Buscando la buena ventura. Economías propias en comunidades negras de Buenaventura (Valle del Cauca, Colombia). El caso de la Planta de Transformación Comunitaria de AMUCIB (1980-2024)
In Search of a Good Venture. Own Economies in Black Communities of Buenaventura (Valle del Cauca, Colombia): Community Plant for Social Transformation by AMUCIB (1980-2024)
RESUMEN:El artículo tiene como objetivo reflexionar sobre la construcción de conocimiento colaborativo entre la Universidad Externado de Colombia y la Asociación de Mujeres Negras, Indígenas y Campesinas de Buenaventura (AMUCIB), en relación con las tensiones y encuentros que emergen en el marco de un proceso político-organizativo que apuesta por el fortalecimiento de las economías propias a partir de la inmersión en una economía de mercado con productos sembrados en el territorio, transformados y comercializados por la colectividad que conforma la asociación. Se parte de una mirada transdisciplinar de la investigación social, comprendiendo el conocimiento/sapiencia como un proceso dinámico y abierto en el que las metodologías colaborativas cobran una gran fuerza.
PALABRAS CLAVE: investigación participativa transdisciplinar, fortalecimiento organizativo, economía colectiva, organizaciones sociales, mujeres negras.
ABSTRACT: The article aims to reflect on the construction of collaborative knowledge between Universidad Externado de Colombia and the Association of Black, Indigenous, and Peasant Women of Buenaventura (AMUCIB, its Spanish acronym), focusing on the tensions and encounters that emerge within a political and organizational process aimed at strengthening local economies. This is pursued through engagement with a market economy, using products that are cultivated in the territory, processed, and marketed by the collective that forms the association. The approach is rooted in a transdisciplinary perspective of social research, understanding knowledge and wisdom as a dynamic and open process in which collaborative methodologies play a central role.
KEY WORDS: transdisciplinary participatory research, organizational strengthening, collective economy, social organizations, black women.
Introducción
Buenaventura es uno de los territorios más ricos en recursos y, a su vez, con mayores niveles de desigualdad de Colombia. Es un municipio principalmente rural y en su mayoría habitado por grupos étnicos, que ejercen la autoridad en sus territorios con el respaldado del aparato normativo y jurídico del país. En el Distrito Especial, Industrial, Portuario, Biodiverso y Ecoturístico de Buenaventura es donde se encuentran los terminales portuarios más importantes de Colombia; según el Plan de Desarrollo Territorial de Buenaventura, en 2024 el distrito contaba con un estimado de 324 ٠٠٠ habitantes, la mayoría residentes en las zonas urbanas (Concejo Distrital de Buenaventura, 2024) (véase Mapa 1).
Mapa 1. Ubicación geográfica del municipio de Buenaventura, Valle del Cauca

Fuente: elaborado por José Javier Rodríguez del Castillo en el Laboratorio Interdisciplinar de Análisis Espacial (LINAE) de la Universidad Externado de Colombia (UEC), con base en información del Departamento Administrativo Nacional de Estadística (DANE) y del Instituto Geográfico Agustín Codazzi (IGAC).
Ubicado en la región del Pacífico Biogeográfico, el distrito hace parte del departamento del Valle del Cauca, cuya capital, Santiago de Cali, es la tercera ciudad en importancia del país. Desde la promulgación de la Ley 70 de 1993, en la región se han constituido gran parte de los Territorios Colectivos de Comunidades Negras, organizados en consejos comunitarios, y cuenta con la presencia de comunidades indígenas organizadas y resguardos constituidos de los pueblos emberá, wounaan, tule o kuna, totoroe, nasa, guanaca, kokonuko, misak, yanakuna, eperara siadipara, pastos y awá.
En cuanto a las comunidades negras del Pacífico, se puede afirmar que, históricamente, han desarrollado procesos orientados a la construcción de sistemas de vida autónomos que se remontan a su llegada al continente en condiciones de secuestro y esclavización. La territorialización y las estrategias de supervivencia han sido centrales en la configuración de sus comunidades (Aprile-Gniset, 1993; Escobar, 1998; Restrepo, 2013); sin embargo, en ellas la tensión entre insertarse en un sistema ajeno y conservar formas ancestrales de vida sigue siendo un problema medular.
En este artículo se reflexiona y sintetiza un proceso de investigación colaborativa entre un grupo de investigadoras de la Universidad Externado de Colombia (UEC) y la Asociación de Mujeres Campesinas Negras e Indígenas de Buenaventura (AMUCIB). Desde la asociación se apuesta por el desarrollo de una planta de transformación de alimentos que permita generar condiciones para la pervivencia y la generación de ingresos, especialmente para las mujeres, las madres de familia y las juventudes del territorio.
La problemática de investigación gira en torno a la tensión entre el desarrollo de economías para el mercado y la sostenibilidad de las comunidades negras con sus sistemas de vida propios y en autonomía, en contextos de violencia estructural y conflictos territoriales reciclados. El reto desde el primer momento fue hacer de los diálogos transdisciplinares el eje de todo el proceso investigativo.
El objetivo general del estudio consistió en diseñar una estrategia de operación y seguimiento del prototipo de la planta de transformación comunitaria de chips de papachina y cocadas asadas liderada por la AMUCIB, orientada a fortalecer las economías propias desde una mirada sociotécnica y transdisciplinar con perspectiva territorial.
Para la propuesta de investigación, nos apoyamos, por un lado, en la conceptualización que esta asociación había desarrollado y sistematizado en torno a las economías propias, entendidas como los procesos colectivos que emergen en la red de comadres y compadres para el sostenimiento de la vida. Así lo planteó Gloria Arboleda, una de las fundadoras de la asociación:
Economías propias, no simplemente como una forma de generar ingreso, sino darle circularidad a eso que estamos haciendo y como ejercicio de prolongar el uso, prolongar la vida de cada una de las cosas que utilizamos dentro de nuestros territorios (Gloria Arboleda, comunicación personal, 2014).
La noción de economía propia es una categoría que, de acuerdo con la AMUCIB, se encuentra vinculada a la reconstrucción de conocimientos ancestrales, entra en diálogo con la memoria, y se entiende desde una perspectiva transdisciplinar, según la cual se reconoce que «no es un archivo estático», sino un fenómeno auto-eco-organizado (Varela, 1996; Morin, 2010).
Siguiendo a la AMUCIB, entendemos el comadreo1 como una forma de construcción de conocimiento y una práctica de vida que referencia el encuentro no parametrado entre compadres y comadres, en donde se generan vínculos para la vida y se construyen sentidos comunes de soporte mutuo, como la compañía y la hermandad (AMUCIB, s.f.).2
Por otro lado, retomamos los trabajos previos de investigación realizados en el Centro de Investigación en Dinámica Social (CIDS) de la UEC sobre la situación nutricional y alimentaria de los pueblos indígenas de Colombia. Esta instancia propuso la categoría de tejidos alimentarios (Zamudio et al., en ICBF y UEC, 2014), como sistemas complejos y abiertos en los que interactúan procesos ecosistémicos con procesos histórico-sociales, los cuales contienen sistemas de conocimiento particulares de los pueblos sobre los ciclos de vida de los lugares donde habitan.
Con base en los puntos de encuentro identificados en los sistemas de conocimiento de las ciencias sociales y los de la organización social de AMUCIB, se plantearon tres ejes para la construcción del diagnóstico sociotécnico: 1) proceso organizativo comunitario, 2) economías propias y 3) tensión entre tecnificación y saberes ancestrales. Estos puntos orientaron la definición de las técnicas e instrumentos de investigación para este estudio.
También se diseñaron e implementaron conjuntamente: una encuesta de caracterización de los grupos familiares de las mujeres asociadas en AMUCIB;3 un diagnóstico técnico-productivo del proceso de transformación de papachina a la luz de los estándares del mercado y la normatividad nacional vigente; y talleres sobre cartografía social y redes de actores en los territorios de Bajo Calima, Palmeras, Zacarías, Villa Estela y Buenaventura urbana, así como sobre la reconstrucción histórica del proceso organizativo de AMUCIB y su desarrollo en el tiempo.
El ejercicio de construcción de la cartografía social generó importantes encuentros y hallazgos relacionados con los conocimientos científicos y la sapiencia de las comunidades negras.4 Se inició con la construcción de mapas mediante el software ArcGIS a partir de capas sencillas de ubicación del territorio —Buenaventura urbana, rural, consejos comunitarios, veredas y corregimientos—.5
Estos mapas se imprimieron y fueron puestos a disposición para el trabajo de campo, que se desarrolló en dos etapas: la primera, en noviembre de 2023 en las instalaciones del Centro Educativo Bahía de Buenaventura, donde se desarrolló un ejercicio piloto de cartografía social con integrantes del Semillero de Juventud de AMUCIB —quienes, a su vez, eran auxiliares de investigación en el marco del proyecto— y las comadres Gloria Amparo Arboleda y Lucy Sánchez Cuero. En esa oportunidad se levantaron mapas a mano alzada y mapas de identificación de los circuitos de producción de la asociación, así como de las redes de apoyo existentes en el territorio.
En una segunda etapa, desarrollada en el primer semestre de 2024, se llevó a cabo un taller de cartografía social con asociadas y asociados en el Centro de Salud del Corregimiento de Villa Estela, del Consejo Comunitario del Bajo Calima (Buenaventura), en el que se organizaron tres grupos de trabajo para intervenir los mapas de acuerdo con los circuitos productivos de la siguiente manera: 1) viche, caña panelera y miel, 2) papachina, productos asociados y pancoger, y 3) plantas medicinales y azoteas. Este trabajo se sistematizó en una nueva cartografía (véase Mapa 2).
También se realizaron entrevistas a profundidad con lideresas y líderes del territorio y se llevó a cabo una búsqueda de información bibliográfica focalizada en la región, incluyendo la indagación, organización y síntesis de trabajos de grado de los programas de Sociología y Agronomía de la Universidad del Pacífico.6
El proceso final de sistematización y análisis de la información recolectada se realizó mediante la construcción de escenarios futuros para la gestión de la planta de transformación comunitaria de AMUCIB, con el propósito de identificar limitaciones estructurales, así como elementos emergentes de alta potencialidad. En el proceso ayudó la agencia que teníamos tanto los y las investigadoras desde la institución universitaria, como las integrantes de la asociación y su Semillero de Juventud.
Mapa 2. Sistematización de la cartografía social desarrollada en relación con la producción de papachina

Fuente: elaborado por José Javier Rodríguez del Castillo en el Laboratorio Interdisciplinar de Análisis Espacial (LINAE) de la Universidad Externado de Colombia (UEC), con base en información del Departamento Administrativo Nacional de Estadística (DANE) y del Instituto Geográfico Agustín Codazzi (IGAC).
El proceso final de sistematización y análisis de la información recolectada se realizó mediante la construcción de escenarios futuros para la gestión de la planta de transformación comunitaria de AMUCIB, con el propósito de identificar limitaciones estructurales, así como elementos emergentes de alta potencialidad. En el proceso ayudó la agencia que teníamos tanto los y las investigadoras desde la institución universitaria, como las integrantes de la asociación y su Semillero de Juventud.
Las técnicas y procesos antes descritos se complementaron con formas no parametrizadas de diálogo que emergieron en la cotidianidad de la convivencia. Esto posibilitó intercambios más genuinos y menos mediados por relaciones de distancia y desigualdad que históricamente nos han condicionado, aunque no siempre fue posible eliminarlas. El reconocimiento de las brechas que imponen los roles de la investigación, entre investigadores y comunidad, debe ser un ejercicio permanente en toda investigación de apuesta transdisciplinar.
En este artículo argumentamos que la tensión entre las economías propias y el modelo de mercado capitalista en crisis no se trata solo de una disputa económica, sino que refleja una contradicción más profunda entre sistemas de pensamiento o lógicas de vida. Se trata de una oposición-complementaria, en palabras de Morin (2010). Por un lado, el sistema-mundo capitalista opera bajo lógicas de control, burocratización y acumulación de riqueza, sostenidas tanto por el sistema interestatal, como por el capital global —legal e ilegal—. Estas lógicas privilegian la eficiencia, la competitividad, la acumulación y la expansión del mercado como dinámicas de organización del trabajo y, con esto, de la vida económica y social. Por otro lado, las economías propias —enraizadas en lógicas colectivistas y de abundancia— han permanecido en los márgenes, en una relación de mayor o menor coexistencia y resistencia frente al modelo hegemónico de acumulación. La coexistencia en oposición complementaria de estos procesos no significa equilibrio, sino un proceso dinámico de tensiones y adaptaciones mutuas. Mientras la economía de mercado capitalista incorpora, regula y transforma prácticas comunitarias para hacerlas funcionales, las economías propias también deben negociar con estructuras estatales y lógicas de mercado para garantizar su continuidad. En este escrito se desarrollarán las maneras en que esta tensión se ha manifestado en el ámbito territorial de AMUCIB durante el periodo comprendido entre 1980-2024.
Discusión epistemológica y propuesta conceptual
La transdisciplinariedad ofrece un marco de sentido pertinente para el enfoque que quisimos darle a este proceso investigativo porque invita a superar dicotomías propias del pensamiento disciplinar clásico. Una dicotomía central es la separación entre sujeto y objeto en los procesos de construcción de conocimiento. Para este proyecto, el punto de partida lo situaron las y los miembros de AMUCIB quienes, como conocedores vivenciales de su contexto, definieron la necesidad de consolidar las economías enraizadas en las comunidades, los territorios y los conocimientos propios; además, optaron por incorporarse al proceso de tecnificación para el mercado, como una apuesta dirigida a incidir en las estructuras del mercado bajo unas lógicas más cercanas a las comunidades, sin descuidar la calidad y rigurosidad de los procesos. Un importante antecedente es la experiencia de la Ley del Viche o Ley 2158, de 2021, según la cual el Instituto Nacional de Vigilancia de Medicamentos y Alimentos de Colombia (INVIMA) debe generar y reglamentar mecanismos para reconocer las formas propias de trabajo y transformación de las comunidades, en este caso, específicamente, de las comunidades negras del Pacífico colombiano.
El riesgo de poner en diálogo los saberes de la academia y los saberes disciplinares radicaba en la posibilidad de que persistiera la brecha entre lo que tiene lugar en un territorio local como Buenaventura y lo que sucede en una institución de educación superior del centro del país. La clave del entrelazamiento entre ambos lugares y modos de pensamiento consistió en incluir como pista metodológica la perspectiva de crisis civilizatoria. Bajo esta óptica, los conflictos territoriales de Buenaventura pueden mostrar relaciones con los conflictos en las estructuras del conocimiento y con la crisis institucional contemporánea de las universidades.
Hablar de crisis global, de crisis civilizatoria, de crisis estructural o de la convergencia de múltiples crisis para referirnos al contexto actual implica abordar el problema de las economías propias desde una mirada compleja, contextualizada y articuladora de diversas espacio-temporalidades.7 De entrada, deberíamos aclarar que las economías propias no pueden entenderse como algo «nuevo». Desde los orígenes del sistema-mundo moderno capitalista se ha presentado una tensión entre categorías como economía popular, economía informal, economía social, economía solidaria o economías circulares (para nombrar solo algunas), respecto de la economía capitalista. Lo «nuevo» tiene que ver con las características de dicha relación y con la naturaleza de la crisis que atravesamos en el momento actual como sociedad: no se trata solo de una crisis de la economía —pues la crisis forma parte integral de la lógica de funcionamiento del modo de producción capitalista (Kondratiev, 1946)—, sino de la presencia simultánea de una multitud de crisis superpuestas en varios aspectos del sistema, en espacios y temporalidades diversas. En palabras de Laó-Montes:
Cuando hablamos de crisis nos referimos a una situación insostenible, que requiere cambios sustantivos, y nuestro argumento es que no es solo la economía y la política sino también las lógicas culturales, éticas, epistémicas y ecológicas del sistema mundo moderno/colonial capitalista se encuentran en esta condición (Laó-Montes, 2011: 142).
Desde la perspectiva de las estructuras del conocimiento, la crisis puede considerarse paradigmática porque se encuentra también en el cientificismo y en la puesta en cuestión de aspectos como la lógica disciplinar, la reducción de la complejidad de la realidad para su aprehensión, la sumatoria de las partes, los descartes, etc. Esta forma de construir conocimiento no se reduce al ámbito académico, sino que es parte de un paradigma que encarna todas las formas de vida de la sociedad global y que, como modalidad de pensamiento, ha demostrado ser insuficiente para entender los problemas contemporáneos, que se caracterizan por sus altos niveles de complejidad e incertidumbre.
Al respecto, Lanz plantea lo siguiente:
La médula de una agenda alternativa en este terreno está condensada en la idea-fuerza de construir otro modo de pensar (no solo otro pensamiento). Ello quiere decir que el núcleo duro de la crítica epistemológica se dirige precisamente al desmantelamiento del paradigma de la simplicidad, al develamiento de los sistemas de representación que garantizan la incesante reproducción de la racionalidad dominante (Lanz, 2010: 12).
La transdisciplina, como plantea Nicolescu (2013), se ubica entre las disciplinas, a través de las disciplinas y más allá de las disciplinas. Entonces, un camino investigativo desde esta perspectiva conlleva incluir marcos de sentido que no se encuentran en la base de las disciplinas y no son parte de su desarrollo. En este punto retomamos los planteamientos de Zamudio (2000), quien desarrolla una intensa discusión en torno al método y propone cuatro grandes dicotomías que están en la base del pensamiento disciplinar:
La presente investigación se sitúa principalmente en la última de estas cuatro dicotomías: en la frontera entre la ciencia y otros tipos de conocimiento. En este sentido, la apuesta por la investigación colaborativa-formativa se enmarca en una lectura sobre la convergencia de las crisis y el posicionamiento de la ciencia frente a ello. Bajo esta lógica, resulta evidente que se deben incorporar otras formas y sistemas de conocimiento que han sido históricamente excluidos.
Esto implica, en los términos prácticos de esta investigación, que los «actores» del territorio participen como «autores» de la investigación desde el momento en que se formula el problema. El diálogo entre los métodos de la ciencia y los de los pueblos se produce cuando se escucha y se reconoce lo que se plantea.8 Hoy hablamos de las afectaciones del cambio climático y de soluciones basadas en la naturaleza; de economía circular, popular, solidaria, ancestral o de otros tipos; de la necesidad de nuevos modos de producir y reproducir la vida. Sin embargo, en el marco de estos análisis es necesario introducir en la discusión procesos intensos que entretejen vínculos, que son alicientes para sanar traumas colectivos, que son a su vez actos compasivos frente a la diferencia y que reflejan el profundo poder de las economías propias como base de la otredad; una otredad que en estos casos no se relega, sino que empieza a incorporarse a las dinámicas comerciales, como ocurre en el caso de la calidad del proceso productivo de los chips de papachina de AMUCIB.
Para las familias que conforman AMUCIB, la inclusión de partida de todos estos conceptos implica un ejercicio de vida que refleja la relación directa de las personas con la naturaleza. En este marco, investigaciones como la presente —con enfoque colaborativo-formativo— permiten reconocer las metodologías de la academia en relación horizontal con las metodologías de las comunidades. En otras palabras, implican un acercamiento entre el conocimiento científico y la sapiencia de los pueblos9 y permiten reconocer que el camino de encuentro —de juntar lo disjunto— entre la ciencia y otros sistemas de conocimiento es diáfano, certero y posible.
Este fue el caso de la realización de rituales que se desarrollaron en diversos escenarios. En estos actos, las agendas no solo se construían con una visión dirigida a extraer información de la población, sino que se trataba de procesos genuinos, de apuestas por la cocreación y el coaprendizaje, donde se ponían en diálogo las metodologías de las comunidades con las metodologías de las ciencias sociales.
Este reconocimiento mutuo como pares repercutió en los diseños operativos de la investigación e implicó procesos formativos de doble vía, donde se reconocía al otro como portador de saberes específicos en una relación de horizontalidad. Se abogó por una investigación que integrara aquello que, desde el paradigma disciplinar, se consideraba desconectado y separado.
Esta invitación como supuesto metodológico implica varios elementos:
A partir de lo anterior, se estableció un primer nivel de investigación de orden interdisciplinar que planteaba como reto poner en diálogo los conocimientos de la ingeniería sobre procesos productivos de transformación de alimentos desde perspectivas locales de pequeña y mediana empresa —empresa colectiva, cadena productiva autogestionada y autosostenida por sus integrantes—, con los conocimientos disciplinares de las ciencias sociales sobre las economías campesinas, la economía social o las economías populares. En un segundo nivel transdisciplinar, estos desarrollos y conocimientos entran a dialogar con los marcos de sentido de los sujetos de estas economías.10
El sello de esta propuesta metodológica puede articular —sin omitir los conflictos, sino enunciándolos— las diversas perspectivas sobre el problema de la tecnificación para identificar campos de profundización, espacios de trabajo y consideraciones importantes para la incidencia en políticas públicas sobre puntos como las economías propias, la justicia económica y la construcción de paz.
Bajo este marco de sentido se definieron los grandes ejes o categorías de comprensión que orientaron la investigación y que explicitamos a continuación.
Economías propias: para AMUCIB, este término presenta un significado abierto y dinámico que se transforma en relación con el contexto; su significado no es cerrado, sino que está abierto a entrar en relación con las diferentes dimensiones de la vida, por lo que es una categoría compleja. En este eje cobra importancia el concepto de autonomía alimentaria, que se relaciona directamente con los procesos de fortalecimiento organizativo, además de con la profundización de nuevas nociones sobre la riqueza extendida y la abundancia como posibilidades de nuevos/viejos modos de producción y reproducción de la vida.
De este modo, abordar las economías propias en el marco de la investigación implicó la construcción de técnicas para la elaboración de significados comunes en torno a cinco dimensiones: 1) los procesos, estructuras y relaciones de producción y organización del trabajo —flujos entre lo propio y la economía de mercado—, 2) la autonomía alimentaria, energética y tecnológica, 3) el bienestar colectivo y los potenciales sociales de los procesos productivos, 4) la transmisión de conocimientos en las relaciones entre generaciones, y 5) las condiciones ecosistémicas: la interacción con el Estado, con el mercado y con los marcos institucionales para el desarrollo de las economías propias.
Proceso y tejido organizativo comunitario: aunque establecido como un eje aparte, mantiene una evidente articulación con el eje de economías propias. En general, busca captar las transformaciones del proceso organizativo de AMUCIB mediante respuestas a preguntas como cuáles han sido los procesos auto-eco-organizativos y las condiciones de contexto que han permitido o constreñido las posibilidades de reproducción de la vida mediante prácticas y saberes comunitarios, propios y ancestrales.
En este eje, las dimensiones definidas fueron: 1) el origen, la historia, el sentido y la proyección de la organización en clave de autonomía, 2) el ecosistema de incidencia y las redes de AMUCIB —alianzas, comadrazgos, asociaciones—, 3) su estructura organizativa —formal y propia—, 4) las relaciones intergeneracionales e intergénero —una de las líneas transversales del proceso organizativo de la asociación—, 5) los procesos de transmisión y construcción de nuevo conocimiento intergeneracionales, y 6) la tensión entre ancestralidad y tecnificación en cuanto al proceso de la planta de transformación, que está determinada/limitada por los marcos normativos e institucionales que regulan el mercado, pero que debe diseñarse como un espacio que permita el fortalecimiento de lo organizativo propio.
Por ejemplo, en el marco de esta investigación, durante la realización del diagnóstico técnico de la planta de transformación de AMUCIB, el ingeniero que lideró el proceso puso énfasis en algunos elementos que se contraponían con las formas tradicionales en las que venía trabajando la asociación, así como con las lógicas propias de organización del trabajo. En la asociación, reconocemos que existen dinámicas, procedimientos y pasos que marcan la normativa vigente del INVIMA, los cuales determinan y encauzan las maneras en que se deben desarrollar los procesos de producción de alimentos. No obstante, acatar dichos procedimientos generalmente va en detrimento de situaciones tan sencillas, pero fundamentales, como ¡escuchar música o cantar! Asimismo, entran en tensión elementos profundos como la validación de las lógicas relacionadas con la energía de las personas, las cuales influyen en el proceso de la producción y su calidad.
Tecnología y saberes: este eje se entiende, desde un enfoque biocultural, como la interrelación entre los seres humanos, la naturaleza, la espiritualidad, las cosmovisiones y el quehacer, desde una perspectiva de pasado, presente y futuro. Bajo esta lógica, la autonomía incluye una dimensión tecnológica que se sustenta en los conocimientos propios de las comunidades y su relación con el ecosistema. Además, este eje incluye la tensión entre tecnificación y ancestralidad; esto es, que los procesos de tecnificación no impliquen una pérdida de los valores, las lógicas y los sentidos de las comunidades negras.
Se identificaron las siguientes dimensiones dentro de este eje: 1) tejidos alimentarios: implica articular la mirada sociotécnica a partir del reconocimiento de las potencialidades sociales, culturales y espirituales de la transformación de alimentos; 2) organización productiva y del trabajo en torno a los dos productos priorizados por AMUCIB, que implica, además, reconocer todas las dimensiones físicas de la producción —los costos no solo monetarios, sino ambientales, energéticos, etc.—; 3) bienestar colectivo como una dimensión central para la proyección de la planta no solo como un espacio para la producción de alimentos mediante su tecnificación, sino para fortalecer las dinámicas propias de crear bienestar colectivo a partir de prácticas como el comadreo, la transmisión de conocimientos, la construcción de redes de comadrazgo y compadrazgo, entre otras; y 4) prácticas, dinámicas y conocimientos de las economías propias, como todo aquello que escapa de la lógica de extracción y que configura la producción como un valor colectivo y comunitario.
«Pa’mirá pa’lante, primero vé atrás»: el Pacífico como lugar,
Buenaventura como centro y los saberes ancestrales como apuesta de futuro11
La actual configuración territorial del Pacífico colombiano tiene su origen en el escenario que comenzó a tomar forma a partir del interés de la Corona española por la extracción de minerales. Puede afirmarse que desde el siglo XVI el sistema económico estuvo sustentado en una lógica de separación y jerarquización con base en la intersección entre raza y clase.12
A mediados de ese siglo se consolidó el sistema de cuadrillas, una forma de organización que se impuso para la extracción minera. Cada subsistema implementado en el marco de la explotación minera y la represión mostraba peculiaridades propias de cualquier sistema social; es decir, en todos los casos emergieron relaciones sociales específicas de parentesco, organización, actividades culturales, etc. En este sentido, paralelamente a la consolidación de la economía extractivista se autoorganizaron los sistemas propios de vida de los colectivos sociales. Este fue uno de los orígenes de las economías propias, manifestadas en prácticas cotidianas, dinámicas y conocimientos para el sostenimiento de la vida y para resistir las condiciones de sometimiento y violencia. Estas configuraciones fueron fundamentales para los procesos posteriores de liberación de la esclavitud, en los que no vamos a profundizar ahora, pero que se encuentran en el corazón de los procesos de construcción de autonomía territorial contemporáneos. En este marco, numerosos autores, como Izard, han caído en la cuenta de esta realidad histórica y afirman que la diáspora africana puede entenderse bajo la delimitación de tres momentos: el traslado forzoso a América de millones de africanos entre 1500 y 1850, la conformación de culturas afroamericanas a partir de la combinación con culturas europeas e indígenas y la emergencia de identidades culturales basadas en el origen africano (Izard, 2005: 92).
Estos tres momentos se inscriben en el marco de la oposición complementaria entre la consolidación y el desarrollo de un modelo económico extractivo y de comercio global, por un lado, y la emergencia de sistemas de vida de comunidades en red orientados a la pervivencia familiar colectiva, por otro. En este punto traemos a colación la propuesta teórica de Laó-Montes (2020: 40), quien plantea la necesidad de comprender los procesos de desarrollo dialéctico entre la modernidad alterna y la modernidad occidental, en un contexto en el que no hubiera sido posible el desarrollo del sistema-mundo moderno colonial capitalista sin la esclavización moderna o, para decirlo en palabras de la Comisión de la Verdad (2022), «el proceso de secuestro masivo de gentes africanas como empresa transnacional».
Abordar entonces la configuración del Pacífico más allá de la mirada de la esclavización permite examinar cómo las comunidades negras desarrollaron estrategias para permanecer en el territorio y confrontar unas estructuras de poder colonial que las ponían en el eslabón más bajo de la cadena de producción social.
Para ello acudimos al profesor Arturo Escobar, específicamente a su texto Territorios de diferencia (2014: 45), donde presenta una propuesta conceptual para abordar la región del Pacífico. Este autor destaca la importancia de observar las similitudes y diferencias que se podrían atisbar en una región como esta en dos décadas, la de 1930 y la actual. Citando al político liberal guapireño Sofonías Yacup, Escobar pone de relieve la importancia central que ha tenido el Pacífico como una zona «indómita» e inaccesible para el poder colonial. Escobar (2014) relaciona esta descripción con la realidad contemporánea del Pacífico y entreteje los contextos en los que la región empezó a ser determinante como eje del desarrollo capitalista hacia la década de 1980, medio siglo después de las palabras del Dr. Sofonías Yacup, quien describió la región bajo la misma lógica, como un lugar inhóspito e indomable durante la Colonia, que ocultaba la riqueza y complejidad de los sistemas de vida generados en el entrelazamiento —nunca exento de conflictos— entre las poblaciones negras, indígenas y europeas que aprovechaban la abundancia ecológica de la región.
Tras largas décadas, el Pacífico colombiano comenzó a ser parte del proyecto del capital de una manera cada vez más influyente. Con una tradición de poblamiento que se remontaba a la conformación de palenques desde el Chocó hasta Tumaco, en las comunidades negras se desarrollaron diversas formas alternativas al capitalismo y, como las especies «endémicas» de flora y fauna, las relaciones de producción social de las comunidades se fueron desarrollando de acuerdo con dinámicas culturales y de asentamiento, con base en una rica mezcla de culturas, comunidades, etnias, saberes, conocimientos, sentidos y lógicas, que tenían un punto de origen en común: la diáspora africana y el asentamiento en territorios indómitos y desconocidos, pero a su vez abundantes y ecodiversos.
Respecto a Buenaventura, la posición geoestratégica del puerto, la riqueza de su biodiversidad, la persistencia de condiciones de pobreza generalizada y la falta de acceso a recursos básicos como agua potable, energía eléctrica o salud, permitieron que el ingreso del trinomio capital-estado-tecnociencia tuviera consecuencias directas en contra de los proyectos de las comunidades y sus sistemas de vida. Hay que tener en cuenta que, si bien no se identificó en la región del Pacífico una visión de desarrollo integrada hasta los años ochenta, la región estaba lejos de ser un territorio aislado de la economía global. El puerto de Buenaventura, aunque con un acceso limitado al centro del país, fue estratégico para la consolidación de una economía basada en la exportación de materias primas y operó dependiente del transporte fluvial por el río Cauca hasta 1915, cuando se construyó el Ferrocarril del Pacífico, un proceso que había iniciado en 1878. Sin embargo, aunque es innegable la importancia del puerto para la consolidación de la economía nacional, el modelo en todo momento privilegió el comercio global sobre el bienestar de la población local, que crecía aceleradamente, alentada por la expectativa generada en torno al desarrollo del puerto.
Con el avance del desarrollo de forma sistemática entre las décadas de 1980 y 1990, en el territorio emergieron varios procesos. Por un lado, la organización y el ordenamiento del espacio comenzaron a modificarse por los proyectos de infraestructura, mientras que la aparición de agentes externos —empresas, funcionarios del Estado, grupos armados al margen de la ley y paulatinamente la llegada de las fuerzas armadas— modificó las dinámicas de la región de manera acelerada.
En Colombia, solo hasta 1991 se comenzó a reconocer a las personas negras sus derechos políticos y territoriales, y a partir de entonces la institucionalidad comenzó a considerarlas como sujetos políticos. Sin embargo, contaban con formas propias de existencia, como hemos mencionado, desde varios siglos atrás, mucho antes de su reconocimiento formal por parte del Estado. La doble naturaleza de lo acontecido en esa época —la llegada del modelo del desarrollo al Pacífico y el reconocimiento de derechos políticos— encarna una de las tensiones que, desde la perspectiva de Zamudio (2000), constituyen la confluencia de múltiples crisis: la tensión entre «la representación social de la democracia como modelo deseable y la estructural desigualdad multidimensional» que, de entrada, imposibilita la condición de igualdad, base del discurso democrático moderno.
Nuevamente nos encontramos frente a una dualidad dialéctica: por un lado, la contradicción entre la racionalidad formal expuesta en la Constitución de 1991 —estado social de derecho— y, por otro lado, la racionalidad material que viven las comunidades —apertura económica e inserción en la economía de mercado—. Aunque en la Constitución de 1991 se reconoce que Colombia es un país multiétnico y pluricultural, la reglamentación y puesta en marcha de la garantía de derechos para los grupos étnicos todavía es una deuda del Estado-nación tal y como lo conocemos.
La crisis de la democracia moderna que aquí se plantea se ha manifestado en el territorio colombiano de maneras específicas, lo que permitió la configuración de un conflicto interno que se ha extendido por más de 70 años. La expresión de dicho conflicto en el Pacífico en general, y en Buenaventura en particular, es un factor que debe incorporarse al análisis.
Conflicto armado en el Pacífico y violencia urbana en Buenaventura (1980-2024)
La consolidación de condiciones objetivas para la generación de capital nunca ha estado exenta de procesos de contradicción, de conflicto y de violencia social. En su obra más conocida, El capital: crítica de la economía política, en concreto en el capítulo «La llamada acumulación originaria», Karl Marx (1981[1867]) intenta explicar con detalle cuáles son y cómo se dan los procesos sociales que permiten las condiciones iniciales para la acumulación y la extracción de renta.
Pues bien, para comprender el territorio que nos interesa es necesario proyectar una mirada de larga duración que permita identificar cómo se modificó históricamente la estructura productiva de la región. Proponemos para la investigación una articulación entre autores de las ciencias sociales como Jacques Aprile-Gniset (1993, 2002, 2004), Gilma Mosquera (2004), Irene Vélez (2013, 2018) y Arturo Escobar (1998, 2014), en diálogo con la experiencia investigativa en curso entre la Universidad Externado y AMUCIB.
Por un lado, la investigación de Aprile-Gniset (2004) ofrece una mirada de larga duración sobre los asentamientos y el proceso de poblamiento de la región del Pacífico. Este autor propone la categoría de formación socioespacial para describir dicho proceso y se anima a establecer los siguientes periodos: a) aborigen, b) esclavista y minero, y c) de colonización agraria. Rescatamos de esta propuesta su enfoque de larga duración, que permite pensar a los pobladores de este territorio más allá de los procesos de colonización y esclavismo, como participantes en un fenómeno de poblamiento que presenta dinámicas propias y formas de subsistencia particulares que merecen ser puestas en diálogo con el conocimiento científico.
Desde esta perspectiva, recogemos los trabajos liderados por Irene Vélez entre 2012 y 2018 (Vélez, Rátiva y Varela, 2012; Vélez et al. 2013; Vélez, 2018), en los que, desde una mirada casuística, elabora un diagnóstico que conecta ese proceso de poblamiento inicial descrito por Aprile-Gniset, con el contexto actual a partir de la década de 1980, cuando, para expresarlo en palabras de Escobar (1998), «el proyecto del trinomio capital-estado-tecnociencia» se hizo presente en el territorio bajo la forma de proyectos de extractivismo y agroindustria, los cuales se acrecentarían durante el periodo 1998-2010.
La consolidación de este proyecto estuvo ligada directamente con la conformación de una estructura de violencia y con la aparición de actores armados de diversa índole que fueron modificando drásticamente las dinámicas de poblamiento, territorialidad y formas de vivir de las comunidades. Basándonos en el Informe Final de la Comisión de la Verdad (Comisión de la Verdad, 2022), especialmente en los tomos titulados Colombia adentro (sobre territorialidad) y Resistir no es aguantar (sobre etnicidad), los y las jóvenes del Semillero de Jóvenes de AMUCIB reconstruimos una línea de tiempo del conflicto armado en la región y llevamos a cabo una revisión general de sus dinámicas, articulando lo propuesto por la Comisión con la discusión propia sobre territorio.
En el tomo titulado Colombia adentro figuran una descripción del «Pacífico biogeográfico» y un recuento histórico de cómo se estructuró el conflicto armado en el territorio, lo que afectó de manera especial a las comunidades negras e indígenas asentadas en la zona (Comisión de la Verdad, 2022). Algunos de los sucesos que se describen en este informe fueron discutidos con los y las jóvenes del Semillero de AMUCIB en jornadas de trabajo colaborativo con el fin de integrar las dimensiones del conflicto armado y de la territorialidad para comprender su propio proceso organizativo.
Así, en grupos de discusión entre los y las jóvenes y algunas de las mujeres fundadoras de la asociación, contrastamos el relato de la Comisión de la Verdad con sus propios recuerdos sobre la dinámica del conflicto en el territorio. A partir de esos diálogos se constató que existe una conciencia general del proceso de despojo que se llevó a cabo entre 1958 y 1979 por la implementación de macroproyectos extractivos —especialmente de madera y de minería—, lo que afectó de manera diferenciada a las comunidades étnicas.
Entre 1974 y 1984 empezaron a incursionar algunos grupos de las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FARC) y, posteriormente, también del Ejército de Liberación Nacional (ELN), el Ejército Popular de Liberación (EPL) y el Movimiento 19 de Abril (M-19):
Uno empezó a ver que la gente empezaba a hablar de unos muchachos que venían armados y hablándole cosas a uno. Pero eso era muy poco y no se metían con la gente. Poco a poco la cosa fue cambiando con la llegada de las empresas, la aparición de los cultivos de marihuana primero y luego de coca y los paracos (mujer de Buenaventura, comunicación personal, 29 de mayo de 2024).
Relatos como este evidencian las variaciones en la naturaleza y dinámica del conflicto armado (Zuluaga, 2012), que se observan a partir de procesos como la incursión de cultivos ilícitos, la entrada de empresas extractivistas y la aparición de nuevos actores armados que posteriormente se han multiplicado y reconfigurado de distintas formas hasta el día de hoy: los grupos paramilitares, que surgieron como respuesta al dominio territorial de las FARC entre 1986 y 1996. Entonces, el control territorial en disputa se concentraba en los ríos y las rutas comerciales, tanto legales como ilegales.
Se han realizado varios análisis sobre la situación del conflicto armado en el Pacífico colombiano, en concreto en Buenaventura, y, desde la perspectiva de las comunidades, ha sido «sobrediagnosticado». De manera muy sintética, y basándonos en el informe de la Comisión de la Verdad, entre 1985 y 2005 comenzó el despliegue y el asentamiento de los grupos paramilitares, que entraron por el Darién y se concentraron en Buenaventura, ocupando la costa caucana y el litoral de Nariño. Entre 2000 y 2007 la violencia se recrudeció y afectó terriblemente a la población civil, que quedó atrapada en un cruce de fuegos entre múltiples grupos armados. Después, entre 2005 y 2012, se transformaron la organización y el dominio territorial y se amplió el control paramilitar, mientras que las guerrillas se replegaron. En este proceso, la guerra en las ciudades fue muy cruda. Finalmente, entre 2012 y 2019 continuó la violencia con nuevas formas: los carteles se atomizaron en las ciudades, aumentaron los cultivos de coca y surgió una nueva reorganización del dominio territorial por la desmovilización de algunos grupos y la aparición de otros, como carteles internacionales. Durante este periodo también se produjo un refortalecimiento de los movimientos sociales (Comisión de la Verdad, 2022).
En este contexto de mediana duración, conforme el conflicto se intensificaba y las familias desplazadas de las zonas rurales incrementaban su presencia en el entorno urbano de Buenaventura, la dinámica poblacional del distrito se fue modificando drásticamente. La violencia comenzó a formar parte de la vida cotidiana de las familias campesinas de comunidades negras, pero también fue haciéndose presente poco a poco en la vida diaria de las familias desplazadas que se asentaban en la zona urbana.
A medida que la violencia aumentaba y que comenzaron a participar en la guerra hombres cada vez más mayores y también muy jóvenes, en el territorio quedaron las mujeres. Portadoras de múltiples tradiciones vernáculas, algunas de ellas empezaron a impulsar iniciativas para hacer frente a la violencia y para crear condiciones objetivas de existencia para que sus hijos e hijas no solo evitaran ir a la guerra, sino que permanecieran en el territorio como agentes de resiliencia y cambio social.
AMUCIB. Sobre la emergencia de una asociación de mujeres negras en contextos de violencia y desigualdad
Durante el periodo 1980-2020 se llevaron a cabo muchas iniciativas y continúan emergiendo; la AMUCIB es apenas una de ellas.13 A partir de 2015, el Laboratorio de Innovación Comunitaria del Instituto de Tecnología de Massachusetts (MIT CoLab) lideró un proceso de relacionamiento en el territorio mediante el impulso de procesos sociales de diversa índole que permitieron identificar y seguir fortaleciendo el trabajo de las mujeres de la asociación más allá de su propio entorno.
El contexto de creación de AMUCIB tiene una vasta historia. Está ligado al proceso de Reforma Agraria impulsado por el gobierno de Carlos Lleras Restrepo (1966-1970), a la puesta en marcha de la Asociación Nacional de Usuarios Campesinos (ANUC)14 y a la necesidad de esta organización de promover procesos asociativos entre mujeres. Se reconocía que ellas contaban con un acervo de capacidades clave para la organización gremial, especialmente en lo relacionado con el acceso y uso de la tierra, pero, sobre todo, se valoraban sus aptitudes como actoras fundamentales en la resistencia al conflicto armado, que se encontraba en un creciente proceso de degradación. Sin embargo, la naturaleza de AMUCIB como organización va más allá de la resistencia frente al conflicto: se constituye como una nueva posibilidad para enfrentar las dificultades de sobrevivir como mujeres negras:
AMUCIB es una asociatividad de décadas, cuyo mayor proceso y auge de creación ha sido por parte de doña Gloria. Se sabe que las actividades de los campos para el gobierno no han sido relevantes, pues sus miradas no están volcadas a los territorios, a las necesidades... Entonces, las mujeres son las que toman las iniciativas y sacan adelante los procesos que ellas ven valiosos y les permiten un ingreso. Las asociadas se van integrando a través de participación y porque les gusta: desde el querer. Busca generar reconocimiento en espacios de participación [política], en la cadena productiva de su pancoger, cabida en el mercado... las que están es porque quieren estar, como el caso de Andrea, que reside en las Colinas y produce papas chinas. AMUCIB apoya en sacarlas afuera, transformar se vuelve como fuente, no ganan sueldo sino un reconocimiento que les permite seguir mejorando la vida (mujer asociada, comunicación personal, 2023).15
Así pues, lo que empezamos a rescatar de la Asociación en dicho encuentro es que se trataba de la (re)creación de nuevas/viejas dinámicas de interrelación entre las mujeres negras, algo que ellas denominan comadreo. Es interesante percatarse de que, a medida que el conflicto en la región se iba exacerbando, fueron las mujeres las que buscaron crear estrategias en el territorio para apoyarse entre sí y buscar en su ancestralidad maneras para hacer frente a la violencia por medio del fortalecimiento del apoyo mutuo y el comunitarismo.
Mientras aumentaba la crudeza del conflicto armado en Buenaventura, en las décadas de 1990 y 2000 algunas de estas mujeres permanecieron en el territorio y buscaron estrategias para enfrentar las dificultades. Una de esas mujeres fue la comadre Gloria Amparo Arboleda Garcés, trabajadora social y una de las fundadoras de AMUCIB. La organización se registró formalmente en el año 2000 ante la Cámara de Comercio, y tenía como objetivo «ofrecer a la comunidad bebidas y alimentos que, además de ser artesanales aseguran ser medicinales», como lo afirmó Lucy Sánchez, representante legal de la asociación (Cámara de Comercio de Buenaventura, 2023).
Los procesos de transmisión y construcción de nuevo conocimiento entre las mujeres asociadas que iniciaron su trabajo hace cuatro décadas, y sus hijos, hijas, nietos y nietas, quienes han participado simultáneamente en el sistema educativo formal, constituyen importantes espacios de creación y encuentro interseccional donde convergen saberes generacionales y de género.
Este proceso de reexistencia16 y resignificación de las propias prácticas de las comunidades negras se cruza con múltiples variables que se desarrollaron en las décadas de 1990 a 2010. La promulgación de la Ley 70 en 1993 y el arduo proceso para su reglamentación permitieron durante ese periodo la conformación de consejos comunitarios y la titulación colectiva de tierras para las comunidades negras. De forma paralela, el conflicto armado se intensificaba en el territorio, poniendo en riesgo las capacidades de las comunidades para enfrentar sus impactos.
Dando un salto en el tiempo, en 2020, a raíz de la pandemia de COVID-19 y las medidas de aislamiento social preventivo y obligatorio, la situación para las mujeres en el territorio se hizo más compleja, y proporcionalmente aumentaron sus dificultades para acceder a las condiciones mínimas necesarias para afrontar las labores de cuidado y reproducción. El informe de análisis de situación de salud del distrito de Buenaventura publicado en 2022 (Secretaría Distrital de Salud del Distrito de Buenaventura, 2022) da cuenta de un aumento en la tasa bruta de mortalidad en el distrito en ese periodo; por ejemplo, algunas comadres tomaron la decisión de acabar con sus vidas ante la difícil situación económica, que no les permitía criar a sus hijos con dignidad. El aumento de casos de suicidio entre las mujeres de Buenaventura fue un detonante para las integrantes de AMUCIB, que elaboraron un diagnóstico y, por medio de comadreos, se dieron cuenta de que el problema de los suicidios no solo debía atenderse desde la perspectiva de la salud mental o psicosocial, sino que tenía que ver directamente con la falta de posibilidades para garantizar la reproducción de las formas de vida.
Este hallazgo de las comadres puso sobre la mesa una idea que sería fundamental:
Si el principal problema que estamos afrontando es que no tenemos con qué darle de comer a nuestros hijos, pues activemos los mecanismos de solidaridad social y económica. Organicemos comadreos que permitan identificar cualidades y capacidades de producción desde las mujeres para generar ingresos (comadre Gloria Amparo Arboleda, comunicación personal, 4 de diciembre de 2023).
Así fue como empezaron a identificar potencialidades de producción entre las mismas mujeres y a buscar mecanismos y alianzas para comercializar sus productos. Poco a poco, como lo manifestó la comadre Gloria, comenzaron a distribuir e intercambiar productos sobre la base de sus propios saberes en diversos ámbitos: conocimientos culinarios, técnicas de siembra, agricultura en terrazas, cultivo de plantas medicinales, comercialización del viche y valorización de la papachina como producto local que podría tener potencial de comercialización.
En el contexto de aislamiento preventivo durante la pandemia de COVID-19, y ante el aumento de la violencia urbana derivada del conflicto armado, AMUCIB empezó a buscar alianzas y a establecer vínculos con entidades que les ayudaran a potenciar sus capacidades de comercialización desde la óptica de la preservación de las economías propias. En esos encuentros destacan tres actores fundamentales: el MIT CoLab, la Cámara de Comercio de Buenaventura y la UEC.
Esos encuentros fueron claves para potenciar la cadena de comercialización de los productos insignes de AMUCIB como el Viche Sabia Comadre, las cocadas asadas, los chorizos de pescado, el chontaduro, las mermeladas y la fabricación artesanal de chips de papachina. Los procesos de comercialización tuvieron relativo éxito, especialmente de productos como el viche, las cocadas y los chips de papachina, que destacaron por su alto potencial comercial.
La posibilidad de expandir la producción artesanal hacia un plano de mayor tecnificación empezó a percibirse como una opción real para la asociación. Sin embargo, este avance planteó un dilema ético recurrente: ¿cómo resguardar las prácticas comunitarias ante el éxito que podría derivarse del acceso al mercado?
La sostenibilidad de los procesos organizativos requiere superar la mirada dicotómica y disyuntiva frente a la modernidad entendida como geocultura, la cual construye de forma abstracta una separación tajante entre las comunidades y el Estado, o entre comunidades y la academia. En este sentido, los procesos organizativos se construyen desde la oposición complementaria entre autonomía e interdependencia.
Durante el periodo comprendido entre 2022 y 2024, esta serie de hallazgos de AMUCIB coincidieron con un cambio en la perspectiva de la Cámara de Comercio de Buenaventura respecto a la promoción de riqueza en el distrito con enfoque territorial, como lo planteó Milady Garcés —presidenta ejecutiva hasta el año 2024 de esa institución— el 23 de noviembre de 2022 en la Universidad Externado, durante el evento Justicia Económica, Economías Propias y Construcción de Paz:
Hoy la Cámara de Comercio se reconfigura para ser una agencia de desarrollo que entienda que no puede haber desarrollo económico en un ambiente que no sea socialmente saludable y si no participamos en generar condiciones de salud social, no hay para nadie (Milady Garcés, comunicación pública, 23 de noviembre de 2022).
En el marco de las proyecciones, y considerando elementos como la necesidad y el potencial de la región del Pacífico, la AMUCIB, junto con organizaciones con vocación empresarial, entidades locales como la Cámara de Comercio de Buenaventura y aliados estratégicos externos, lograron consolidar una apuesta soñada en una realidad tangible: un espacio para la comercialización de productos locales que llamaron Vitrina Pacífica.17 Otro de los canales que se generó a partir de esos procesos fue la administración de la cafetería del Centro Educativo Bahía Buenaventura —institución local donde se imparte primaria y secundaria—, un logro alcanzado gracias a un proceso de relacionamiento de más de ocho años como proveedores de alimentación para la Fundación Sociedad Portuaria de Buenaventura, S. A. Estos espacios constituyen dos medios de comercialización permanente en los que AMUCIB distribuye sus productos. Por otro lado, la asociación produce chips y cocadas por demanda, ya que la mayoría de los canales de comercialización son esporádicos y surgen de las redes construidas con diversos actores a nivel local, regional y nacional. Por ello, los principales puntos de venta son mercados campesinos itinerantes o encuentros organizados por organizaciones no gubernamentales, instituciones del Estado y otras iniciativas emergentes (véase Imagen 1).
Imagen 1. Productos comercializados por AMUCIB

Fuente: archivo de imágenes de AMUCIB.
De acuerdo con la Fundación Paz y Reconciliación (2024), entre 2022 y 2024 el conflicto urbano en Buenaventura tomó formas que desafían los abordajes clásicos sobre la violencia. A pesar de los intentos de implementación de la política de «Paz Total» del gobierno, con estrategias como la creación de mesas de diálogo entre actores armados y gobierno, los avances han sido lentos e inestables. El control territorial en los barrios, las amenazas y la cooptación de procesos por parte de los grupos armados se mantienen y se intensifican en momentos determinados, lo que genera incertidumbre e inestabilidad en procesos como los de AMUCIB (Fundación Paz y Reconciliación, 2024).
Lo narrado fue dando forma a los marcos de sentido que orientan a la organización; entre ellos, destaca el reconocimiento de su doble naturaleza, como proceso auto-eco-organizativo, autónomo y emergente, producto de la interacción entre la configuración familiar-comunitaria, y como proceso condicionado por las restricciones impuestas por la violencia en el territorio. También influyó que, como asociación formal que requiere negociar con actores público-privados, necesita dar soporte a las estrategias económicas, políticas y sociales en las que está inmersa. En esta trayectoria se reconoce la importancia de considerar la investigación —o construcción de conocimiento— como un eje permanente y transversal en las actividades de AMUCIB, tomando en cuenta que el movimiento dialéctico entre los conocimientos disciplinares y los propios, entre la ciencia y la sapiencia, forman parte del proceso.
Consideraciones finales
El recorrido andado por AMUCIB está cargado de reflexiones que cuestionan los enfoques de la economía política clásica. Las categorías de riqueza compartida y abundancia, que están en el centro de la construcción conceptual de las economías propias, son ejemplo de ello. La riqueza compartida implica la configuración en red de una comunidad que no siempre se encuentra en un mismo territorio, pero que mantiene vínculos,18 y la abundancia parte de la relación entre los conocimientos propios y los ecosistemas habitados, mediante los cuales se configuran socio-eco-sistemas complejos adaptativos, flexibles y estratégicos que permiten que las comunidades pervivan incluso en momentos de altísima vulnerabilidad.
La historia de AMUCIB no refleja un proceso lineal de crecimiento, desarrollo y fortalecimiento, más bien, más allá de su nombre formal, se trata de una red que emerge en momentos de necesidad. Un elemento central de este potencial se encuentra en el lugar que ocupan en su seno las relaciones intergeneracionales y otras formas de familiaridad que van más allá de los vínculos de sangre, incluyendo relaciones tan fundamentales como el compadrazgo, el comadrazgo o los hijos e hijas de crianza. La forma organizativa de AMUCIB no puede explicarse únicamente a partir de los grandes marcos teóricos existentes sobre organización social desde las perspectivas sociológicas; puede acercarse a los marcos de las economías solidarias, comunitarias y campesinas, más no puede reducirse únicamente a ellos.
Consideramos esclarecedor el llamado que hace Hugo Zemelman (2021) cuando plantea la existencia de un desajuste o desfase «entre muchos córporas teóricos y la realidad […] Esto plantea la necesidad de una constante resignificación [...] ¿por qué el desajuste? Por algo elemental: el ritmo de la realidad no es el ritmo de la construcción conceptual» (2021: 234). Mucho menos lo es el ritmo de la construcción de políticas públicas. Ante este reto, entonces, nos encontramos con que existen formas de construcción de conocimiento que no están permeadas o determinadas por los ritmos del conocimiento teórico-científico; se trata de prácticas propias que se encuentran en la dinámica cotidiana de los pueblos y que son la base fundamental para la configuración de estrategias dirigidas a la permanencia de la vida en los territorios.
En otras palabras, reconocemos que los marcos de sentido, las lógicas y los procesos propios de construcción de conocimiento de estos pueblos que han podido mantener su existencia en contextos profundamente violentos, con altísimos niveles de incertidumbre, contienen una gran riqueza que debería ayudarnos a afrontar como sociedad el actual momento de transición ante la convergencia de múltiples crisis.
Los sistemas de pensamiento de los pueblos nos acercan a la propuesta de pensamiento epistémico de Zemelman:
…un pensamiento que se entiende como una postura, como una actitud que cada persona es capaz de construirse a sí misma frente a las circunstancias que quiere conocer. No se trata de decir: tengo los conceptos y construyo un discurso cerrado, lleno de significaciones; se trata más bien de partir de la duda previa, anterior a ese discurso cerrado, y formularse la pregunta ¿Cómo me puedo colocar yo frente a aquello que quiero conocer? (Zemelman, 2021: 235).
Desde esta perspectiva, reconocemos los conocimientos de los pueblos y proponemos que estos deben escucharse, integrarse e interpelar a las instituciones modernas.
Surge en este punto la propuesta de poner en diálogo los marcos de sentido relacionales de AMUCIB, con los de la política pública: ¿cómo incluir entonces en la investigación marcos de sentido abiertos y dinámicos? A partir de la transdisciplina, ¿cómo se operativiza este debate?, ¿cómo se incluye lo estratégico de la acción institucional en los territorios?
Este punto de partida, que nos plantea el problema del método, evidentemente no se refiere solo a lo que conocemos como investigación académica, sino que se propone como base fundamental para la construcción e implementación de política pública y horizontes de futuro. Los principios de dialoguicidad, colaboración y horizontalidad deben permitir que las instituciones —Estado, universidad, mercado— se vean interpeladas por otros marcos lógicos y de sentido.
Aportes desde y para la universidad como estructura del conocimiento
La universidad, como institución dedicada al conocimiento, está atravesando un momento histórico de transformación en todos sus niveles, desde la gestión administrativa, pasando por los procesos operativos, hasta las bases filosóficas que fundamentan su misión educativa y científica.19
La propuesta investigativa que se presenta en este artículo se sitúa dentro de ese horizonte: transformar la articulación entre AMUCIB, el MIT CoLab, la Cámara de Comercio de Buenaventura y la Universidad Externado de Colombia en una herramienta pedagógica tanto para la comunidad de AMUCIB, como para el estudiantado, el personal docente y los investigadores e investigadoras de la UEC durante el periodo 2023-2024. El avance de este proceso ha permitido que la formación y la construcción conjunta de herramientas pedagógicas se amplíe y se articule con la comunidad, desde el enfoque de género e intergeneracional que AMUCIB desarrolla con los y las jóvenes de Buenaventura desde hace tiempo.
El contexto actual de transición de una sociedad en guerra hacia la construcción de escenarios de paz requiere del apoyo permanente de la academia para fortalecer la calidad y la capacidad de las comunidades. En esta dirección, la articulación entre las universidades y los procesos comunitarios del Pacífico colombiano constituye un aporte fundamental para la construcción de una paz estable y duradera.
Por otro lado, avanzar en investigaciones colaborativas permite que la universidad, como institución dedicada al conocimiento, amplíe sus horizontes y supere la concentración tradicional en sedes centralizadas, principalmente en Bogotá o, en el mejor de los casos, en ciudades grandes como Cali, Medellín, Barranquilla o Bucaramanga. Esto facilita la inclusión de los pueblos indígenas, que principalmente residen en territorios rurales o en ciudades con escasa oferta institucional, para que puedan aportar desde sus perspectivas y formas de conocimiento propias. Estos procesos, sin duda, permiten que se expanda la oferta institucional en diferentes niveles, incluyendo el ejercicio del diálogo entre pares: los pueblos indígenas y afrodescendientes como portadores de unos saberes, y las universidades como portadoras de otros, en un espacio común de reciprocidad y pertinencia para ambas partes.
Asimismo, la vinculación en procesos de investigación colaborativa y transdisciplinar debe buscar formas de articularse de manera más efectiva para incidir en políticas públicas sobre los asuntos que afectan a las comunidades, en particular la tecnificación de economías propias y la soberanía alimentaria con enfoque de género e intergeneracional.
Con un enfoque en estas reflexiones planteamos algunas recomendaciones concretas:
La particularidad de estos tiempos, que hemos conceptualizado desde la idea de confluencia de múltiples crisis, radica en que la crisis atraviesa todas las dimensiones de la vida: la economía, el modelo político, las formas y valores que ordenan el relacionamiento humano, así como la relación con los ecosistemas. En esta época, lo que sucede a escala local, e incluso a nivel del sujeto individual, cobra una importancia creciente e incide con mayor fuerza en la reorganización del mundo. El reconocimiento y el diálogo con los sistemas de conocimientos propios de los pueblos originarios y diaspóricos, históricamente relegados en el marco de la modernidad, emergen con un gran potencial para la creación de nuevas formas de habitar la Tierra. Ese es el camino que traza esta investigación.
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Zamudio, Lucero. (2000). Proyecto Académico PAF Facultad de Ciencias Sociales y Humanas. Bogotá: Universidad Externado de Colombia. Disponible en https://www.uexternado.edu.co/wp-content/uploads/2017/01/PAF-CIENCIAS-SOCIALES-2011.pdf
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Zuluaga, Jaime. (2012). Situación actual y perspectivas de la guerra interna. Cahiers des Amériques Latines, (71), doi: https://doi.org/10.4000/cal.2704
1 «El comadreo es una estrategia creada en el 2008 por varias mujeres del Distrito de Buenaventura quienes a partir del contexto de violencia que afectaba principalmente a las bonaverenses entre los años 2008 y 2009 decidieron propiciar un espacio en el que se permitiera escuchar, camuflar y orientar los pasos para llegar al objetivo de acompañamiento a la mujer. Constituirse en comadres implica respeto, confianza, apoyo mutuo, familiaridad y amor» (AMUCIB, s.f.). Se trata de relaciones al mismo tiempo familiares (sanguíneas en primer y segundo grado), como de amistad, vecindad y solidaridad comunitaria (veredal, barrial). Este concepto surge de las comunidades negras del Pacífico y se vincula con la idea de familia extensa, que trasciende las relaciones de consanguinidad o familiares convencionales, así como los esquemas de parentesco tradicionales en la antropología. Abarca otras formas de socialización y reproducción de la vida que incluyen tanto la dimensión biológica como la colectiva, más allá de la separación entre «amistad» o «familia». Sobre la familia extensa se pueden revisar algunos trabajos como los de Quiceno Toro (2016) y Olaya Requene (2022) entre muchos otros. Este planteamiento busca contribuir al diálogo entre concepciones muy diversas, complejas y, en ocasiones, convergentes sobre la familia extensa en regiones de Asia del Este (Ramírez, 2012) o en el «sistema familiar mesoamericano del México indígena» (Robichaux, 2002). Desde el Área de Investigación en Sentidos y Lógicas de Vida de los pueblos originarios de la UEC —que forma parte de esta investigación—, proponemos la categoría de unidades colectivo-organizativas. Aunque constituye uno de los principales aportes de este encuentro de investigación formativa y colaborativa, profundizar explícitamente en esta propuesta sobrepasa los límites del presente artículo.
2 Sobre este punto es interesante el ejercicio realizado durante el proceso de investigación formativa-colaborativa mencionado. En el proyecto formulado por la UEC y AMUCIB se planteó el comadreo, una práctica y metodología de trabajo de las mujeres negras en el Pacífico, como uno de los aspectos procedimentales y técnicos para la captura de información como parte de las técnicas investigativas. La puesta en marcha, el diseño y el desarrollo del comadreo que tuvo lugar en el Consejo Comunitario del Bajo Calima, en la comunidad de Villa Estela en octubre de 2024, en el marco de esta investigación, no estuvieron exentos de dificultades y de reflexiones que bien merecerían otro artículo, y que ponen de relieve lo desbordante que pueden resultar formas de construcción de conocimiento propias en su encuentro con los modelos y parámetros de las disciplinas científicas.
3 El ejercicio de construcción se llevó a cabo a partir de un primer diseño basado en la propuesta de encuesta con indicadores interculturales desarrollada en la Estudio Nacional de la Situación Alimentaria y Nutricional de los Pueblos Indígenas de Colombia (ENSANI). Posteriormente se realizó un taller de reformulación a partir de los conocimientos del Semillero y de las comadres Lucy Sánchez Cuero y Gloria Amparo Arboleda.
4 Recogemos la propuesta de utilizar las nociones de sapiencia y concepciones de los pueblos frente a las de ciencia y conceptos del conocimiento científico, que viene trabajando el taita del pueblo indígena misak-misak, Mutauta Kaá Asik Muelas, director del Área de Sentidos y Lógicas de Vida de los Pueblos Originarios perteneciente al Centro de Investigaciones en Dinámica Social (CIDS) de la UEC.
5 Este trabajo se realizó con el apoyo del profesor José Javier Rodríguez del Castillo, el profesor Antonio Gómez Sánchez y la estudiante de sociología Camila Andrea Barrera, del Laboratorio Interdisciplinar de Análisis Espacial del CIDS.
6 Trabajo realizado en conjunto entre el equipo docente de la UEC (Antonio Gómez Sánchez), el semillero de investigación de AMUCIB (Ángela Riascos Morales, Camila Riascos Morales y Luz Mery Delgado Mondragón) y estudiantes de los programas de Sociología (Camila Barrera) y Antropología (Jennifer Dahian Cifuentes) de la UEC en el marco de las salidas de campo del proyecto en el segundo semestre de 2024).
7 En este punto nos sumamos a las discusiones propuestas por autores como: Wallerstein (1996, 2005), Quijano (2000), Aguirre Rojas (2005) y Laó-Montes (2020).
8 Sin embargo, existen condiciones de desigualdad inicial que constriñen las posibilidades de escucha: diferencia en los tiempos de construcción de conocimiento y los tiempos de validación y administración del conocimiento en la academia, en especial cuando se trata de procesos financiados; límites del lenguaje académico, o simplemente disposición de tiempo para llevar a cabo la investigación con respecto a la necesidad de solventar las necesidades básicas del día a día, entre otras muchas condiciones. La reflexión es amplia, e incluso se evidencia en la construcción colectiva de textos académicos, como el presente, y en los requerimientos formales de la academia, que dificultan hablar en varias voces o incluir saberes no escritos: ¿solo se validan las citas de entrevistas, encuestas o bibliografía? ¿Cómo visibilizar procesos de memoria más largos y no escritos? Estas son algunas disyuntivas centrales que ponen en cuestión las lógicas tradicionales de divulgación del conocimiento y las sapiencias de los pueblos.
9 El taita del pueblo indígena Misak-Misak, Mutauta Kaá Asik Muelas, quien también participó en esta investigación, frente a la categoría de conocimiento científico propone la categoría de sapiencia, en consonancia con la categoría de saberes y en un esfuerzo por dar un lugar de mayor relevancia a los sistemas de conocimiento de los pueblos ancestrales, los cuales deben dialogar horizontalmente con los sistemas de conocimiento de las ciencias. Considera que los sistemas ancestrales trascienden las categorías de saberes, folclore o cultura, donde insisten en encasillar a los pueblos, lo que limita sus posibilidades.
10 Sobre la discusión alrededor de las categorías multi/inter/transdisiciplinar existe variada bibliografía (Aguirre Rojas, 2005; Morin, 2010; Nicolescu, 2013, entre otros). Nos basamos aquí en la «estructura curricular y problemas conceptuales» propuestos por Zamudio (2000: 39-47), específicamente en los apartados «Ayuda de Memoria No. 1: Los ejes de la formación integral en la estructura curricular y la Ayuda de Memoria No. 2: Los Seminarios Centrales».
11 «Pa’mirá pa’lante, primero vé atrás» es un extracto de la canción Remaya, de la agrupación Cabuya, en su álbum de 2005 Comienza el garroteo.
12 La diferenciación del mundo a partir de la creación del concepto de raza y sus implicaciones en la organización de la división social del trabajo, como base para la consolidación del sistema-mundo moderno colonial, se puede revisar en el texto de Aníbal Quijano (2000) titulado Colonialidad del poder, eurocentrismo y América Latina.
13 AMUCIB ha mostrado un proceso organizativo muy dinámico. La investigación realizada permitió rastrear una red de 30 mujeres asociadas que, junto con sus grupos familiares, sumaban aproximadamente 100 personas.
14 Sobre esto es útil revisar el libro Idas y venidas, vueltas y revueltas. Protestas sociales en Colombia del historiador Mauricio Archila (2003), especialmente su capítulo 7, donde describe el papel de la ANUC en la conformación de las asociaciones de mujeres campesinas como parte de su proyecto político. En ese contexto nació AMUCIB.
15 Comunicación obtenida por una estudiante de la Facultad de Ciencias Sociales y Humanas (FCSH) de la UEC.
16 El taita del pueblo indígena Misak-Misak, Mutauta Kaá Asik Muelas, insiste en la recuperación de la concepción Misak-Misak de Mananasrøm kurri mananasrøm katik misak -misak kømik para hablar de reexistencia. Refiere el taita que: «es una expresión que se aproxima al castellano en aquello que podemos decir reexistencia: volver a vivir lo que somos, lo que fuimos y lo que seremos: Misak-Misak. En todo su ámbito, en todos sus componentes identitarios, ya sea espaciales, ya sea de satisfactores vitales, de ciclos de vida, de lenguas, de lenguajes, las unidades colectivo-organizacionales. Volver a revivir todos estos elementos que conforman el modo de vida Misak-Misak. Es una aproximación, es una palabra que trata de recoger toda esa frase […] Cuando se dice en castellano ‘más allacito de la reexistencia’ es que, desde el origen de los tiempos y espacios cósmicos, hasta el fin de los espacios y tiempos cósmicos, siempre seguiremos siendo Misak-Misak» (comunicación personal, 28 de mayo de 2025). Esta noción de «reexistencia» se ha recuperado en diversos procesos organizativos, especialmente de las comunidades negras del Pacífico colombiano, como respuesta al conflicto armado.
17 Para conocer esta iniciativa comercial comunitaria, véase el sitio web https://www.vitrinapacifica.com/
18 Esta perspectiva sobre la abundancia como noción económica dialoga con propuestas como la de Natalia Quiceno Toro (2021), quien, situada en Bojayá, planteó el concepto de vivir sabroso como un horizonte territorial, político y ético. Aunque no se desarrolla en este texto, reconocemos la potencia analítica y la afinidad epistémica de ese concepto con la presente investigación.
19 Varias discusiones al respecto se incluyen en el Informe de la Comisión Gulbenkian para la reestructuración de las ciencias sociales que I. Wallerstein (1996) compiló en su texto Abrir las ciencias sociales.
Cómo citar este artículo:
Escobar Arango, Laura, Gómez Sánchez, Antonio, y Carabalí Torres, Wasinton. (2025). Buscando la buena ventura: economías propias en comunidades negras de Buenaventura (Valle del Cauca, Colombia). El caso de la Planta de Transformación Comunitaria de AMUCIB (1980-2024). Revista Pueblos y Fronteras Digital, 20, pp. 1-34, doi: https://doi.org/10.22201/cimsur.18704115e.2025.v20.780