan dar cuenta de una ruta de trabajo interdisciplinar para el abordaje del discurso infantil en procesos de movilidad, pues asumimos que es uno de los grupos poblacionales que enfrenta mayores riesgos en su tránsito.

 

Andamiaje teórico

La noción de frontera subjetivada ha surgido como una crítica a las definiciones tradicionales de frontera basadas exclusivamente en la geopolítica, la seguridad y la administración del territorio. Frente a estas concepciones rígidas, el concepto de frontera subjetivada propone entender las fronteras no solo como límites físico-legales, sino como espacios simbólicos, experienciales y afectivos construidos por quienes las transitan. Según Balderrama Barbeitia, la frontera se configura también «desde las actuaciones de quienes viven en ella», lo que implica reconocer las prácticas, discursos y sentidos que le otorgan significación más allá del control estatal (Balderrama Barbeitia, 2008: 6). Este enfoque se ha desarrollado en investigaciones que exploran las fronteras como zonas de interacción, ambigüedad y producción de identidad, donde lo legal y lo ilegal, lo nacional y lo extranjero, lo seguro y lo incierto, se entrelazan en formas dinámicas (Mezzadra y Neilson, 2013).

En el caso de la movilidad infantil, la frontera deja de ser una línea fija y adquiere múltiples formas: puede ser la espera en un albergue, un miedo compartido en la selva, una separación familiar o un cuento leído en voz alta. De Genova (2021) afirma que la frontera contemporánea no se limita a las funciones de control migratorio, sino que se extiende a los cuerpos, afectos y relaciones sociales, moldeando subjetividades en movimiento. En este sentido, las infancias migrantes no solo cruzan fronteras, sino que son atravesadas por ellas, tanto en sus cuerpos como en su comprensión del mundo.

Ahora bien, las nociones de frontera subjetivada y frontera flexible provienen de tradiciones analíticas distintas y tienen implicaciones conceptuales específicas. La frontera subjetivada, como se ha señalado, se refiere a la experiencia vivida y simbolizada de la frontera desde los sujetos que la transitan. Se trata de una construcción relacional y simbólica que atiende a cómo las personas otorgan sentido emocional, corporal y narrativo al hecho de cruzar, esperar o ser excluidas (Luna González, 2024).

Por su parte, la frontera flexible es una categoría que emerge de los estudios sobre gobernanza migratoria y control de flujos humanos. Según Aguilar Martínez (2025), las fronteras flexibles no eliminan las lógicas de vigilancia ni de exclusión, pero las reorganizan en función de intereses económicos, diplomáticos o humanitarios. Así, se flexibiliza el paso de personas con ciertos perfiles migratorios (por ejemplo, trabajadores temporales o personas con documentos específicos), mientras que se restringe el de otros mediante tecnologías, acuerdos bilaterales o mecanismos de contención en terceros países. En este modelo, la frontera se desplaza territorialmente y se multiplica, operando dentro y fuera del territorio nacional, incluso en el cuerpo de las personas migrantes (Walters, 2015).

Por tanto, mientras que la frontera flexible es una estrategia de administración estatal que busca regular selectivamente la movilidad, la frontera subjetivada es una herramienta analítica útil para comprender cómo las personas migrantes —en este caso, las infancias— experimentan y resignifican la frontera desde su propia subjetividad. De este modo, es posible afirmar que ambas nociones son complementarias, pues la primera describe el marco político-administrativo de los hechos migratorios, mientras la segunda se refiere a las vivencias simbólicas y afectivas.

Así, la frontera subjetivada abona a los estudios sobre la subjetividad de las infancias en movilidad al permitir reconocer la producción simbólica, afectiva y narrativa que las niñas y los niños realizan frente a su tránsito. Sánchez-García et al. (2022), en su trabajo sobre infancias desplazadas en contextos centroamericanos, muestran cómo los relatos infantiles reconstruyen las fronteras como paisajes emocionales marcados por el miedo, la pérdida o la esperanza, lo que evidencia la agencia simbólica infantil en medio del desplazamiento forzado. Asimismo, según Ortega y Vázquez (2022), los discursos infantiles permiten identificar la frontera como una experiencia vivida desde el cuerpo y la imaginación, más que como un dispositivo estatal. También Rodríguez-Castrillón y Amador-Baquiro (2023) destacan que la incorporación de la voz infantil en los estudios de movilidad transforma el concepto de frontera en una categoría relacional, la cual se construye a partir de vínculos, memorias y formas de resistencia emocional. Así, el análisis de la frontera subjetivada invita al reconocimiento de las infancias como sujetos epistémicos capaces de interpelar el orden fronterizo desde su experiencia.

En este sentido, la subjetivación de la frontera visibiliza dimensiones afectivas e identitarias que suelen ser ignoradas por los análisis estructurales, a la vez que aporta elementos esenciales para la construcción de una noción interdisciplinar de frontera flexible, pues si este paradigma pretende transformar los dispositivos rígidos de contención en modelos más adaptables a la diversidad de perfiles migratorios, resulta imprescindible incorporar también la perspectiva subjetiva, simbólica y afectiva que las propias personas migrantes —en particular las infancias— construyen sobre su experiencia fronteriza. Como sostiene Aguilar Martínez (2025), una verdadera política de frontera flexible debe integrar no solo criterios de seguridad y gestión estatal, sino también formas de comprensión socioafectiva del tránsito humano.

Por todo lo anterior, esta investigación apuesta por la formulación de un modelo interdisciplinar que combine el análisis de las condiciones estructurales del desplazamiento con las narrativas, emociones y representaciones construidas por niñas y niños en situación de movilidad. Al hacerlo, será posible visibilizar el potencial de la frontera subjetivada como herramienta crítica para cuestionar la lógica de exclusión de las políticas migratorias, al tiempo que se esboza un horizonte más inclusivo, ético y sensible de lo que puede significar una frontera efectivamente flexible.

 

Metodología

Para respaldar metodológicamente la investigación, nos posicionamos en un paradigma sociocrítico y dialógico cuyo propósito fue el cambio social (Güereca Torres, Blázquez Martínez y López Moreno, 2016), a fin de brindar espacios de expresión y diálogo para niñas y niños, pues consideramos que, en medio del desplazamiento forzado que experimentan, llevan consigo elementos de su identidad, así como otros que dejan detrás, lo cual impacta directamente en su conceptualización sobre el mundo y su devenir.

Durante 2022, la investigación se concibió desde una perspectiva etnográfica (Restrepo, 2016) orientada a describir y articular las prácticas y significados observados en las personas migrantes en el interior de una casa albergue de Tuxtla Gutiérrez, Chiapas; sin embargo, pronto hubimos de experimentar que «como etnógrafos y etnógrafas los aprendizajes —o las limitaciones— son tanto corporales como sensoriales y afectivas» (Luna González, 2024: 183).

Hacia 2023, ante el rápido aumento de la presencia infantil en la casa albergue, experimentamos la necesidad de reconocer e incorporar en nuestra práctica investigativa «un ejercicio corpóreo, emocional y afectivo para potenciar el método y la metodología posible» (Luna González, 2024: 173). De este modo, iniciamos el viraje hacia un acompañamiento, entendido como una narrativa que involucra el cuerpo, las emociones y las afectividades en el quehacer etnográfico:

He considerado que una de las situaciones más complicadas al momento de hacer investigación en la dimensión de la movilidad humana es aprender a situar el cuerpo, los afectos y las emociones. Al mismo tiempo, esta misma situación puede abrir oportunidades para abordar problemáticas presentes en la movilidad humana y, sobre todo, aprovechar los intercambios con las personas migrantes desde la vida cotidiana (Luna González, 2024: 187).

Desde esta idea de acompañamiento, el trabajo no se limitó a describir fenómenos sociales, sino que buscó intervenir en ellos desde una perspectiva sensible y participativa, en diálogo con los actores involucrados.

Así, la metodología adoptada fue cualitativa, de corte etnográfico-sensible, orientada a comprender los sentidos y significados construidos por las infancias en movilidad desde su propia experiencia subjetiva. Ello permitió atender las dimensiones simbólicas, emocionales y narrativas expresadas por las niñas y los niños en tránsito migratorio, albergados temporalmente en una casa de acogida en la ciudad de Tuxtla Gutiérrez, Chiapas.

Respecto al espacio de trabajo, es conocido como Casa del Migrante Jesús Esperanza en el Camino, un albergue de carácter temporal gestionado por una red civil ligada a la Pastoral de Movilidad Humana de la Fundación Cáritas. El inmueble se encuentra ubicado en una zona urbana de fácil acceso desde las principales vías de entrada a la ciudad; cuenta con una estructura sencilla y funcional, con áreas destinadas a la recepción, descanso y atención de personas en movilidad internacional.

Esta casa albergue cuenta con dos plantas y, en ambas, se distribuyen dormitorios colectivos, separados por género y condición familiar. En la planta baja se halla una cocina pequeña, un área de baños y regaderas, así como una pequeña sala de atención médica y psicológica. En la planta alta se encuentra una sala techada parcialmente, la cual sirve como espacio común para actividades recreativas, reuniones y talleres. Este último rasgo fue particularmente pertinente para el desarrollo de nuestra investigación, pues a fuerza de colaboraciones económicas y en especie, la sala se convirtió en el espacio de intervención, así como de los procesos de acompañamiento y diálogo subsecuentes.

Cabe mencionar que, a diferencia de otros espacios de resguardo, esta casa albergue opera bajo un modelo de atención integral, con apertura hacia prácticas socioeducativas, psicoemocionales y culturales, lo cual facilitó el acercamiento etnográfico-sensible propuesto durante la investigación.

Para el desarrollo de las actividades, optamos por un diseño metodológico que incluyó dos estrategias principales. Por un lado, el trabajo con grupos focales de personas adultas migrantes y, por otro, un proceso de acompañamiento a infancias migrantes mediante actividades lúdicas, narrativas y de lectura colectiva. Estas estrategias permitieron generar datos desde la interacción directa, observando cómo se construyen los discursos sobre la movilidad, la infancia y la frontera.

La muestra poblacional se eligió a conveniencia; fue de tipo intencional y se constituyó por:

  1. Diez grupos focales integrados por personas adultas en tránsito: hombres y mujeres de diversas nacionalidades de América Latina y el Caribe. Esta muestra tuvo la finalidad de rastrear los contenidos relativos a las concepciones y valoraciones sobre la presencia infantil antes y durante los procesos de movilidad narrados por personas adultas migrantes en su paso por México.
  2. Un total de 25 niñas y niños migrantes en edad preescolar y primaria, alojados en la casa albergue entre los años 2022 y 2023. Esta muestra tuvo como objetivo realizar observaciones etnográficas respecto a la implementación de actividades lúdicas para despertar su creatividad, así como dar cabida a sus emociones y representaciones sobre el papel que juegan en medio del tránsito migratorio.

Las técnicas utilizadas incluyeron la observación participante, la entrevista grupal semiestructurada (para el caso de las personas adultas) y la aplicación de talleres de lectura con cuentos ilustrados y expresión artística (para el caso de los infantes). Los instrumentos aplicados consistieron en guías de preguntas para las personas adultas, diarios de campo, registros visuales y notas de observación no estructurada, así como fichas de seguimiento de participación para los talleres con niñas y niños. Estos materiales fueron sistematizados posteriormente mediante análisis narrativo y análisis de contenido, a fin de identificar patrones discursivos, significados recurrentes y elementos afectivos presentes en las voces infantiles.

Tras el análisis de contenido emprendimos un proceso de categorización orientado a la comprensión simbólica y discursiva de las infancias en movilidad. Así, establecimos categorías emergentes a partir de los relatos, expresiones y representaciones observadas en los talleres y entrevistas, priorizando aquellos que permitieran conceptualizar a las infancias como sujetos sociales con agencia, voz y capacidad de simbolización, a saber: a) el devenir de las infancias en movilidad desde el discurso adulto y b) la subjetivación de la frontera desde el discurso infantil.

Como se verá, este diseño metodológico permitió abordar la experiencia migratoria desde una perspectiva comprensiva, relacional y situada.

 

Resultados

A partir del acompañamiento, las observaciones y el contenido emanado de las técnicas aplicadas, los hallazgos apuntan en dos direcciones:

a) Respecto a los contenidos compartidos en los grupos focales, se aprecia un discurso deóntico sobre el devenir de niñas y niños, el cual no necesariamente recupera la dimensión subjetiva de las y los infantes.

b) En lo que se refiere a los contenidos compartidos por las infancias, expresado a través de actividades lúdicas, este discurso fue, mayoritariamente, desiderativo y esperanzador.

Con ambos ejercicios emergieron significados sobre una frontera subjetivada, resultado de «las actuaciones de quienes viven en ella» (Balderrama Barbeitia, 2008: 6) y de la «apropiación de identidades en el marco de interacciones comunicativas complejas» (Ortega y Vázquez, 2022: 43), como se verá en los siguientes apartados.

 

El devenir de las infancias en movilidad desde el discurso adulto: testimonios de un olvido estructural

Según el discurso de las personas adultas migrantes, uno de los motivos por los que en el andar de los flujos migratorios se ha integrado a niñas y niños es el poco o nulo acceso a una educación de calidad en sus países de origen, pues, en el caso de los Estados centroamericanos, se reportan situaciones de escasa coordinación entre instituciones de educación básica, lo cual conlleva como consecuencia rezago formativo:

Óigame, oiga cómo está el país, como está el presidente que no permite de que los niños sean educados como debe de ser; haz de cuenta, al país le interesa que el joven ahora sea un analfabeto. Yo le digo así porque en el gobierno de Honduras, ahora, hay una ley hace dos, tres, no… ya tiene como cuatro años que puso una ley, que un niño de primaria no se puede quedar. Haz de cuenta que, si tú estás en segundo grado de primaria, mi amor, si no pasaste tu grado, no pasaste, vuelves a repetir. La idea es de que tú vayas y llegues a un tercer grado con una mente ya abierta, más o menos que tú puedas irte superando. Allá no; si no pasaste tu segundo grado, ellos igualmente, vas a un tercer grado. Yo he conocido niños que están en sexto grado que no saben leer, no saben escribir, cuando llegan al colegio, hasta ahí llegaron nada más, porque ya cuando tú entras a la secundaria, ya no permiten eso, sino que simplemente no pasaste, no pasaste. Si no lo sabes, no lo sabes, ¿qué procede? Entonces, hasta ahí llegan, a un nivel de sexto grado de primaria, ¿por qué? Porque el gobierno así lo quiere (Gerardo, Honduras, comunicación personal, junio de 2022).

Además, en el interior de los centros escolares no parece existir garantía de seguridad para las infancias:

También, te digo, mi hermano es aparte; también estudiamos en colegio privado y todo, ya pues, hasta a veces ‘wirras’ también andan con ellos, digamos ‘patojas’ que les dicen. Las chicas también, las niñas también, ya andan con forma de ellos, fuman y todo y venden en el colegio (adolescente hondureña, 14 años, comunicación personal, junio de 2022).

Paradójicamente, pese a la intención de buscar una mejor calidad de vida para las infancias, las desapariciones forzadas de familias completas en su paso por México han despertado, en el imaginario de las personas migrantes, toda suerte de suspicacias e hipótesis respecto al destino de niñas y niños:

Si hubiera un rastreador igual que un GPS de ADN humano, que usted viene, registra su ADN humano que lo tiene en todo su cuerpo, y a través de un GPS diga: ‘¿Dónde está fulana de tal?, ah sí, ella está en tal esquina, entre la uno y la ١٦’. Si eso lo descubrieran o lo llegaran a hacer, buscaran a un niño que se ha perdido, a ese niño lo hallarían en diferentes partes, tal vez de los Estados Unidos, o en otras partes del mundo. Porque ¿cuánto no cuesta un ojo?, ¿cuánto no cuesta un pulmón?, ¿un riñón, líquidos de la sangre, líquidos de la columna vertebral, líquidos del cerebro?, ¿cuánto no valen?, ¿y cuántos no tienen para pagar eso? Hay gente millonaria que sacan la sustancia de la columna vertebral de un niño para inyectárselo a ellos y ahí está que nunca envejecen, nunca les pasa nada, siempre están ahí, vivitos y coleando. Si no, busquen por ahí Rockefeller, así que todo eso es un negocio (hombre salvadoreño, comunicación personal, noviembre de 2022).

Asimismo, en las representaciones sobre el papel que niñas y niños juegan en medio de las violencias narradas por las personas adultas migrantes, se asoma la figura de los infantes como víctimas, pero que podrían haber sido victimarios si hubieran seguido habitando en su país de origen:

Quemaron a una familia, con toda su familia, solo por no subirse un francotirador a la casa de ellos. No lo dejaron trepar. O sea, que lo quemaron a toda la familia. Tremendo. Sí lo sacaron al niño bien quemadito (mujer nicaragüense, comunicación personal, junio de 2022).

Sí, haga de cuenta que ellos [las pandillas] le hablan bien a los niños de diez en adelante o siete años, los utilizan para que ellos mismos cuiden a ellos; son informantes [...] Haz de cuenta que los jefes están encerrados en las casas, pero caminan en las calles todos tatuados y no pueden ni voltear aún, no, porque buscan pleito; igual las bandas, los niños los usan para que les informen. A qué hora pasa la policía o quién viene en la esquina o de qué color viene vestido. Sí, son peores que alguien que esté preparado en investigación, ellos investigan todo, tanto, que uno no se puede venir de una ciudad a otra, porque en aquella otra ciudad donde se va a mudar son de los mismos (hombre hondureño, comunicación personal, junio de 2022).

La criminalización de la figura infantil fue recurrente en las discusiones. Se asumió que la condición mental de las niñas y niños que fungían como familiares o miembros de bandas delincuenciales era un estado permanente e irresoluble, digno de sentencia judicial:

Digamos, si tú eres mayor de edad, tú puedes pagar tu condena ¿no?, en una cárcel, pero si tú eres menor de edad, tú puedes matar a quien sea y dicen ‘es un niño’. Pero sí, mira, entonces, lo que la gente no entiende, creo, y deberíamos el mundo entero entender: si tú tienes la mentalidad para andarte drogando y para matar a otra persona, ¿por qué no te pueden juzgar como los demás? (hombre hondureño, comunicación personal, julio de 2022).

Incluso, los mecanismos para la protección de derechos humanos se consideraron inoperantes en algunos casos, pues se corría el riesgo de mantener a las infancias como delincuentes protegidos:

Las personas se aprovechan de los derechos humanos y dicen ‘no, pues mira, este es menor de edad, puede matar a quien sea, y pues al final no va a estar en la cárcel tanto tiempo, puede estar 12 meses, tal vez un año...’ y cosas así. Pero también, en otras áreas son buenos los derechos humanos, ¿por qué? Porque también sirven como protección a los niños, porque hay niños que en verdad los necesitan. Hay niños que son explotados sexualmente, hay niños que son explotados en su horario laboral. Hay mujeres que también han sido víctimas de trata. Y hay cosas buenas que tienen los derechos humanos, como cosas que no... también no son tan buenas (hombre hondureño, comunicación personal, julio de 2022).

Entonces, el devenir de las infancias en movilidad parecería estar marcado por el reclutamiento criminal y el desplazamiento forzado transfronterizo, así como por los riesgos asociados a su tránsito. Para las familias que han logrado huir de la violencia estructural que afecta a sus países de origen, las infancias son motivo de lucha, ya sea porque sus hijas o hijos los acompañan en el proceso migratorio o porque mantienen la esperanza de que se reúnan con ellos:

Nosotros, mi esposo y yo, estuvimos hablando, estuvimos en el Parque la Marimba, y ahí estaba un señor, y dice, ‘en Mexicali, en las tiendas, en fábricas, te pagan $2 000 mexicanos, semanal’, dice. Entonces, me dice, ‘¿Y si nos vamos para allá? Trabajamos, ponemos una tiendita, algo’, me dice, ‘de comida, porque buscan mucho la comida centroamericana’. Entonces, me dice, ‘si trabajamos así, ganamos un poquito y lo mandamos a los niños’. La idea de nosotros es aportar a la casa, tener dinero para mandarle a mis hijos. La idea no es querer cruzar, porque es muy peligroso, pero sí radicar en este lugar [Chiapas] (mujer guatemalteca, comunicación personal, agosto de 2022).

Como puede apreciarse, el «sueño americano» se pone en duda cuando se cruza por territorio mexicano:

No, no, no. Ese sueño americano ya se terminó. Otra cosa que se me había olvidado decirles es que, la mayoría de nicaragüenses, hondureños, y todo centroamericano, incluyendo Perú y Ecuador, están allá que le… tienen que ir a apuntar un número, con ello de la visa humanitaria. Un número que se pone ahí, cruzan el puente para adentro, nomás, ‘tú vas a ser la 36, 37, 38…’. Hasta que yo conocí una salvadoreña, que era la 561, y ya tenía dos meses, y estar en un albergue en Mexicali, Tijuana, y esos albergues de Nogales, son una cosa seria: dos baños para 5 000 personas. No se dan abasto, y aquí hay montón de niños llorando y llorando, porque también los albergues ya no están ayudando como antes allá arriba. Aquí abajo [Chiapas] es otra cosa. La cosa cambia. Está uno como más relajado (hombre guatemalteco, comunicación personal, agosto de 2022).

No, es que no es ése… nunca ha sido ése mi sueño, porque yo sé que es peligroso. Por lo que… roban a las mujeres, las violan… y yo, lo primero para mí es mi vida porque mis hijos me esperan. Entonces, la idea, nosotros, estamos solicitando ahorita documentos como refugiados para vivir acá en México, buscar un trabajo en donde podamos estabilizarnos y mandar a los niños. Pero no es Estados Unidos el sueño de nosotros porque es muy peligroso (mujer guatemalteca, comunicación personal, agosto de 2022).

Pese al sombrío panorama, durante su estancia en Chiapas las personas entrevistadas experimentaron cierto asombro, desde su percepción, porque habían conocido infantes que no habían sucumbido a las presiones de la delincuencia:

…yo siempre le pido a Dios que me ponga buenos ángeles en el camino, ángeles, angelitas y angelitos, porque hasta los niños me han ayudado. Allá arriba me encontré unos muchachos en una taquería, que venía yo con gran hambre, yo iba a dormir al hospital porque ahí no había albergue, me mandaron para allá para la iglesia católica. ‘¿Y para dónde va?’, y ya me puse a dialogar con ellos y me invitaron a comer tacos de carne asada [...] 12 de la noche me regalaron una quesadilla, yo me quedé bien asombrado. Eran dos muchachitos de 10 años, y un mayorcito, que son hermanos los tres. Se llama Alex, tiene 14 años, el papá tiene una taquería y me han tratado muy bien. Yo no me quejo de… porque dice mi madre que hasta quejarse no es pecado, pero es malo quejarse tanto. Porque Dios no lo deja a uno ¿verdad? (hombre guatemalteco, comunicación personal, agosto de 2022).

Las personas adultas migrantes por lo común tienen clara la intención de ofrecer un estado de bienestar y seguridad adecuado para las infancias. No obstante, en sus valoraciones sobre cómo deberían vivir y desarrollarse las niñas y los niños no mencionaron cómo se valoraban las expectativas y opiniones de las infancias respecto a las decisiones sobre por qué, cuándo, cómo, para qué o hacia dónde migrar.

El motivo que emergió recurrentemente sobre por qué no se preguntaba a las niñas y niños qué opinaban sobre abandonar sus hogares de origen fue: «porque son muy chiquitos para entender; cuando sean mayores lo comprenderán». Esta última presunción nos pareció un entierro simbólico del pensamiento reflexivo infantil; se trata de un silencio que, desde el punto de vista etnográfico, nos pareció grave al observar cómo en los espacios públicos y en las casas albergue para migrantes las niñas y niños aprovechaban cualquier guiño para entablar una breve plática.

En resumen, la frontera, desde el discurso adulto, se tejió como un entramado de tensiones entre Estados y sus gobiernos, entre trámites burocráticos y acuerdos clandestinos, entre rutas menos inseguras y plazos por cumplir. Los lazos o vínculos afectivos con otras personas en movilidad por lo común se evaluaron como encuentros efímeros, pero significativos en algunos casos.

La frontera, entonces, representó una suerte de barrera objetivada en leyes y mecanismos de protección que no aplicaban para todas las personas. Una objetivación en la cual las infancias formaban parte de un escenario político, solo que se les consideraba como objetos obligados a seguir el ritmo del tránsito sin que sus voces sean escuchadas.

 

La subjetivación de la frontera desde el discurso infantil: la función psíquica del cuento

Los cuentos son importantes en la vida de los niños y niñas, aunque no siempre como recursos de armonía o felicidad, pues a partir de las narraciones pueden sentir ira, odio y cualquier emoción de desagrado:

Me gustó la historia [Hay que mudarse (Paronuzzi, 2021)] porque los animales son emigrantes, como yo. Yo estoy feliz aquí, en México, pero también estoy triste, porque mi mamá quiere que nos vayamos a Estados Unidos y yo no quiero. Nos vamos mañana (Johan, niño venezolano, 5 años, diario de campo, febrero de 2023).

El lenguaje de la fantasía también puede ser una red que impacta en el cuerpo de la persona oyente. Al escuchar la historia Al principio viajábamos solas (Buitrago, 2022), donde emergen diversos personajes a lo largo de la narración, dos niños pequeños declararon emocionados:

¡Nosotros también vimos monstruos! Cuando íbamos en la selva vimos fantasmas, uno nos dio agua y sus pies flotaban (niño nicaragüense, 7 años, diario de campo, marzo de 2023).

Pasamos por el agua, por la tierra, por el lodo. Mi papá me cargó para que no me mordieran las serpientes. Nos picaron muchos mosquitos (niño nicaragüense, 5 años, diario de campo, marzo de 2023).

La fantasía permite sobrevivir en un mundo complicado; nos lleva a sentir que pueden establecerse conexiones con otras realidades o mundos distantes. Por ello, los cuentos se vuelven una herramienta útil para que los infantes elaboren conceptos o aprendan a nombrar hechos o sentimientos que no tenían presentes, incluso si estos son desagradables:

Había muchos animales en el camino, unos amigables y otros peligrosos, de los que te pueden comer y te mueren (niño salvadoreño, 5 años, diario de campo, marzo de 2023).

Éramos muchas personas y muchos niños, pero nos tuvimos que ir caminando de noche y ahora somos poquitos. De noche caminamos porque no hay sol, pero ahora somos poquitos (niña venezolana, 7 años, diario de campo, agosto de 2023).

Me rasco porque tengo comezón. Mi hermanito también tiene lo mismo. Dice mi mamá que es porque nos bañamos en el río Sabinal (niña ecuatoriana, 8 años, diario de campo, junio de 2023).

Los cuentos brindan la posibilidad de volver palabra lo subjetivo, de verse a sí mismos, de reflejarse en las narrativas:

[Del cuento Es así (Valdivia, 2011)] entendí que hay personas que se van y ya no regresan, como nosotros. Tengo muchos amigos que ya se fueron. Yo me voy a regresar a Venezuela, pero le quiero dejar una carta a mi amiga (niña venezolana, 10 años, diario de campo, abril de 2023).

Estoy triste y contento. Estoy triste porque no quiero ir a Estados Unidos, pero mi mamá sí quiere. Estoy contento porque estamos aquí en la casa del migrante y me siento feliz. Estoy triste y feliz (niño venezolano, diario de campo, abril de 2023).

Cada vez que un infante lee y relee, descubre más aspectos para comprenderse y surgen más detalles que le brindan la posibilidad de resolver conflictos. Un niño que leía de manera individual El globo (Isol, 2002) quiso dejarnos una nota al final del día:

agradecido con la casa del emigrante por abrirnos sus puertas y hacernos sentir como en casa es como si dejáramos nuestros problemas afuera y dentro todo cambia es risas compartir muy bonito gracias por tanto y el apoyo hacia nosotros los emigrantes [sic] (Dilan, niño venezolano, 10 años, testimonio escrito, mayo de 2023).

Los personajes de las narrativas permiten la identificación de problemáticas en la vida cotidiana, así como la resolución de problemas, pues las dificultades son inevitables y un rasgo de la existencia humana:

Hay cosas que no quiero hacer. No me gusta caminar mucho. No me gusta el atún. Sí, estoy enojado como los crayones [del cuento El día que los crayones renunciaron (Daywalt, 2014)], pero voy a estar contento cuando nos quedemos en un solo lugar (niño nicaragüense, 9 años, diario de campo, julio de 2023).

No me gusta bañarme porque me enfermo, pero aquí tenemos que bañarnos. Hoy no me lavó el pelo mi mamá, pero sí me bañé (niña hondureña, 5 años, diario de campo, noviembre de 2023).

Así, los cuentos pueden tener una función de sublimación y, aún en medio del tránsito migratorio, permitir el desarrollo moral de los infantes; por ejemplo, pueden contribuir a frenar malas acciones a través del reflejo de personajes justicieros:

Acá no podemos ir a la escuela. Hay un niño que nos molesta mucho, pero es porque su mamá le deja hacer todo lo que quiere y él no va a la escuela, no sabe leer. A lo mejor él es lento [como el personaje de ¡Qué niño más lento! (Serrano, 2010)] y no sabe cómo jugar con otros niños, y nos molesta a las niñas (niña venezolana, diario de campo, septiembre, 2023).

 

Discusión

La frontera subjetivada desde el discurso infantil

En el discurso de las niñas y los niños la noción de frontera guarda un sentido muy distinto al que reportaron las personas adultas migrantes. Por un lado, muestran la frontera como un continuum de movilidad, una marcha larga en la que sus cuerpos infantiles hacen pausas cortas y largas, pero solo son eso: pausas.

En el marco de ese continuum de pausas, para las niñas y los niños no hay un límite claro entre dónde termina un Estado y dónde inicia otro. Lo único certero es que sus madres, padres, tutores o acompañantes adultos tienen como destino un mítico lugar llamado Estados Unidos, país al que México no les permite llegar tan fácilmente.

Entonces, las infancias tejen la frontera como un continuum entre el lugar de partida y el mítico país ubicado al norte de México. El punto medio de esa continuidad, para muchos infantes, es el descanso entre los estados de Chiapas y Oaxaca gracias a la iniciativa privada de las casas albergue.

También, en esa subjetivación de la frontera un rasgo curioso sobre la corporalidad infantil es que la enfermedad y el dolor representan eventos esperados o lógicos durante el tránsito migratorio. Cuando las niñas o los niños aludieron a algún malestar físico, explicaron con amplitud la causa: un descuido en la alimentación, la exposición a un brusco cambio de clima o el efecto de un cansancio extremo. Nunca señalaron como culpable a una figura adulta.

Desde la narrativa infantil, el acto de migrar siempre apareció como un entramado de aventuras por lugares inhóspitos, con nuevos amigos a lo largo del camino, de nacionalidades diferentes, pero con destinos similares. Para ellos y ellas, lo doloroso del tránsito —al menos desde esta experiencia investigativa— fue la incertidumbre de no saber cuándo iniciaría su siguiente caminata o traslado, pues crear lazos de amistad o vínculos afectivos con escenarios y modos de vida nuevos imprimía un sello distinto a la experiencia adversa de haber abandonado sus lugares de origen.

Al final, las niñas y los niños en procesos de movilidad son un ejemplo de flexibilidad y adaptación reflejadas en su noción de frontera. Es esa tesis la que debería recuperarse en el discurso formal de las instituciones: la de una frontera flexible que reconozca en la movilidad transnacional un fenómeno histórico que solo transmuta, pero nunca se contiene.

 

El cuento como dispositivo para una etnografía sensible

Como señala Quecha Reyna, «para que la infancia pudiera aparecer como tema de investigación en la ciencia antropológica, la psicología tuvo una influencia importante como disciplina de apoyo» (Quecha Reyna, 2014: 219), particularmente a partir del legado freudiano, pues sobrevino la oportunidad de comprender cómo los diferentes casos de malestar individual y social «se encontraban directamente ligados a ciertos periodos en la vida de los niños y los adultos, otorgándole un peso importante al ciclo de vida (infancia y adultez)» (2014: 219).

Si bien ha prosperado la idea de que la infancia es un fenómeno construido socialmente, esta puede definirse como «una construcción sociocultural que se adjudica a una etapa de la vida del ser humano, la cual forma parte de la estructura social» (Quecha Reyna, 2014: 224). En este punto es posible reconocer en los niños y niñas una capacidad de acción, pues también son actores sociales capaces de simbolizar, es decir, de dar significado al mundo circundante:

Tomar en cuenta el papel que desempeñan los niños en la estructura social y organizativa de las poblaciones es un elemento central en la perspectiva analítica de los estudios contemporáneos sobre la infancia, lo cual permite definirla no sólo como un estado etario simplemente, sino como un proceso en la vida de los seres humanos, que está dotado de un sentido propio que permite a los niños ser sujetos sociales dentro de un contexto específico, donde existe una serie de relaciones que le otorgan un papel dentro de su sociedad de pertenencia (Quecha Reyna, 2014: 234).

En la construcción del sentido propio, la presencia de otros actores sociales implica la emergencia del lenguaje, es decir, de la subjetividad. Entonces, si nos constituimos como seres subjetivos, las interpretaciones sobre el mundo tienen gran relevancia como elementos simbólicos de lo cultural.

Partiendo de la anterior premisa, durante la investigación decidimos vincular la relevancia de lo simbólico en un dispositivo cultural significativo para las y los infantes que les permitiera dar cabida a su subjetividad, en aras de comprender sus procesos de movilidad. Dicho dispositivo resultó ser el cuento, pero desde una óptica del reconocimiento político del quehacer infantil:

En los cuentos y películas tradicionales ‘para niñxs’ (de los cuales algunas actuales no están exentas) se ubica a lxs niñxs desde un lugar de inferioridad con respecto al mundo adulto, lo malo o riesgoso suele ser del orden de lo fantasioso o irreal, y las relaciones sexo-afectivas son románticas y heterosexuales. Desde esta perspectiva se reproduce una noción de infancia asociada a la ingenuidad y la inocencia, que ubica a lxs niñxs en un lugar de pasivi dad. Así, quedan fuera de la posibilidad de ser reconocidxs como sujetxs políticxs y sexuadxs, con deseos, intereses e identidades diversas [...] parece negarse el hecho de que las infancias son heterogéneas y desiguales, que lxs niñxs viven y están atravesadxs por las problemáticas sociales y de vulnerabilidad, que lxs exponen a situaciones de riesgo reales (Branca y San Pedro, 2022: 151).

El primer paso, entonces, fue sustentar la lectura del cuento a partir de lo simbólico y heterogéneo de las infancias, pues «cuando algo reviste verdadera importancia para él [niño], tiende a investirlo de magia; y cuanto más lo haga, mayor importancia tendrá para él desde el punto de vista emocional» (Bettelheim y Zelan, 1983: 59).

El segundo paso consistió en elegir materiales que nos permitieran el abordaje mítico o mágico de la movilidad en sus contenidos; fue así como seleccionamos más de una docena de obras que, además de narrar historias sobre migración, resultaran visualmente atractivas para las infancias. Este último aspecto fue crucial, pues muchos de los resultados logrados se debieron a la calidad editorial del material: preferentemente de pasta dura, con colores vivos e ilustraciones en gran formato, fáciles de interpretar.

Una vez elegidos los textos, tuvimos que realizar un segundo viraje para integrar, en nuestro quehacer etnográfico-sensible, la relevancia de lo mítico como un rasgo orientador de la personalidad humana:

Nuestra tesis es que el aprendizaje —especialmente el de la lectura— debe dar al niño la impresión de que a través de él se abrirán nuevos mundos ante su mente y su imaginación [...] Cuando el aprendizaje de la lectura se experimenta así [bajo la forma de mitos religiosos y de otra índole], intervienen en ello no sólo las facultades cognoscitivas de la mente del niño, sino también su imaginación y sus emociones: resumiendo, todos los niveles de su personalidad. Aprender a leer, pues, atrae los aspectos más elevados y más primordiales de la mente, involucrando simultáneamente al id, al ego y al superego, o sea, a toda nuestra personalidad (Bettelheim y Zelan, 1983: 57).

Integrar esta perspectiva psicoanalítica de la lectura nos permitió explorar temas que no suelen considerarse en el encuentro con las infancias, pues resulta un desafío alejarse de la mirada adultocéntrica en medio de procesos de reflexión y aprendizaje. Por ello, en las fantasías y anécdotas compartidas mediante el cuento, fue posible reconocer que la conformación del sujeto infantil es única.

La lectura en voz alta fue, en la mayoría de los casos, la estrategia seguida para captar la atención de las niñas y los niños quienes, en un espacio como el de la casa albergue, disponen de pocos momentos para este tipo de actividades, dado que la atención que se brinda se centra en prioridades como la higiene personal, la alimentación, la limpieza de espacios comunes y el descanso.

Pese a lo limitado que pudieran parecer 20 minutos de lectura en voz alta, las interpretaciones y los comentarios colectivos nutrían las actividades a partir de la expresión oral y visual de las y los infantes, incluso de los más jóvenes.

 

Consideraciones finales

Consideramos que, desde el punto de vista metodológico, uno de los principales aportes de esta investigación ha sido la incorporación del acompañamiento como práctica investigativa, más allá de como mera recolección de datos. Esta modalidad nos implicó habitar en el espacio de intervención de manera sostenida, desde una postura empática y sensible que permitió construir vínculos de confianza con las infancias y sus familias.

A diferencia de otros enfoques, el acompañamiento se configuró como una estrategia afectiva y corporalmente situada, la cual dio lugar a procesos de enunciación espontánea, juego simbólico, expresión emocional y producción colectiva de sentido. Además, el acompañamiento nos amplió las posibilidades de comprender la subjetividad infantil desde sus propios códigos narrativos y afectivos.

En este marco, el reconocimiento de la subjetividad infantil emergió más allá del dato etnográfico, y dejó entrever contenidos clave para problematizar la noción misma de frontera, pues al observar cómo las niñas y los niños simbolizan, narran y resignifican su experiencia de movilidad —a través del cuerpo, el juego, el relato o el silencio— se visibilizó que la frontera no puede entenderse únicamente como un dispositivo geopolítico o legal, sino como un territorio vivido, emocional y narrativo, cuya configuración se enriquece desde las voces infantiles.

De ese modo, la subjetividad, lejos de ser un aspecto secundario, se nos mostró como una dimensión constitutiva del fenómeno migratorio, capaz de tensionar las categorías adultocéntricas de análisis y de abrir nuevas rutas para pensar políticas más humanas, inclusivas y complejas.

Por ello, a lo largo de este escrito hemos procurado articular una perspectiva de acompañamiento a la investigación etnográfica para, así, otorgar un valor sensible a los procesos de significación vivenciados por las infancias en procesos de movilidad. Hemos dado cuenta del reto que representa para las personas adultas migrantes considerar la voz de las infancias en sus itinerarios de movilidad; también hemos tomado en cuenta la dificultad que pueden experimentar las niñas y los niños para verbalizar pensamientos, emociones o sensaciones, conceptos que, en la mayoría de los casos, aún no forman parte de su acervo léxico o, simplemente, no tienen oportunidad de expresar.

En vista de lo anterior, incorporamos la figura del cuento como un dispositivo de acercamiento a la subjetividad infantil, el cual nos permitió explorar el psiquismo en torno a la noción de frontera que han construido las niñas y los niños a lo largo de su andar por diferentes países de América Latina y el Caribe.

Así, mostramos cómo los cuentos permiten simbolizar y representar la realidad social, cultural y no tangible, mediante conceptos morales o éticos complejos, y reflexiones ontológicas sobre la vida y la muerte. Como investigadoras —lingüista y psicóloga, respectivamente—, podemos afirmar que la vida psíquica ocurre siempre, y esa vida transcurre sin que necesariamente tengamos conciencia de en qué consiste. Por ello, al leer o escuchar cuentos nos embarcamos en la reflexión y en la fantasía, para después volver a la realidad y, si en nuestros procesos vivenciales hubiera tendencias contradictorias, estas pueden ser comprendidas a través de los personajes de la narración. Este es un ejercicio interesante porque, en la vida adulta, también nos valemos de la fantasía para lograr alivio; una suerte de sublimación.

En suma, gracias a esta experiencia de trabajo conjunto asumimos que la subjetividad infantil debería ser más relevante en los procesos investigativos, pues las niñas y los niños son capaces de configurar o reconfigurar realidades objetivas tan complejas como el fenómeno migratorio actual. Consideramos que esta investigación, además de aportar evidencia empírica sobre las experiencias de las infancias en tránsito, propone una relectura crítica e interdisciplinar de la frontera desde las narrativas infantiles. Esto representa un desafío necesario para los estudios migratorios contemporáneos: reconocer que la frontera también se construye en el plano simbólico y que, al incluir la subjetividad infantil como eje de análisis, es posible formular preguntas más profundas sobre la movilidad, el arraigo, la pertenencia y la exclusión.

 

Agradecimientos

A la Casa del Migrante Jesús Esperanza en el Camino, perteneciente a la Pastoral de la Movilidad de la Fundación Cáritas, por su valioso apoyo al permitirnos realizar actividades de intervención con población infantil en circunstancias de movilidad. A la Secretaría de Ciencia, Humanidades, Tecnología e Innovación (Secihti) y al Programa Investigadoras e Investigadores por México, por financiar el proyecto 1633 «Lengua escrita y movilidad humana: hacia una alfabetización cultural de grupos vulnerables en Chiapas», mediante el cual emprendimos las actividades aquí reportadas. Al personal docente y al estudiantado de la Especialidad en Procesos Culturales Lecto-Escritores de la Universidad Autónoma de Chiapas por su apoyo en el diseño, la implementación y la continuidad en las labores de animación y promoción de la lectura.

 

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Cómo citar este artículo:

Ortega Rodríguez, Emma HIlda, y Gutiérrez Aceves, Patricia Esmeralda. (2025), La frontera subjetivada: el discurso de las infancias en procesos de movilidad. Revista Pueblos y Fronteras Digital, 20, pp. 1-25, doi: https://doi.org/10.22201/cimsur.18704115e.2025.v20.782