CUERPO,
CH’ULEL Y LAB
ELEMENTOS DE LA CONFIGURACIÓN DE LA PERSONA TSELTAL
EN YAJALÓN, CHIAPAS
Óscar Sánchez Carrillo
IIA FFyL UNAM
RESUMEN
El presente artículo tiene el propósito de analizar
la relación de las diferentes entidades anímicas
y su contraparte corporal, chanul, que configuran e integran a
la persona tseltal de las comunidades del municipio de Yajalón,
Chiapas. El objetivo es enunciar las representaciones y/o nociones
de los actores sobre el cuerpo y sus entidades anímicas
residentes: el ch’ulel y lab entre otras criaturas, yalak’,
que lo habitan. Así la persona se configura con el único
propósito de trazar la línea de la vida y su destino
en el Balumilal-Tierra-Cosmos. No es de extrañar que en
el lenguaje sagrado, k’opontik Dios, en las oraciones y cánticos
de los diferentes ritos religiosos y terapéuticos se establezca
un paralelismo entre el cuerpo humano y la Tierra humanizada, espacio
en cuyo interior residen una extraordinaria cantidad de seres sobrenaturales
que la habitan, yalak’ y chambalam, y al mismo tiempo tolera
a los hombres y animales en su superficie.
Palabras claves: Persona, entidades anímicas, salud-enfermedad,
lenguaje sagrado,
ABSTRACT
The present article pretends to
analyze the relation of different spiritual entities and their
corporal (body-) counterpart,
that configure and shape the tzeltal person from the communities
of
Yajalon (county in northern Chiapas). The objective is to enounce
the conceptions which the subjects have about the body and
his animic entities that reside within: amongst others, the
ch’ulel and lab creatures. With the animic entities the person configures
itself with the only purpose to trace the line of his life
and his destiny in the Balumilal – which means Earth
and Cosmos. It is not surprising that the sacred language –K’opontik
Dios-, in the prayers and songs of different religious and
therapeutic rituals, establishes a parallelism between the
human body and
the humanized Earth. The earth is perceived as a space which
encloses an extraordinary quantity of supernatural beings (yalak’ and
chambalam) and at the same time, as one that tolerates humans
and animals on its surface.
Key words: Person, spiritual entities,
health-disease, sacred language,
Lo más grande que hace un alma humana
en este mundo es ver algo.
Ver con claridad es poesía, profecía y religión,
todo en uno
John Ruskin
INTRODUCCIÓN
La información vertida en
el presente trabajo es producto de una serie de entrevistas e historias
de vida realizadas a ocho
especialistas tseltales de la medicina tradicional del municipio
de Yajalón, ubicado en las montañas del norte
del estado de Chiapas. Estas ocho personas han estado colaborando
con
la investigación sobre el sistema etnomédico
en relación
con los elementos de la cosmovisión tseltal,[1] asimismo,
me han permitido la observación y acompañarlos
en sus diferentes actividades rituales. Es decir, todos ellos
desarrollan
actividades rituales muy diversas entre sí, son versados
en la creación y manejo eficaz de símbolos religiosos
y terapéuticos y explican elocuentemente las concepciones
de la cosmovisión de su pueblo. Además son terapeutas
y expertos en la atención de todo tipo de males que
afectan no solo el equilibrio anímico del ch’ulel —entidad
anímica—, sino también de lo exclusivamente
corporal.
Los especialistas o poxtawanejetik —los que ayudan a recuperar
la salud—, como se les nombra en lengua tseltal, resultan
hombres y mujeres que poseen un entendimiento particular de lo
que es la salud, la enfermedad, y practican diferentes formas rituales
de atención de las enfermedades y conservación de
la salud. Dos de los colaboradores ejercen de parteras —chichil
o ilojel— y conocen todos los secretos para traer al mundo
a los bebés. A propósito de los partos, en lengua
tseltal se utiliza una expresión elocuente cuando alguien
ha nacido: jul ta k’inal, que significa el bebé, alal, “llegó a
ver la luz del mundo”; al mismo tiempo son intérpretes
de los regalos sagrados, majtan-il, que Dios concede al bebé y
los dones que estos significan, stalel, en la vida del nuevo sujeto;
es decir, el talel es lo que cada persona trae desde el nacimiento
e incide en el destino. Por tanto, las parteras son las encargadas
de trazar los paralelismos y homologías entre el neonato,
su animal compañero y su talel, los equilibrios entre el
cuerpo, ch’ulel, y los animales compañeros, chambalam;
que pertenecen al recién nacido hasta los últimos
días de su vida.
Un colaborador es huesero, sak’ bak’, su labor es
muy importante pues tiene el mandato de las deidades de unir la “quebradura”,
bejts’el, de cualquier hueso del cuerpo humano. Debido a
su capacidad como terapeuta y por sus conocimientos de la anatomía ósea
se sitúa como uno de los especialistas más solicitados
en la comunidad donde habita, pues las personas accidentadas por
zafaduras y/o quebraduras de los huesos le consultan por ser el
mejor de la región. Dos colaboradores son al mismo tiempo
hueseros, parteros, rezadores y ritualistas, ellos integran diferentes
especialidades y tienen la capacidad para atender diferentes problemas
de salud cuando es necesario. Los últimos tres son poxtawanejetik
y se encargan de realizar diferentes ritos terapéuticos,
de protección y conservación de la salud. Todos ellos
son versados en el manejo de las oraciones y lenguaje sagrado o
k’opontik Dios; todos realizan actos rituales pues comparten
la misma preocupación por las enfermedades que aquejan a
su pueblo, y al mismo tiempo participan de la misma visión
del mundo, kil balumilal.
Las entrevistas fueron realizadas y grabadas
en lengua tseltal con un colaborador y traductor de la propia
lengua, posteriormente
fueron traducidas al español. Después de escuchar
las entrevistas y transcribirlas volvíamos a visitar a los
colaboradores con nuevas preguntas para indagar sobre los temas
que en la primera entrevista no habíamos ubicado o preguntado
adecuadamente; además, profundizamos en temas que escasamente
se habían delineado en el guión de la entrevista.
Aún falta profundizar en otros temas que en las conversaciones
los poxtawanejetik han delineado; pues, su conocimiento no se restringe únicamente
a las prácticas etnomédicas, sino que abarcan otras áreas
del conocimiento local que no habíamos contemplado con antelación,
como son las diferentes creencias y costumbres que hay en varios ámbitos
de la vida cotidiana de sus comunidades.
El propósito del presente trabajo es el análisis
de las narrativas e historias de vida de los ocho colaboradores
y de los datos etnográficos observados en diferentes rituales.
Hacer una síntesis de los datos etnográficos es un
esfuerzo delicado pues se pueden dejar de lado elementos sutiles
que ayuden a interpretar mejor la ontología del ser, en
este caso el ch’ulel y el lab, entidades anímicas
que integran la compleja noción de persona.
Pretender hacer una síntesis
y proporcionar una interpretación
de las voces de los colaboradores sobre lo que ellos piensan de
la realidad ontológica del ser puede representar un esfuerzo
no fructífero o no reflejar adecuadamente el pensamiento
de los actores, puesto que el etnógrafo no puede aspirar
a ponerse debidamente en su lugar, sin embargo es una tarea que
me he propuesto hacer en este trabajo sobre la indagación
de la representación de la persona y el lugar preponderante
que ocupa en la cultura o culturas mayas[2].
Si bien no se desconoce la importancia
que tienen las creencias sobre las entidades anímicas, ch’ulel y
lab, en las etnografías clásicas sobre los mayas
tseltales y tsotsiles de Los Altos de Chiapas, nuevos datos etnográficos
pueden ayudar a la comprensión de estas entidades dinámicas
y diversas entre los mayas de Chiapas. Sobre todo desde los años
cuarenta, datos sobre las nociones del ch’ulel y lab,
entre otras co-esencias que guardan relación con la persona,
son mencionados en la literatura especializada sobre las comunidades
indígenas de la región de Los Altos de Chiapas.[3] En
la gran mayoría de las etnografías clásicas
de tsotsiles y tseltales de Chiapas, la información sobre
la noción de persona es breve e insuficiente y no tiene
importancia como categoría analítica para explicar
procesos socioculturales. Por ejemplo, la relación que hay
entre las enfermedades y la pérdida de las entidades anímicas
ha sido tema central de etnógrafos que se dedicaron al estudio
de las representaciones tsotsiles y tseltales. La pérdida
del ch’ulel era atribuida a las fuerzas sobrenaturales,
enviadas por los dioses, que se manifiestan cuando las personas
desobedecen
o quebrantan alguna obligación social, además de
los padecimientos que pueden ser arrojados a una persona por ak’chamel o
mal echado —brujería—. La enfermedad y las
representaciones del ch’ulel y lab, según estos autores,
están asociadas con un mecanismo de control social para
corregir las acciones, actitudes y conductas de las personas en
la vida cotidiana (Villa Rojas 1990).
Este análisis funcionalista ha sido ampliamente difundido,
debatido, y al mimo tiempo aceptado, dejando de lado el análisis
crítico de éstos y otros elementos de los sistemas
etnomédicos y sus creencias. Sin embargo, los trabajos de
los etnógrafos clásicos nos permiten mirar y leer
procesos sociales de una manera diferente, aunque escasamente fueran
señalados, y volver al campo de las representaciones culturales
e indagar al respecto. Además las representaciones sociales
no son inamovibles, lo que fue válido en ese momento histórico
bien puede no serlo para la época actual, pues los movimientos
sociales de los últimos tiempos en Chiapas son sin duda
una vorágine de acontecimientos dinámicos y vertiginosos
que han llevado a las personas indígenas a reposicionarse
e insertarse en estos cambios turbulentos, así cambia la
manera de percibirse, representarse y relacionarse entre sí y
con otros en un mundo globalizado. Tal como a señalado Clifford
Geertz
el concepto de persona, es […]
una magnifica herramienta para indagar en torno al problema de
cómo hacer para hurgar
en los cambios de parecer de otras gentes. […] Buscando
y analizando las formas simbólicas —palabras imágenes,
instituciones, comportamientos— en términos de las
cuales, en cada lugar, [y en cada tiempo histórico] la
gente realmente se representa a sí misma, frente a sí y
frente a sus semejantes (1991: 104).
En Chiapas es apremiante la indagación sobre las formas
y representaciones de la persona, especialmente en la región
norte, más ahora que los movimientos sociales locales tienen
un fuerte componente global y porque las circunstancias históricas
por las que atraviesan las comunidades indígenas nos apremian.
NUMEROLOGÍA Y ALTERIDAD
DE LA PERSONA TSELTAL
La mayoría de las culturas
tienen relatos o mitos que tratan de explicarnos el origen de
la vida y de la humanidad y de hacernos
ver por qué las cosas son como son en el mundo de hoy.
La palabra es sin duda el vehículo por el cual se representa
el pensamiento y a través de ella se expresan y toman
forma las relaciones sociales. Como bien indica Foucault “representar
es oír en sentido estricto: el lenguaje representa el
pensamiento o para animarlo desde el interior, […] de analizarse,
yuxtaponiéndose,
parte a parte, bajo la mirada de la reflexión”,
(Foucault, 1968:83). Bajo esta concepción pretendo indagar
sobre las diferentes palabras o conceptos en tzeltal para referirse
a una
persona adulta o completa.
Generalmente el término en tseltal para referirse a un
hombre adulto es “winik(etik)”,[4] y
para nombrar a su contraparte femenina “ants(etik)”,
mujer adulta. Con estos dos términos quedan fundadas las
diferencias de género
tanto biológicas como sociales entre ambos; así también
las oposiciones entre naturaleza y cultura, es decir, entre los
hombres que trabajan, a’tel winik, la Tierra y
hacen milpa, y los animales que viven en la montaña o
cerros, chambalametik.
Empero, la categoría winik(etik), hombre(s), guarda correspondencia
con el concepto a’tel, trabajo/cargo, pues juntos forman
una categoría para designar la especialización y
deferencia ente el trabajo productivo y la posición en el
sistema de cargos en el ámbito político y religioso;
dentro del contexto etnomédico también se usa la
palabra a’tel para reconocer la especialización y
jerarquía que existe entre diferentes poxtawanejetik, que
incluye tanto a hombres y mujeres.
Por su parte, la categoría ants(etik) [mujer(es)]
designa a la persona femenina y su ámbito de dominio es
exclusivamente el doméstico ijnamil[5].
El ser femenino tiene atributos corporales y simbólicos
claramente diferenciadores del winik, las antsetik [mujeres]
tienen roles fijos y determinados por estructuras patriarcales
que son difíciles de romper o cambiar. El primer dominio
corporal es considerarlas más vulnerables que los hombres,
es decir, su condición de debilidad y menor fuerza las
colocan como personas a las que hay que proteger y cuidar. Se
les delegan
actividades exclusivamente domésticas, cocinar, lavar
la ropa, limpiar la casa, cuidar y socializar a los niños,
elaboración de artesanías y otros productos caseros
para el comerció en pequeña escala. Pero sobre
todo están facultadas para el cuidado de la salud de los
miembros de la familia; es decir, la conservación de la
salud y la atención de las enfermedades están en
manos de las mujeres, en este caso de las madres –me’(etik) – y
mujeres más ancianas. El ser femenino también esta
lleno de extrañezas pues hay períodos que se consideran
nocivos para ellas mismas, por ejemplo, el período menstrual
se cree una etapa de perdida de sangre y por tanto es una enfermedad
que en tseltal se nombra como kilel schamel [sufrir
o vivir una enfermedad, literalmente seria ver una enfermedad]
porque las
altera y reprime en sus actividades domésticas. El segundo
dominio corporal es prohibir las relaciones sexuales sin matrimonio,
o
en su caso fuera de él. Ejemplo de ello es la creencia
entre los jóvenes varones cuando por accidente observan
las manchas de sangre menstrual en la ropa de las jóvenes
mujeres, se dice que no son mujeres buenas –chopol
ants- o que han perdido su virginidad. En
este caso se pierde todo respeto hacia su persona
y sus cuerpos.
Nuevamente analizando la categoría winik es
que también
funciona como sufijo numeral, pues la palabra es un coeficiente
pospuesto en los clasificadores numéricos tseltales más
comunes y forman con él un nuevo número natural.
Con este sufijo numeral se indican los conjuntos vigesimales
y se adhiere siempre al clasificador que designa las características
del o los objetos, como su tamaño, tipo, forma, calidad,
estilo, hechura y textura, etc., o si se refiere a personas,
animales y objetos.[6]
No obstante, el término
no puede emplearse más allá de
su sentido numérico y clasificador para precisar o designar
la definición de persona; incluso la palabra o categoría
pierde su importancia cuando se trata de numerar a personas.
En cambio, se utiliza otro clasificador para definir a una persona
o conjunto de ellas y diferenciarlas de los animales y objetos
de la naturaleza: el concepto “tul” es un
ser o sujeto humano en términos numéricos sin especificar
su género.
Tul[7] funciona
no solo como sufijo numeral y exclusivamente como clasificador
de personas, sino también como signo
numérico
para distinguir al sujeto o persona que sobresale de un conjunto,
y se utilizará siempre como afijo para hacer operaciones
aritméticas exclusivamente con personas y para distinguirlas
de otros objetos y animales de la naturaleza.
Por tanto, winik y tul son
categorías que añadidas
a los clasificadores utilizados en la lengua tseltal[8] asignan
atributos específicos a cada uno de los conjuntos. Ambas
categorías
son al mismo tiempo signos y símbolos que agrupan y especifican
el mundo de los objetos culturales y naturales, pero no hay que
confundir las categorías, tul es un clasificador y sólo
se usa para numerar personas, es una categoría para personificar;
a diferencia de winik que designa los múltiplos de veinte.
Ambas categorías no pueden proporcionarnos una definición
de la persona tseltal.
En contraste con estos términos
genéricos y numerales
se utiliza “kristianoetik” para designar
a un grupo de personas que pertenecen a uno o varios pueblos
nativos tseltales,
slumaletik, y que realizan diferentes relaciones económicas,
políticas, religiosas entre otros intercambios simbólicos.
Empero, aun cuando la palabra “kristianoetik” provenga
del castellano “cristiano” y tenga sus orígenes
históricos en la Colonia, hay una diferencia semántica
pues se diferencia de la acepción religiosa y se le concede
un nuevo significado para designar a las personas o a la agrupación
de ellas según el contexto donde se utilice; los kristianoetik
bat’sil winiketik comparten las mismas características
y viven en el mismo lugar o en otro diferente con los mismos
rasgos culturales y sociales. Lo sobresaliente de este término
es que cumple la condición de inclusión, trasciende
los límites de una comunidad y se constriñe a las
fronteras de un territorio o región. Asimismo, tiene un
sentido de oposición para trazar las diferencias entre
los kristianoetik indígenas y los kaxlanetik mestizos
y blancos, en donde los primeros celebran las tradiciones y costumbre, sch’unel
taleltik, de los jme’tatik, nuestros antepasados
madres-padres, y los otros controlan las redes de comercio y
las estructuras de
poder municipal que, normalmente, generan relaciones de exclusión.[9]
Un concepto que se utiliza comúnmente en los encuentros
entre sujetos de la misma condición es el de “kermanotik”,
este tiene una designación más local entre los tseltales
para referirse a los individuos de la misma comunidad, lumal, y
de las vecinas, en donde las relaciones sociales son más
cercanas y personales. La categoría no se usa como un término
clasificatorio o de adscripción de parentesco, sino como
una categoría de correspondencia, pues satisface las relaciones
entre sujetos iguales; además tiene un significado de respeto
entre los sujetos de la misma posición y es de orden simbólico.
Efectivamente, kermanotik[10]es
una preposición incluyente;
p. e., se designa con este término a las mujeres embarazadas
de una o varias comunidades porque existe una condición
de vulnerabilidad que las aglutina y las excluye de otros sujetos
de su mismo grupo. O en el caso contrario a los hombres indígenas
que comparten las mismas condiciones de explotación, p.
e., lok’esel kapel kermanotik, cafeticultores
indígenas,
se escucha cuando se congregan en la cabecera de Yajalón
para vender el café a los coyotes mestizos —chopol
kristianoetik o las malas personas, mestizos y ladinos— y
discutir el precio y las relaciones comerciales desiguales que
sufren en la compra-venta del café.
Con estas categorías queremos introducir la generalidad
de los conceptos usados por los tseltales de Yajalón, que
no conciben la idea de una persona sin los nudos que la atan a
diferentes tipos de relaciones de parentesco y a particularidades
locales referidas siempre a las concepciones y límites territoriales,
a las relaciones sociales cara a cara y en la jerarquía
de los distintos cargos políticos y religiosos que se dan
en la estructura social de las comunidades
Por lo tanto, con estos conceptos intento introducir la idea
de que no existe una palabra o concepto único y específico
para definir abstractamente a la persona; para ello, es necesario
utilizar las imágenes que ellos crean y con ello construir
los conceptos necesarios en el proceso simbólico. Los
tseltales de Yajalón recrean diariamente y han vivido
en lo imaginario[11] y
por lo imaginario para construir las concepciones que configuran
a la persona tseltal.
Los tseltales de Yajalón recrean diálogos en relaciones
horizontales de reciprocidad, donde la persona no se concibe
como un individuo aislado sino que forma parte de una urdimbre
interactiva
de sujetos incluyente en un nosotros. Los poxtawanejetik se refieren
a las personas enfermas y sanas como ‘pajalotik’[12] -nosotros
somos parejos o iguales-, es decir, en la salud y en las enfermedades
todos somos iguales, se diluyen las fronteras de la diferencias
de clase, etnia, género y generación. En las oración
rituales se escucha decir a los colaboradores pajalotik ta
jpisiltik ta sk’opol te diose –[todos nosotros
somos parejos o iguales en las palabras de Dios], la inclusión
de los sujetos dentro del proceso de salud-enfermedad-atención,
recrean y crean comunidades dialógicas que interactúan
entre sí con el único fin de construir concepciones
que configuran la noción de la persona tseltal. Sin embargo,
los conceptos antes señalados, aunque se utilizan y son
parte de los discursos cotidianos empleados por los actores,
no dejan de tener su dosis de ambigüedad, porque la persona
indígena
tseltal yajalonteca tiene diferentes máscaras y es mezcla
histórica de los conceptos antes mencionados.
Sin embargo, los conceptos antes señalados, aunque se utilizan
y son parte de los discursos cotidianos utilizados por los actores,
no dejan de tener su dosis de ambigüedad, porque la persona
indígena tseltal es mezcla imaginada de los conceptos antes
mencionados.
COSMOVISIÓN Y CUERPO HUMANO
Para entrar en el terreno del
análisis de la configuración
de la persona tseltal, es necesario primero marcar los rumbos
por los que incursionaré en los conceptos utilizados por
los especialistas. Inicio con que la persona se compone de materia
corporal y en su interior reúne diferentes entidades
anímicas
incorpóreas: la más importante es el ch’ulel,
y las extracorpóreas el animal compañero o yalak’,
y el lab, aunque esta última es una entidad anímica
especial, ya que su esencia se trasforma en animal o entidad
meteórica
y en distintos objetos de la naturaleza que se introducen en
el cuerpo de las personas para enfermarlas.
En este trabajo no abordaré todos los componentes o entidades
anímicas que se reúnen en el interior del cuerpo
de la persona tseltal, pues existen otras que están presentes
en el interior del cuerpo y corazón del hombre tseltal de
Yajalón. Mi propósito es describir y analizar las
relaciones que hay entre el cuerpo, el corazón, el ch’ulel,
el lab y los yalak’; y a ellas me abocaré en las siguientes
páginas.
Para comenzar conviene ser preciso en que el cuerpo es solo una
parte material de la persona, hay que tener presente que dentro
de él existe una cantidad limitada de extrañas
criaturas y entidades anímicas que lo habitan. Bajo la
piel existe una complicada estructura ósea, revestida
de carne humana, bak’etal, que sostiene los órganos/vísceras,
bik’tal/bikil, también además de la sangre,
ch’ich’, corren otros fluidos: semen, sleche jul
at; mocos, simal, y aceites corporales. En el cuerpo humano moran
y
conviven no siempre armónicamente una cantidad de sja’juletik’,
bichos o criaturas animales, junto con el ch’ulel y el
lab —este
habita tanto fuera como dentro de él en sus diferentes
formas animales y meteóricas—, así se da
una reunión
de fragmentos heterogéneos que son parte constitutiva
del cuerpo y tienen cada uno su función. Entonces el cuerpo
humano tiene extensión limitada y no puede ser solo la
suma física, psíquica y anímica de elementos
corpóreos
e incorpóreos que lo integran, porque siempre hay algo
más
adentro y afuera de él, al mismo tiempo es reflejo de
sus entidades anímicas que forman parte de la constitución
de su identidad.[13]
En los rituales, en las plegarias y con el
lenguaje sagrado, k’opontik
Dios, los poxtawanejetik, los que ayudan a recuperar la salud,
se dirigen indistintamente al cuerpo del enfermo/enferma y a sus
entidades anímicas como un todo corpóreo con varios
términos y expresiones: “su cuerpo del hermano/hermana
tiene sufrimientos y dolores”, te schanul kermanotik ay swokol,
designándolo como un símbolo y conjunto orgánico
que constituye un ser vivo de sangre y carne, de huesos, órganos/vísceras,
por mencionar uno de los significados que usan los especialistas
en las oraciones, para observar la vulnerabilidad a la que está sujeto
el cuerpo.
Otro término utilizado más en sentido de metáfora
es el de “somos de Tierra, somos de lodo”, lumotik
ajch’alotik. En las oraciones se utiliza la metáfora
en un sentido de humildad para designar la fragilidad del cuerpo
y de resignación para pedir perdón por los pecados
y faltas cometidas, mulil; pues en el pasado mítico los
primeros hombres eran imperfectos porque Dios los hizo de lodo,
después rectificaría y los modelaría de
maíz,
ixim.[14]
Un término constantemente utilizado en los rituales es
el de “chan-ul”, palabra de múltiples significados.
El concepto admite distintas interpretaciones según el
contexto donde se use, ya que en las oraciones sagradas se dirige
indistintamente
tanto al cuerpo de la persona enferma como al animal compañero
de la misma; se utiliza como sinónimo de chambalam, animal,[15] y
se puede traducir como tal. Más aun, dentro del cuerpo
viven diferentes sja’juletik’, bichos o animalitos,
y, según las concepciones de los especialistas yajalontecos
tseltales, el alcoholismo lo causa uno de estos animalitos que
mora en el estómago y en los intestinos del alcohólico
como refiere el siguiente testimonio:
En la panza del alcohólico,
yakubelwinik, vive una lombriz, un gusanito, schanul jch’ujtik
ja’j, que siempre quiere
más alcohol, no deja en paz al que lo tiene, siempre
quiere más y más. Hay medicina para curarlo pero
no es fácil
sacar al animal de adentro porque siempre quiere regresar al
hermano. Yo he curado a varios que me lo han pedido, solo que
cuesta, se
necesita de muchas plantas para purgar al animal y que salga
de adentro de las tripas, es la misma medicina que usamos para
otros
animales que hay en las tripas y hacen diarrea. [16]
Como indica la cita anterior, los especialistas
se refieren a la enfermedad natural como a un cúmulo de sja’juletik
o en su caso de chanuletik, animalitos o criaturas, que viven en
el cuerpo del paciente. Así, a medida de que el hombre crece
se va poblando de pequeños animalitos o bichos, algunos
perjudiciales y otros no tanto; pero la persona tiene que soportarlos
y aprender a vivir con ellos dentro de su cuerpo. Sin embargo,
estos no pueden ser confundidos con el ch’ulel, pero sí con
el lab, pues hay correspondencia con los yalak’ y las enfermedades
propiciadas por el lab. Los labwanej prestan las características
de diferentes animales, plagas de diferentes insectos y objetos
de la naturaleza para introducirlos en el interior del corazón
y cuerpo de las personas que quieren enfermar.
Se ha dicho algo todavía más sorprendente de los
yalak’: hay uno que especialmente sobresale de los demás,
un animalillo que no solo viviría en el cuerpo, que anida
y guarda estrecha correspondencia con el corazón de hombres
y mujeres, que es parte mismo del cuerpo y es idéntico en
cada campesino tseltal. Lo que en la literatura etnográfica
de Los Altos de Chiapas se conoce como “el ave del corazón”(Pitarch
1996:80), mismo que forma una entidad anímica aparte de
las que integran a la persona. Para efectos de nuestra argumentación
diremos que el cuerpo del hombre es poseedor no de uno sino de
muchos animales diferentes, y aquí cabe la segunda acepción
del término cuerpo que los especialistas proporcionan cuando
observan la relación entre yalak/chanul, cuerpo/animal,
y es que también lo nombran como yawil, recipiente, y yajwal,
su dueño o patrón. Con estos términos nos
aproximamos, aunque sutilmente, a la noción tseltal de cuerpo
humano, siempre partiendo de las explicaciones y argumentos de
los especialistas para ser fieles al imaginario que ellos crean
de sí mismos.
Por otra parte, el análisis semántico de la palabra “chan-ul” nos
indica que al mismo tiempo funciona como sustantivo para designar
lo enteramente animal del cuerpo humano. Por tanto, podemos interpretar
e inferir que la voz “chan-ul” designa conceptualmente
el conjunto de extremidades corporales, las ocho venas —vasos
sanguíneos— que componen el cuerpo y los diferentes
fluidos corporales, las vísceras, los huesos y el corazón
que integran los rumbos corporales y que están representados
por la cabeza, jol; las piernas, a’il; los brazos, k’abal,
y el cajón o centro, el o’tan o corazón. Consistente
con los elementos de su cosmovisión, en los rituales terapéuticos
el cuerpo se coloca en dirección de los rumbos cardinales
del Balumilal-Tierra-Cosmos; el ritualista simbólicamente
ubica la salida y el camino del sol. Esto es más claro cuando
se analizan las oraciones de diferentes ritos, pues el poxtawanej
manipula los cuerpos de los enfermos y los coloca en posición
horizontal o vertical con la mirada al oriente.
En los espacios rituales los poxtawanejetik
rebasan las fronteras que impone el cuerpo humano, pues no existen
límites entre
el espacio corporal y el ritual cósmico. El altar tiene
una fuerza centrípeta porque atrae y congrega las entidades
anímicas en el cuerpo humano, es también el espacio
del vínculo social y natural de signos y símbolos,
en donde se gesta todo tipo de rituales que a su vez conciben símbolos
que se corporizan; es el vehículo de vivencias y experiencias
corporales y anímicas. En este sentido el rito es agente
mediador entre el cuerpo y la estructura del mundo simbolizado
en el altar del poxtawanej.
En los rituales se manipula y asumen varias
posturas corporales tanto para proteger el cuerpo de los enfermos/enfermas
como en
la realización de actos de mediación simbólica
entre el cuerpo y el Balumilal-Tierra-Cosmos. Al principio la posición
corporal es vertical, tek’el chanul, de pie en posición
erguida y mirando siempre frente al altar con la cabeza levemente
inclinada. La cabeza simboliza el toyol del cuerpo —la extremidad
superior— y representa el supramundo, los pies y piernas
son el yetal —debajo de la Tierra— y representan el
inframundo, como señala un colaborador en la siguiente narración:
En la cabeza llega y entra el
ch’ulel y la bendición,
por eso en la rameada, mesel, siempre se empieza primero
por la cabeza aun cuando está parado, y cuando está acostado
se termina en los pies. Porque el balumilal está cerrado,
hay días que se abre; es igual que las autoridades
de la comunidad, toda la semana trabajan, si alguien te visita
no te
encuentra porque estás trabajando. Cuando se abre
la puerta del balumilal es porque lo necesitamos, le pedimos
algo,
hay problemas,
se puede abrir y se le pide, pero no en cualquier día:
los sábados, domingos, lunes y miércoles no
se trabaja. Los lunes y miércoles se trabaja solo
para ramear, ya que es sencillo. Los días martes y
jueves se trabaja porque las puertas del balumilal están
abiertas, todo sale y entra, es igual que nuestro corazón.
En la noche no se puede trabajar porque da sueño y
no podemos ver bien, y el trabajo puede ser que no quede
bien;
se levanta
uno temprano y se deja de trabajar
a las tres o cuatro de la tarde. Es igual que trabajar en
campo. Yo trabajo para rezar al balumilal cinco horas diarias,
se
hace con calma para que lo acepte. Es igual que si alguien
te visita
a la carrera, no queda uno contento, en cada regalo se le
pide algo. Los doctores no abren sus consultorios por la
noche,
te lo abren pero te cobran el doble. [17]
En los ritos terapéuticos el cuerpo cambia constantemente
de postura, en algunos desde su inicio se coloca el cuerpo del
enfermo/enferma en posición horizontal, wayal chanul, boca
arriba y mirando la barrida del sol; la cabeza se dirige al smalib
k’ak’al, poniente, que es el fin de las cosas y por
donde el sol se oculta; los pies están orientados hacia
el sloki’b k’ak’al, oriente, por donde nace el
sol; la mano derecha representa el sur por donde llega la vida
y todo lo bueno, y la izquierda el norte por donde llegan las personas
de doble corazón, los burladores, labanwanejetik y p’ich
o’tantawanejetik. Este acto se realiza cada vez que los poxtawanej
se enfrentan a una enfermedad complicada, para juntar fuerzas y
hacer sostén y crear un frente único contra los pukujetik
labetik. Se busca a cuatro o seis viejos o ancianos, mamaletik/me’tik,
hombres o mujeres, para que ayuden a sostener los cuatro rumbos
cardinales del Balumilal-Tierra-Cosmos. Son los oyetik, los horcones;
su función es simplemente apoyar en los rezos y colocarse
alrededor del enfermo para sostener la fuerza del balumilal, según
indique el poxtawanej, como se lee en la siguiente narración:
Como les gusta hacer fiesta,
es la costumbre, como molestaron al animal, yalak’, buscaron
música [se refiere al
animal compañero de la persona], bailaron, dice
que así le
dijeron en el sueño al profesor: busque seis principales
hombres, trensipal winiketik, y seis principales mujeres,
trensipal antsetik, para que sean pareja de baile; bailaron
ahí en
el campo. Los de la seguridad pública nos vinieron
a ver, era un camión, y nos preguntaron: “¿qué hacen?, ¿alguien
murió?”, decían; “¡no,
hay un enfermo!”,
le contestamos. “¿Quién está curando?”. “¡Aquel
hermano!”. “¿Cómo se llama?”. “¡Es
tal!”. “¡Ah, bueno! Está bien
que sepa curar, poxtawanej”. “¡También
nosotros somos campesinos! ¡No somos kaxlanes!, solo
porque trabajamos en esto”. Hasta nos regalaron dos
litros de trago, ¡cómo
estaba lleno el campo! [de gente]; llegamos a la casa del
niño,
empezamos con la fiesta. Al día siguiente regresé a
mi casa, el niño vino conmigo, estuvo ocho días
aquí acostado,
así se curó, sólo utilicé el
cascarón
y la escama de la culebra y prepare hierbas, ja’mal,
solo esos tres. [18]
También los especialistas
hablarán del centro del
cuerpo como una cajón o caja, kaxa, donde su principal
función
es la de contener las vísceras, bikil; los pulmones,
pusuk’;
el corazón, o’tan, y los huesos, ba’ketik,
parte esencial de la estructura corporal. Como ejemplo
tenemos la siguiente
narración de un especialista en unir los huesos,
ts’ak’bak,
que dice:
Sí, en la quebradura de
huesos se ve cómo es por
dentro la carne, se puede curar, se siente [chikan, se
ve-se siente]. Yo lo siento muy bien, es como si lo estuviera yo
viendo el hueso;
cuando ya lo sentí, si el hueso está quebrado,
o partido en pedacitos o rajado, lo emparejo así [señala
con los dedos que jala, que empareja como dando masajes
o caricias en la parte dañada]. Lo emparejo en
todo, al terminar si hay huesos encaramados lo jalo y
tallo al mismo tiempo, me ayuda
una persona a agarrar al hermano, kermanotik, y jalo
y tallo la fractura. Si las puntas de los huesos se juntan
los aplasto hacia
adentro y así queda, sólo así hago,
no se necesitan hacer muchas cosas, no es gran cosa. [19]
Los especialistas dedicados a
unir la quebradura de los huesos tienen una percepción más nítida de la complejidad
estructural anatomofuncional del cuerpo; la imagen corporal es
metonimia estructural de la complejidad ósea unida por tornillos
y aceites, como indica el siguiente diálogo:
—¿Qué hay
adentro del hueso?
—
Tiene tutano —médula—, en medio del hueso hay
tutano, el hueso tiene un túnel, es su aceite.
—¿
Qué pasa si sale todo eso?
—
Pues es por eso que a veces ya no se mueve, muere su vena y si
muere ya no se mueve, queda inmóvil por lo que salió todo
el aceite.
—¿ Tienen nombres en tseltal los huesos?
—
Pues el nombre que le decimos “huesos” es bak’,
el hueso que le decimos en español.
—¿
Cómo se le dice a los huesos de la muñeca en
tseltal?
—¡
No sé!, si no tengo estudio [ma jna jun, no sé leer
ni escribir], se le dice el ojo de la mano, sit kabtik’.
—¿ Los codos?
—
Yakan k’abal.
—¿ El brazo?
—
Es el ch’ixil bak’ [de un solo hueso], no tiene
tornillos, es solo un hueso [se refiere al antebrazo].
—¿
La muñeca?
— Esta tiene tornillos.
—¿
Cómo se llama?
—¡
No sé!
—¿
Será la nuca de nuestra mano [snuk kabtik]?
— Es eso, yo lo siento muy bien.
—¿
Los hombros, cómo se llaman en tseltal?
— Nejkel.
—¿ En los pies?
— La rodilla, jol akanil [la cabeza del pie].
—¿ Los tobillos?
— Sit okol [el ojo del pie].
La imagen corporal[20] se
presenta llena de símbolos compuestos;
el cuerpo se concibe limitado, como una caja mecánica
unida por tornillos y lubricada por aceites que corren
por el interior
de los huesos; el interior del cuerpo humano es reflejo
de un complicado mecanismo, porque en su interior los
huesos no sienten dolor, el
dolor lo siente el corazón y lo resiente el ch’ulel.
—¿Todas esas partes
se pueden fracturar?
—
Sí, el ojo del pie, al zafarse el hueso sube, es como una
munición que resalta si es que se torció al poner
mal los pies en el suelo, es como una canica, sólo busco
eso y lo aplasto hacia adentro, si desapareció es porque
quedó bien el hueso.
—¿
Sólo una vez?
—
Sí, sólo una vez, no son dos, tres veces que
lo compongo, con una basta.
—¿
La costilla, cómo se llama? [al preguntar por las partes
del hueso, no le digo el nombre en tseltal sino señalo
la parte del hueso que pregunto]
—¡ Costilla!
—¿
El corazón?
—
El hueso del o’tan, corazón, sbakel sni ko’tantik,
el hueso de la punta del corazón o el hueso de la nariz
del corazón [por el aspecto de la nariz que es puntiaguda;
la punta en tseltal se dice sni’il, de la raíz
sin].
—¿
La parte de la espalda, los huesos de la espalda, cómo
se llaman?
—
Es puro tornillo en la espalda, es como un árbol, es la
fuerza, se llama “ch’ixpat”.
En este sentido la imagen corporal es simetría y reflejo
del rostro, cabeza, cuello, y nuca —sit, yelaw, jol, nuk’— imágenes
corporeizadas del cuerpo mismo. Para referirse especialmente a
las articulaciones de los huesos se designan como metáforas
del toyol —la extremidad superior— del cuerpo humano
y se corporizan las uniones de los extremos de los huesos para
hacer referencia a las cabezas de los pies —las rodillas—,
ojos de los pies y manos —tobillos y muñecas—,
el cuello de las piernas —fémur y cadera— y
la nariz del centro o hueso del corazón —el tórax.
Siendo consistentes con el uso de los significados
corporales, los especialistas, en este caso las parteras, designan
el útero
materno diciendo que es el vientre de la mujer, mech’ujt’ul.
En un sentido más simbólico es el órgano donde
se digieren las semillas corporales del hombre y la mujer para
dar forma a los nuevos seres que están por nacer, a los
alaletik, bebés; el órgano en donde se juntan el
ch’ulel y el cuerpo, la región corporal donde Dios
concede los regalos y dones al bebé para lo que le depare
el destino en la Tierra: el slok’ib k’ak’al,
salida del Sol.
En resumen, la actividad ritual siempre tiene
como objeto o como centro gravitacional el cuerpo mismo, ya sea
en el parto y nacimiento
o en los distintos ritos terapéuticos y religiosos; es parte
de la estructura simbólica que le da sostén a los
fragmentos o entidades anímicas que la integran. El cuerpo
se piensa como una imagen de continuidad entre el Balumilal-Tierra-Cosmos,
y el mundo ch’ul, sagrado, en donde las transferencias son
múltiples entre ambos mundos. También el cuerpo es
el vínculo de las vivencias, experiencias y creatividad,
y al mismo tiempo ámbito de dominio y poder, ya que se encuentran
reunidos en él unidades dinámicas que solo hallan
razón de ser desde la propia perspectiva cultural tseltal;
pues, el punto de partida en todo acto individual o colectivo es
siempre el cuerpo humano, “cuyas características y
cuyos enigmas pesan en la constitución de todos los sistemas
simbólicos”(Augé 1998:61). Llegamos al fin
al paradigma corporal para entender que la imagen corpórea
sintetiza la comprensión del universo de la cultura (Bartolomé:
2004:148). Las emociones que experimentan las personas tseltales,
que más adelante abordaremos, se generan en el cajón
del cuerpo —tórax—, en el centro donde se ubica
el corazón; en la cabeza se expresa el lenguaje que brota
del centro corporal, del interior del corazón del hombre.
EL CH’ULEL Y EL CORAZÓN DEL HOMBRE
La descripción anterior
trata de pasar lectura a varios acontecimientos que están
presentes e íntimamente
relacionados entre sí: el chanul, el ch’ulel,
los yalak’ y el lab. Estos elementos anímicos
y corporales son partículas simbólicas
que reunidas forman la complejidad heteróclita
de la persona. En el diagnóstico
de las enfermedades los distintos especialistas reflexionan
la ontología del ser a través de la
lectura de los diferentes signos y símbolos
que integran el complejo campo semántico[21] que
integra el ch’ulel. Esta entidad o concepto
lo entienden y lo explican como un ente etéreo
que forma parte de nuestro cuerpo y no se puede ver
a simple vista, se encentra en la sangre
y también en el aire, pero sin duda se puede
escuchar-sentir, ka’iy. Para lograr este propósito,
se necesita tener un arte o don, stalel[22],
para sentirlo, escucharlo y verlo. Muchas
veces se puede confundir con una sombra o fantasma,
nojk’etal,
pero no es, porque esta parte del ser pertenece al
mundo ch’ul,
sagrado, esencia que solo se puede manifestar o revelar
en el sueño
o hablar con ella en el diagnóstico de las
enfermedades y en los ritos terapéuticos[23].
En el sueño, wayich, se revelan las formas que esta entidad
anímica toma o forma. Solo los muy dotados, los que traen
su regalo desde el nacimiento, majtanil, pueden ver el ch’ulel
de las personas comunes, pueden sentirlo, escucharlo, hablarle
y liberarlo cuando es atrapado por un lab o por un ajaw o señor
del monte. En los versos mismos de los rezos, oraciones y plegarias,
los poxtawanejetik se refieren a él con muchas expresiones
metafóricas, se dice que es sombra del cuerpo, nojk’etal;
que es retoño de vida, spul kuxlejal; que es gran hilo de
la vida, muk’ul ch’ajan; que es regalo sagrado de Dios,
majt’an ch’ul Kajwal; en los rezos se refieren al xich’uk’al
de la persona y la relación que guarda con Dios. Se nombra
como arcoiris o rayo, sanselaw, cha’wuk’; se identifica
como un animal, chambalam, que a su vez toma diversas formas de
reptiles, aves, felinos o cualquier otro animal —chan, ts’unun,
choj— de los que viven en las montañas sagradas o
lugares sagrados, cuevas, lagunas y ríos, los sk’inalel.
Por eso se dice que la persona tiene en su
interior yalak’,
animales o bichos, compañeros, que estos mismos se utilizan
para meterlos al interior de la persona y enfermarla. Se comparan
con objetos inanimados —herramientas de labranza o de cocina— que
después se animan. Se mezclan distintos atributos animales
y de insectos con cosas meteóricas: víboras y felinos,
mariposas o libélulas, arco iris, rayos, vientos y nubes;
entes que tienen color, brillantes destellos y luz. Al mismo tiempo
estas formas etéreas están en referencia con el cuerpo,
pero sobre todo son acordes con las características constitutivas
de la persona; es decir, definen incluso sus características
físicas o fenotípicas.
Pero el ch’ulel también
se relaciona con la inteligencia, con la capacidad de pensar
y de actuar y sentir-escuchar.[24] Por
esto mismo, se dice que es “la fuerza de la vida
en mi corazón”,
tulan kuxlejal yo’tan. Entonces, para los tseltales
de Yajalón
el ch’ulel tiene muchos aspectos y cualidades,
es diverso como diverso son los hombres y mujeres.
Una peculiaridad más
del ch’ulel, que no deja de ser extraordinaria,
es su capacidad de desprenderse con facilidad de
su portador o dueño, yajwal.
Una caída puede ser motivo de desprendimiento
o pérdida
del ch’ulel, sobre todo en los niños
pequeños,
pero también puede suceder en los adultos.
Asimismo en el sueño se desprende, sale a
caminar fuera del cuerpo y de la casa donde mora,
puede estar en lugares distantes mientras el
cuerpo yace reposando, conectado por un hilo que
lo mantiene siempre en contacto con su cuerpo puede
viajar tan lejos cuanto le sea
posible, el tiempo y el espacio no representan obstáculo
para realizar sus viajes nocturnos.
La persona normal no puede conocer fácilmente su ch’ulel,
necesita la ayuda de los padres y de los especialistas, chichil
partera y poxtawanej; toda persona al nacer trae su majtanil, regalo
especial que le concede Díos; pero este se guarda en secreto,
no se puede nombrar con palabras o dialogar sobre él, lo
que es cosa sagrada es innombrable, aunque no desconocida. En el
nacimiento, la chichil, partera, se da cuenta del tipo de ch’ulel
y de las características y poder de éste en el recién
nacido; lo ve por la forma de nacer; dice que viene acompañado
o trae adornos, que el cuerpo del bebé está adornado.
El regalo se encuentra ya en la placenta o envolturas, pojtsil;
en el cordón umbilical, ch’ajan ch’ujt o en
el cuerpo del bebé, chanul alal, en forma de mancha blanca
o negra que en lengua tseltal se dice sak pejts’ y yeben,
respectivamente; viene envuelto o tiene forma de un collar, pero
afirman que solo los padres deben saber el significado del talel —carácter,
genio o modo, me inclino por interpretarlo como en el contenido
de una forma—; es decir, el comportamiento de cómo
será el nuevo individuo y qué tipo de artes y/o talentos
trae, si va a ser bueno o malo en su familia y en la comunidad.
El stalel es la forma interior del ser de la persona, el tipo de
ch’ulel depende de este regalo, majtanil, que acompaña
al recién nacido, y es el que determina el destino y futuro
en el mundo, qué cualidades o talentos traerá y qué actividad
realizará o en qué sobresaldrá el niño
o niña en su comunidad.
Los tseltales de Yajalón manejan los dos términos,
cuando dicen “ay stalel” es porque tiene un ch’ulel
poderoso o fuerte, cuando dicen “ay sch’ulel” es
porque tiene un stalel, un arte o don excepcional, no es solo un
juego de palabras de la lengua simplemente para designar y dar
significado al ch’ulel del nuevo ser que nace en la comunidad,
sino que tiene que ver con un concepto ontológico del ser
y su destino en el mundo.
Cuando se interrogó a los especialistas por la precisa
ubicación del ch’ulel en el cuerpo no nos proporcionaron
con exactitud una región corporal; pero en las oraciones
terapéuticas o rituales, especialmente en el lenguaje sagrado
o k’opontik Dios, nuevamente se nos revela la geografía
corporal que recorrer el ch’ulel en su viaje por la sangre.
Los especialistas creen que el corazón se compone de ocho
venas y el ch’ulel las recorre todas indistintamente. La
sangre nutre la cabeza, pero sale del corazón. Emana desde
el centro y se distribuye por todo el cuerpo, entonces las oraciones
del k’opontik Dios tienen el fin de penetrar y anidarse en
el centro del cuerpo de la persona, porque allí reside preferentemente
la fuerza del ch’ulel, de la vida y de la inteligencia de
la persona.
Para ellos, los especialistas,
el corazón no es solo un órgano
más dentro del cajón que forma el cuerpo,
chanul kaxa, es el órgano gravitacional donde
se gestan los deseos, las emociones, sentimientos,
pero además se genera el entendimiento,
la comprensión y la obediencia, al igual que
el recuerdo. El verbo “ch’un”,
de la legua tseltal, se relaciona íntimamente
con la acción del entendimiento, comprensión,
y al mismo tiempo con la obediencia de la persona.
El corazón
sabe antes lo que la cabeza piensa, porque allí se
crean, explican y se nombran los diversos estados
emocionales de la persona,
allí se relaciona el sentimiento en confluencia
con los pensamientos característicos de cualquier
agitación
y trastorno de la mente o cualquier estado mental
vehemente o excitado del “corazón”,
o’tan: lek a yo’tan,
placentero o bondadoso; cha’yen yo’tan,
sorprendido, distraído; mel yo’tan,
triste o preocupado; slab yo’tan,
burla de corazón o burlador o mentiroso; kuxul
yo’tan,
afectuoso, bondadoso; p’ij yo’tan, inteligente;
k’ixin
yo’tan, violento, y así se pueden seguir
nombrando diferentes estados emocionales sucesivamente
todos en relación
con el corazón. Existen otros estados que
no tienen la raíz
de la palabra “corazón”, aunque
se gestan en él;
palabras como bolobel, afligido o fastidio; labonel,
burlador o burlarse de alguien; xi’el, temor
o miedo; k’exlal,
vergüenza o pena; sk’opol ko’tantik,
pensar mucho o hablar mal; ch’ay ta yo’tan,
caer mi corazón
u olvido, son estados que resultan difíciles
de definir y tienen que ver más con la construcción
de un padecimiento, con el nombre de la enfermedad
más que con la identificación
particular de un sentimiento. Sin lugar a duda, puede
considerase el centro rector del carácter
e inteligencia de la persona, pero no es sinónimo
de ch’ulel[25].
Para los tseltales de Yajalón
no significa que el ch’ulel
esté arraigado en el verdadero órgano,
sino que el corazón para ellos es la inteligencia
y la forma de pensar, sentir y actuar; el ch’ulel
circula por la sangre de las personas. En caso contrario,
cuando una persona es grosera, arremete
física y emocionalmente contra un compañero,
kermanotik, se le dice “ma’yuk yo’tan”,
literalmente significa “no tiene corazón”;
ma’yuk sch’ulel,
no tiene su ch’ulel. Se califica a la persona
como carente de sentimientos, de inteligencia, de
pensamiento.[26]Por
ello, con el transcurrir del tiempo la persona franquea
por
diferentes estados, es decir, la persona y su ch’ulel
pasan por un cambio. En las fases de crecimiento
corporal son más que evidentes
los cambios físico-emocionales por los que
atraviesa la persona: de alal, bebé, transita
a kerem, niño; de
winik, hombre, a mamal, viejo; de ach’ix, muchacha,
a ants, mujer, hasta me’el, madre y/o vieja.
Al mismo tiempo estas etapas del crecimiento denotan
el desarrollo de la fuerza del ch’ulel.
Cuando el desarrollo emocional y corporal
llega a su plenitud, la persona tseltal se autocalifica como
winikubon: me hice hombre;
antsubon: me hice mujer/madre, para indicar el grado de madurez
que han alcanzado, por lo tanto se consideran personas completas
porque han llegado a la plenitud del uso del lenguaje, del pensamiento
y del control de sus sentimientos, además de que se han
convertido en padre o madre, en cabeza de familia.
Es así cómo las personas buenas e inteligentes,
lekilal winik, sp’ijil winiketik, son las que tienen un ch’ulel
preparado para enseñar, p’ijubtesel sch’ulel,
o curar, poxtayel; están capacitados, p’ijubtesbil,
para preparar a otros a aprender, o en el caso de los poxtawanej
preparados para sanar-salvar. Estos forman una unidad, p’ij,
entre ch’ulel y cuerpo, chanul, entre corazón y cabeza,
o’tan-jol, inteligencia y emoción. Los que tienen
el ch’ulel verde y blanco son buenos, hablan bien, aconsejan
a la gente, ayudan a la gente, se preparan bien, trabajan bien,
todo lo hacen bien, son bienhechores de la comunidad. Entonces,
los envidiosos no quieren, ahí empiezan los problemas, las
envidias, propician enfermedades a la gente, buscan la forma de
cómo echar males a las personas, para que no produzcan nada,
para enfermarlas, para restarle fuerza al ch’ulel. Los colores
del ch’ulel de estas personas son el rojo y el negro, mismos
que se consideran lab.
En el diagnóstico, el p’ijilwinik, hombre inteligente
o sabio y diagnosticador de enfermedades, puede identificar si
el ch’ulel está en el cuerpo o fuera de él,
si ha sido atrapado y encarcelado en un lugar oscuro o en una cueva,
o ronda vagando por sitios montañosos y lejanos. Si en el
sueño su voluntad es vagar, mientras el cuerpo yace inerte
o inmóvil, y le propicia buenos o malos sueños a
la persona, chopol wayich, los cuales se expresarán en una
enfermedad.
Otro signo del ch’ulel es que es indestructible, a menos
de que caiga en manos de los labetik, que lo pueden cocinar y devorarlo,
lo que propicia romper el lazo que lo une al cuerpo, y por tanto,
llega la muerte de la persona. Las personas de buen ch’ulel
al morir se van al ch’ulchan, o estrato superior, toyol;
los de las personas malas o las que cometieron faltas y pecados,
mulil, se quedan en la Tierra atrapados en las cuevas, ríos,
lagunas, arboledas o en otras cosas de la naturaleza, o en el estrato
intermedio, o’lil lum; las peores se van a calentar el k’atinbak’ —lugar
donde se queman los huesos— que se encuentra en el estrato
inferior, yetal, o en la profundidad del interior de la Tierra.
A propósito de las temperaturas corporales, los especialistas
consideran que la sangre es al ch’ulel, lo que la carne es
al hueso, bak’-bak’et. La característica del
primero es caliente, mientras que el hueso se considera frío
y sin vida, sin color, es blanco en oposición al color rojo
intenso de la sangre y a los brillantes destellos del ch’ulelal. ¿Será por
eso que en el k’atinbak los huesos se calientan y se queman,
como una forma de redimir la maldad expresada en el frío
o gélido comportamiento concupiscente de las personas envidiosas
y de doble corazón, cheb o’tan y pich’o’tan?
Por último, falta mencionar un aspecto más del ch’ulel
que no deja de sorprenderme. Algunos especialistas consideran que
las personas tseltales de Yajalón pueden llegar a tener
como máximo tres tipos diferentes de ch’ulel. Se les
considera personas excepcionales, aparte de tener un ch’ulel
y lab rayo verde o blanco, sakal cha’wuk y yaxal cha’wuk,
pueden tener diferentes yalak’, criaturas que como animales él
los manda. Es su yajwal, su poseedor o dueño, su amo; como
el ajaw o señor de la Tierra, que posee diversos animales
en sus corrales ubicados en las cuevas de las montañas sagradas.
EL LAB Y LA PERSONA EXTRAORDINARIA
Primeramente hay que hacer una
distinción de orden simbólico
entre el animal compañero de la persona
tseltal y el lab, pues todas las personas poseen
un animal compañero, schanul
o chambalam, pero no todas un lab. Solo las
personas excepcionales poseen uno o varios
labetik. También hay que aclarar que
el vocablo “lab” no proviene del
verbo transitivo labanel, burlar; o intransitivo
labanwanej, que es el acto de burlase; o
de expresiones como yakal ta labanwanej, se
está burlando
de una persona. Para designar a una persona
con yu’el, fuerza
poderosa o excepcional, se utiliza la expresión
mero stsajal, tiene lab o es un labwanej dueño
o poseedor de animales poderosos, o en su caso
de formas meteóricas poderosas que
se mueve en el espacio exterior, entre la Tierra
y el Cielo, Chichimamtik-Ch’ulchan.
Los colaboradores son especialistas en identificar
a los labwanej. Relacionan el lab con una forma
particular de “arte o cualidad
especial para transforma su ch’ulel o
varios de ellos”en
las diferentes entidades ya mencionadas. Se
cree que estas personas utilizan dichas cualidades
extraordinarias para sobresalir de la
comunidad e imponer su voluntad y dominio sobre otras.
Comúnmente se asume que
el lab es el referente cultural del nagual mesoamericano porque
asume formas de animales.[27] Haciendo
eco de las palabras de Pitarch para referirse a los
labetik tseltales de Cancuc, en Los Altos de Chiapas, nos dice
que “Los lab
son de muy diversa condición y no existe una
clasificación
rigurosa de sus tipos”(1996: 55). En este caso
describiremos y clasificaremos solo a los labetik
de los tseltales de Yajalón
como ellos mismo los identifican y definen.[28]
El lab para los yajalontecos tseltales es
un tipo especial de entidad que guarda estrecha relación con el ch’ulel,
el chanul —cuerpo— y los yalak’ —animales—,
y se puede identificar como un tipo especial de chambalam: animales
carnívoros, domésticos, acuáticos y distintas
aves de rapiña; y fenómenos meteóricos como
rayos —rojos—, nubes, luces y destellos —también
rojos—, ventarrones, remolinos y aires. Pero no todos los
chambalametik, animales, que viven en la naturaleza son labetik,
p. e., los animales de los dueños de la Tierra, ajawetik,
que viven tanto en la superficie como en el interior de las montañas
y lugares sagrados, no pueden ser lab ni usarse con el propósito
de enfermar a una persona; pues los ajawetik, señores o
cuidadores, de los lugares sagrados, sk’inalel, pueden tomar
represalias contra quien sin su permiso utilice a sus animales
con fines malévolos.
La idea anterior trata de trazar el entendimiento
entre quienes se hacen acreedores y poseedores de un lab, ya
que existen solo
en personas excepcionales. Este tipo especial de entidad sagrada
habita tanto en el exterior como en el interior del cuerpo de las
personas poseedoras, “chopol kristianoetik o labwanej”.
La opinión de un poxtawanej colaborador se relaciona con
que los labetik han existido desde mucho antes que los hombres
en la Tierra, por ello su carácter divino y sagrado. Al
respecto nos dice lo siguiente:
Yo no sé si todos los
kristianotaktik tienen lab. Bueno, las personas dicen que hay lab,
los he encontrado en el cuerpo
de los enfermos. También lo dice la Biblia,
dice que siempre hay ch’elelaletik, dice:
que hay un perro que salió del
agua y vomitó sobre la Tierra, el vómito
tomó vida,
de ahí salió [el] gato de monte,
wax; gato, mis; zopilote, jos, y perro, ts’i.
Salieron todo tipo de animales y se metieron en
el cuerpo de las personas, por eso se dicen que
hay algunas personas que sí tienen lab. [29]
Es importante matizar que el colaborador
que proporcionó esta
interpretación es al mismo tiempo poxtawanej y catequista,
tiene una capilla ubicada en su solar donde realiza no únicamente
actos litúrgicos y catequesis sino también ritos
terapéuticos. Basa sus enseñanzas de la Biblia en
una versión traducida al tseltal realizada por los diáconos
católicos de la diócesis de San Cristóbal
de Las Casas, dentro de los cánones de la teología
indígena. La interpretación que nos proporcionó del
lab no rompe con los preceptos de la teología india sino
que los refuerza y los sustenta porque como él comenta todo
lo que dice la Biblia es palabra y al mismo tiempo es verdad, en
un sentido de “real”.
En esta región, los labetik se consideran dadores de enfermedad
y son el principal vehículo de un mal echado propiciado
por los ak’chamel o labwanej. Se nos ha informado que las
enfermedades de los labetik pueden ser trasmitidas a través
de diferentes formas de animales y fenómenos meteóricos.
Es decir, el ch’ulel de la persona que propicia el mal toma
las características de un animal o de fenómenos meteóricos
como aires, nubes, ventarrones, remolinos, luces o destellos, y
rayos —de este último hay de dos tipos: verdes y rojos,
los rayos rojos son los más poderosos y temidos—.
Alteran su forma y toman las características más
raras de las existentes en el Chichmamtik, la Tierra partera-abuelo,
para meterse en el cuerpo del enfermo/enferma y dañar por
dentro al ch’ulel de la persona o en su caso atraparlo y
devorarlo en un lugar apartado junto con otros compañeros,
generalmente en el interior de una cueva, en la profundidad de
la Tierra o en el cruce de caminos. En este sentido el lab es un
ser chopol con la especificidad de ser una entidad propiciadora
de mal o enfermedad, pero también se considera un ch’ulel
que forma parte de la persona.
Existen muchos tipos de lab, los carnívoros son los más
peligrosos y temidos. Los más comunes son el choj, jaguar;
techoj, tigrillo; wax, zorra, los dos primeros son muy peligrosos,
más que cualquier otro lab, y generalmente las personas
que tienen uno de estos dos lab son consideradas muy irascibles —k’ajk’ch’ich’el,
caliente—. Hay otros tipos de lab que son aves de rapiña,
entre los más frecuentes están el xoch’, tipo
de búho; xku, búho pequeño, y el wako, tipo
de águila que durante el día canta, come y vuela
pero en la noche hace el mal. Muy maléficas se consideran
a todas las serpientes, chanetik. En especial las serpientes acuáticas
son un schanul del río, ja’, que los labetik utilizan
para introducir mal en las personas. Estos labetik se consideran
muy malévolos porque pertenecen a las entrañas de
la Tierra, seres-animales que no tienen piernas ni pezuñas
y que viven arrastrándose sobre la superficie de la Tierra.
Las serpientes de agua, en especial la anguila, chanja’,
es utilizada como agente de males echados difíciles de identificar
y de encontrar la materia médica y sagrada para tratar a
la persona enferma por su lab.
Los animales domésticos también pueden ser lab.
Los más comunes son el perro, ts’i’, y el gato,
mis; pero también aparecen la vaca, wakax; el caballo, kawu;
la mula; el puerco, chitam; el guajolote: me’tuluk hembra,
kots macho, y el burro. Estos lab no son muy poderosos pero sí pueden
introducirse, otesel, en el cuerpo de las personas para causar
daño. Se habla especialmente de dos labetik muy temidos,
el primero es el macho cabrío, el tensun, el segundo es
el ik’al ts’i’, perro negro con hocico de lumbre;
los cuales se relacionan con el pukuj, diablo, porque tienen pacto
con él. Las personas excepcionales intentan cuidarse de
ellos y en general se protegen de estas entidades.
Bueno, en una ocasión,
este, venía yo caminando
en el rancho del Faro y escuché la ladrería
de perros acá. Hay un arroyito allá abajo,
entonces ese arroyito estaba así muy encumbrado.
Y el perro venía, un perro
pinto, ¡pero tenía brasa en el hocico!,
le decían, ¿cómo
le decían al perro?, tiene un nombre, ¿cómo
se llama ese perro? Ahí venía yo
cuando lo vi que venía en lo alto, pero
yo siempre caminaba con la pistola, y cuando
yo estaba abajo pasó arriba, lo balacié (sic)
y cayó así al lado, toda la brasa
que tenía
en la boca hecha pedazos, pero, después
fui a buscarlo y ya no había nada. No
había nada. [30]
Los labetik cabras y perros se consideran
especialmente peligrosos porque pueden traer enfermedades difíciles de curar, además
de que son escurridizos y no siempre se pueden atrapar. Estos lab
actúan especialmente en la noche, llegan a la casa de la
o las personas para introducirse en el espacio doméstico
y causar destrozos y enfermedades. En las sombras ocultan su verdadera
identidad.
El día y la noche, te k’ajk’al–te ajk’abal,
son fenómenos físicos ineluctables y guardan estrecha
relación con las entidades anímicas de la persona.
La oscuridad de la noche se asocia con el lab, mientras que el
ch’ulel es luz y resplandor, xojobal ch’ulel; no obstante,
también sale de noche del cuerpo de su poseedor. De tal
manera que el Sol, te k’ak’al, tiene una importancia
crucial en la vida diaria y fija los ritmos de actividades diurnas
y nocturnas. La aparición y desaparición del astro
imprime a la vida un carácter sagrado, luminoso y al mismo
tiempo numinoso. El día-sol se concibe como la continuidad
de los actos y actividades de los hombres en una unidad espacio-temporal.
A la luz del día toda práctica se concibe como acto
bueno, pues el Sol-Kajwal observa los actos realizados por los
hombres y castiga las conductas prohibidas de sus hijos:
—¿Y por qué sale
solamente en la noche el lab?
—
El lab sólo sale de noche porque de día se conoce,
porque también en las sagradas escrituras todo, todo lo
que es malo sale de la noche, y todo lo bueno anda en la luz del
día. Y por eso el lab siempre de noche
sale.
—¿ A cualquier hora de la noche?
—
Sólo sale de diez de la noche en adelante, hasta las tres
de la mañana.
—¿
Ese tipo de lab es el más malo?
—¡
Sí!
Al Sol se le asocian potencias
protectoras de la vida, mientras que la noche se relaciona con
potencias
mortíferas y depredadoras,
donde el lab es una entidad que vive y utiliza
la oscuridad para atrapar el ch’ulel
de las personas buenas. Por otra parte, el
Sol ilumina el plano terrestre, ch’ulk’inal,
y el estrato superior, el ch’ulchan.
Se le considera Padre e Hijo, Kajwal-Dios
y Kajwaltik-Jesucristo; pero la luz no puede
penetrar
al interior de la Tierra, el ch’ul lum,
plano inferior o inframundo, perteneciente
al Chichimamtik sagrado. Ambas entidades,
te k’ajk’al-el sol y te ajk’abal-la
noche se contraponen, pero al mismo tiempo
se corresponden, el primero no
puede existir sin el segundo, son dualidad
y unidad; del mismo modo sucede con el lab
y el ch’ulel, no puede existir el
uno sin el otro. En ambas dimensiones existen
seres vivos que se encuentran bajo la protección
de las potencias celestiales, terrenas y subterráneas
o del inframundo. El hombre se ubica en la
estructura del mundo como un ser frágil,
su delicada armonía se coloca en una
situación de constantes
desequilibrios, pues se encuentra preso de
las insaciables demandas que corresponden a
las potencias mortíferas de los tres
planos del Balumilal-Tierra-Cosmos. [31]
Continuando con los lab meteoros, son entidades
como el rayo, cha’wuk; este puede ser verde y rojo, el más poderoso
y temido es el rojo. Sin embargo, el rayo verde se considera bienhechor
de los hombres puesto que los cuida y protege milpas y campos,
k’altik. Los vientos, ik’etik, y nubarrones, ik’alpaslam,
se consideran lab muy peligrosos que pueden atrapar a la misma
persona y al ch’ulel mientras sale fuera del cuerpo y deambula
entre las montañas y valles o en las orillas de la comunidad.
Existe otro tipo de lab que es una especie de luz muy brillante,
se conoce como “ch’ulelal” y puede causar un
daño letal a las personas que se encuentran con él,
pues los deja ciegos y tontos, crea locura, tupul ik’, y
en algunos casos la muerte:
Es en el ch’ulel que lo hacen, así murió una
hermanita, era una niña muy fuerte. Bueno, en donde entra
la maldad es en los pleitos, entre padres e hijos, en la casa;
entonces así entró esa enfermedad, era muy fuerte.
Pero así como decimos su ch’ulel era muy bueno, estaba
muy pequeña y ya molía el nixtamal para la tortilla,
no alcanzaba el molino pero buscaba algo para subirse y así trabajar.
En una ocasión su papá pidió pollo, sí,
había mucho pollo, después empezó a tomar
con sus cuñados, empezó a pelear y golpeó a
su esposa; al anochecer salió mi mamá con mi hermanita,
yo estaba durmiendo. Ella vio algo en lo alto del cielo alumbrar,
eso le decimos que es ch’ulel, mi mamá rezó.
Le dijo a mi hermanita: “mamacita, es tu ch’ulel no
te vayas a entregar”; “no”, contestó mi
hermana; ¡sí, es cierto!, al amanecer su pie estaba
hinchado y fracturado, gritaba de dolor, fuimos a traer un ujul
[persona especial que reza para sacar el trabajo de un lab, o un
buen rezador de cerros, ojo de agua...] don Pancho de Petalcingo. “En
su ch’ulel lo dañaron”, decía, dos días
después en donde se tiende la ropa pasó un remolino
y se llevó toda la ropa, y era porque más tarde mi
hermanita fallecería, sólo aguantó tres días.
Sin embargo, los labetik carnívoros, las aves de rapiña
y domésticos, no pueden causar directamente daño
a las personas introduciéndose en el interior de sus cuerpo
y utilizando sus propios atributos para dañar el ch’ulel,
pues serían rápidamente identificados por el poxtawanej
y el mal echado fácilmente diagnosticado y erradicado. Por
ello, se valen de las simulaciones o apariencias de otros animales
para introducir el mal en el cuerpo de la persona o en su caso
atrapar el ch’ulel. También utilizan las particularidades
de objetos de la naturaleza que no pueden ser fácilmente
identificables y erradicadas por el poxtawanej. Con ello tratan
de obstaculizar todo acto de diagnóstico y entorpecer el
uso de la materia médica y sagrada para contrarrestar el
mal. Como ejemplo tenemos el siguiente testimonio:
Por eso, cuando nosotros logramos
sacar esa enfermedad, aquellos se debilitan y se buscan a otras
personas
y logramos curarlo de
nuevo, así se va a ir debilitando la fuerza del lab. Cuando
estamos curando llegamos a ver que de repente van llegando los
malos, se paran en la puerta o en el techo de la casa. Y llegan
de manera personal en gavilán, en wako [tipo de águila],
llegan perros, pájaros, a veces llegan palomas, son los
que están viendo cómo curamos. Llegan de noche y
son los que no nos dejan curar, a la fuerza quieren matar a la
persona, y cuando ven que ya no pueden se alejan. Esperan a nuestro
ch’ulel, lo buscan, y como él camina solo es fácil
de que lo atrapen, y como los ch’uleletik buenos caminan
solos, son atrapados fácilmente, ya que los malos caminan
de seis o de siete en siete y los agarran hasta que los matan,
o los amarran, o los esconden; por eso a veces escuchamos que hay
un muerto, es porque le mataron su ch’ulel. Cuando solo se
enferman las personas es porque sólo le hicieron daño
o lo lastimaron levemente.
Los ataques propiciados por lab
se sitúan principalmente
en contextos de envidia, pich’o’tan,[32] y
son considerados actos de brujería,
chopol chamel. La persona envidiosa que
tiene uno y varios labetik poderosos puede
causar daño a
otras personas, o en su caso si no es poseedor
de un lab puede contratar los servicios
de un pukuj kristiano o labwanej para causar
daño a una tercera persona, como
lo indica la siguiente narración:
Todo empezó por los problemas
de trasporte. La persona que sufrió el ataque de lab tenía
más clientela,
porque era buena persona y además
era un kermanotik de la comunidad. La
otra persona era de Yajalón y
le quitaron el derecho de transportar
a la gente de Yajalón a la comunidad.
Al sufrir el despojo de su trabajo esperó en
el camino al compañero de Cárdenas,
pero al no poder golpearlo y recibir él
una golpiza, entre varios lo arrastraron
en el camino haciéndole comer
tierra y piedras. No se quedó con
la bronca y consultó a un espiritista
de Yajalón
para hacer daño al transportista.
El mal se introducido en el estómago
de la persona para que sintiera el dolor
que pasó en la arrastrada. El
lab introdujo piedras en el estómago
de don Juan. La enfermedad se manifestó en
el vientre abultado y lleno de piedritas,
no hubo doctor que le ayudara, hasta
que consultó a un poxtawanej quien
sí pudo
identificar el mal, pero como el mal
era muy grave y estaba muy avanzado,
el poxtawanej no pudo curarlo y consultó a
los principales de la comunidad para
pedir apoyo y hacer frente al
dador de la enfermedad. Los principales
y el poxtawanej fueron a visitar al causante
del mal echado y lo amenazaron de que
si
no levantaba el mal de su hermano le
enviarían sus ch’uleletik
y labetik para causarle a él daños
peores. Poco tiempo después desapareciendo
las piedras en su estómago,
la salud de don Juan mejoró. [33]
TRANSMISIÓN O ADQUISICIÓN DEL
LAB
Algunos labetik tienen la cualidad
de heredarse por vía
paterna. En el momento de la muerte del
poseedor, este puede transmitir su lab preferentemente a un descendiente
hombre, pero muchas personas
también pueden obtener un lab
si realizan pactos con el pukuj, diablo,
hacen ritos especiales para obtener uno.
Entonces
el sexo del lab corresponde al de la
persona. No únicamente
los hombres poseen lab, también
las mujeres son acreedoras de lab poderosos.
En otras ocasiones las personas descubren
por
sí solas su lab, cuando alcanzan
la madurez y empiezan a soñar.
En el sueño se les revelan el
número
y los tipos de lab que poseen. Es muy
importante el mundo onírico,
wayich, ya que en esta dimensión
se realizan enfrentamientos entre enemigos,
utilizando los labetik de uno y de otro,
como dice
la siguiente narración de un poxtawanej colaborador:
—Ahorita sigo soñando, anoche soñé que
la gente está diciendo que tengo un delito [cuando hiciste
o estás haciendo algo malo, mulil], dicen que golpeé a
alguien y me quieren encarcelar, y el señor me dice: ¡tú no
tienes delito!, ¡porque tu regalo lo estás haciendo
[utilizando] bien en tu trabajo! Hasta ahora me vienen a molestar
animales [labetik], todavía me molestan perros [ts’i’],
vacas, personas, todo en mi sueño. Todo lo que soñé cuando
apenas me estaban enseñando, es decir, los enemigos [perros,
caballos, vacas, diablos, soldados] todavía me siguen molestado,
hasta me disparan, pero yo quito la pistola y yo mato; me dan cuchillazos,
machetazos y palazos, pero todo les quito y les gano, nunca me
lastiman a mí.
—¿
Y qué pasa si me llegan a lastimarlo?
— Es cuando yo me enfermo.
—¿
Ahora sigue soñando con los animales y lo siguen molestando?
—
Sí, no nos dejamos vencer y nosotros ganamos, nosotros
debilitamos al enemigo y agarramos más fuerza. Por eso
Dios dice que en la veladora encuentro mi apoyo. Por eso nunca
la apago. Por
eso cuando yo estoy curando se atraviesan
personas y animales malos, son los lab, pero también Cristo
se llega a parar allí.
Cuando a veces en mi sueño no
me despierto el Señor
me despierta para ver al enemigo que
viene de noche a hacerme daño.
Como sueño puros enemigos, al
igual el Señor me sigue
dando otros sueños para conocer nuevas plantas o hierbas. [34]
Analizando el relato anterior a propósito de los enemigos
y las confrontaciones entre adversarios, en este caso entre poxtawanej
y labwanej, la narración nos indica que no es la transformación
propiamente del hombre en animal o lab, pues el lab mismo es un
animal que está al servicio de su poseedor. Se trata más
bien de la manifestación de la entidad lab que forma parte
constitutiva de la persona y que se desarrolla en el plano del
mundo Ch’ul, y eso es lo que podemos deducir del texto siguiente:
—¿El ak’chamel
es el que echa el mal usando el lab?
—
Le da enfermedad porque es envidioso, lo quiere ver sufrir, no
es porque lo cuide sino porque le quiere hacer daño, le
hace una prueba en su cuerpo y también es la prueba que
nos da Dios para ayudarlo, ¡y si logró hacer un buen
trabajo vienen los otros malos lab!, que son los que nos hacen
pruebas. Es cuando nos enfermamos y no se ve cómo
nos llega la enfermedad.
—
Pero, ¿es la persona que se convierte en lab o es su ch’ulel
que se hace lab?
—
Quien sale es únicamente el ch’ulel, el lab, el
cuerpo se queda en casa. Los malos nos persiguen y cuado nos
atrapan el
ch’ulel es cuando nos lastiman
o nos morimos, y es cuando nos matan
y nos morimos de repente y se apropia,
se adueña
de nuestro ch’ulel, y de allí se
alimenta y agarra más fuerza.
Cuando se muere el bueno, su ch’ulel
lo agarra el malo para seguir haciendo
daño. El ch’ulel
lo come, de allí vive y es donde agarra más fuerza. [35]
El único alimento de los lab son los ch’ulel de las
personas buenas, entidad que sólo consume alimento sagrado
hecho por Dios y que necesita para seguir vivo. Por eso, en la
noche se agrupan para poder cazar a los ch’ulel que deambulan
lejos de la casa donde descansa el cuerpo. Pero, también
los labetik se manifiestan a las personas que tienen necesidad
de caminar en la noche, cuando regresan a sus comunidades y sus
enemigos se presentan en forma de animales o viejitos reunidos.
En el cruce de caminos cocinan a fuego abierto en un perol a los
ch’uleletik que han atrapado en la noche, como nos indicó un
colaborador:
—¿Usted ha escuchado
hablar de los lab o ha vivido alguna experiencia al respecto?
—¡
Sí! En una ocasión, cuando yo iba caminando de Yajalón
a mi colonia, vi a un grupo de viejitos reunidos que estaban cocinando
en la calle, a orilla del camino, era una olla grande que estaban
cocinando, desde lejos los vi, había mucha gente, cuando
faltaban veinte metros para llegar a donde estaban escuché las
palabras. Cuando me acerqué me habló un viejo: “acércate
a comer”. “¡No!”, les dije, y pasé caminando;
a los veinte metros volví a ver y ya no había
nada.
—¿
Ya no había nada?
—¡
Nada!, entonces me puse a pensar que no era bueno, era el ch’ulel,
que le dicen.
—¿ Era el lab?
—¡
Era el lab!, porque decían muchos que a veces hacen
algo en el camino, para preparar algo.
—¿
Quién lo hace?
—
Pues los viejitos, los que tienen ch’ulel. Sí,
los viejitos.
—
Pero ¿entonces es lo mismo ch’ulel y lab?
—
Es diferente… porque…
—¿
O varía?
—
Varía, porque ch’ulel todos tenemos, pero lab
no.
—¿ Y quien tiene lab?
—
Pues, lab tienen algunos, algunos que saben curar. Porque hay
poxtawanej que te cura; y hay poxtawanej que te echa. Hay dos
cosas, y hay
poxtawanej que únicamente
te cura, no sabe echar. Entonces
tiene ch’ulel bueno, el que
echa algo o hace mal tiene ch’ulel
malo, es el lab. [36]
Como indica la conversación anterior el lab es una entidad
que también poseen los poxtawanej que se encargan de hacer
mal; entonces los poxtawanejetik poseen esta entidad y los hace
ambivalentes, pueden causar daño así como ayudar
a recuperar la salud de las personas. Un colaborador nos ha informado
que no todos los labetik son usados con fines malévolos.
Sobre todo los de las personas que no tienen relación con
el ak’chamel y tampoco se consideran labwanej pues no ponen
su lab al servicio de personas que quieren hacer daño a
una tercera persona. Estas personas excepcionales que tienen lab
bueno es porque tienen buen corazón, lekilal yo’tan;
se consideran bienhechores de la comunidad, y en caso de necesitar
su ayuda pueden hacer frente a las enfermedades o pedir protección.
Hasta aquí hemos trazado algunas diferencias entre los
lab animales. Falta explicar los que pertenecen a la categorías
de meteoros, que se consideran muy temidos por los pobladores de
las comunidades que van por las veredas y caminos de las milpas
o terrenos de cultivo durante el día. Los más comunes
son: el xojob, destellos, un resplandor de diferentes luces que
ilumina todo a su alrededor, donde se posa el resplandor anuncia
algún evento de vida o muerte de un kristiano, viaja por
los campos y entre las comunidades, también indica la apertura
de las cuevas y de los lugares sagrados, los sk’inalel.
Los vientos, ik’etik, son lab muy malos, muchos de ellos
toman esta forma o la piden prestada para causar daño y
traer enfermedad. Muchos males echados se introducen con el viento
y penetran con el aliento frío. El color de estos lab es
el negro y por si fuera poco las personas que tienen estos lab
se consideran cheb o’tan, personas de doble corazón,
los burladores. En Yajalón los vientos más fríos
y destructivos vienen del norte; por ello, este tipo de lab se
asocia con este rumbo o punto cardinal. En los ritos terapéuticos
los poxtawanej tienen especial cuidado con este lab. Si se descuidan
o no guardan el orden del espacio ritual puede que el lab regrese
y se meta en el cuerpo de él o de alguna otra persona que
está acompañando al enfermo/enferma, como señala
un colaborador:
El viento también trae
enfermedades, es de allí de
donde vienen las enfermedades
de los labetik, son los mismos labetik, por eso se llega a saber
que de repente una persona ya tiene calentura,
gripa, dolor de cabeza... y eso
se agarra a través del aire.
Por eso también cuando
uno está curando nadie
se debe de atravesar enfrente
del enfermo y en la puerta, porque
es
allí por el aire por donde
sale la enfermedad; y Dios desaparece
la enfermedad que sale, si estás
caminando lejos ya no te llega
la enfermedad, solo cuando pasas
en la puerta o estás
pasando casi enfrente del enfermo,
y hay kristianoetik que te quieren
ver sufrir, por gusto te pasa la enfermedad que sale de la persona. [37]
Los rayos se dividen en dos clases, rojos,
que siempre son lab, pero no siempre son dadores de enfermedad.
El rayo verde se considera
uno de los ch’ulel bienhechores, pues es una bendición
que Dios les concede a las familias si un hijo tiene un lab de
este tipo. Como dice la siguiente narrativa:
También el rayo rojo si
es que tiene buen corazón
te cura, aunque sea lab te
cura, si te da una enfermedad muy fuerte; así como le pasó a
mi ahijada Blanca, pelearon por terreno, al dar a luz a sus hijos
morían todos, murieron
tres, hasta que lo curaron
por un señor que tiene de ch’ulel
rayo rojo, pelea con el otro.
Si te han atrapado o escondido en los cerros te saca, es el más
fuerte de todos, pero también
es malo, se convierte en lab. [38]
Sin embargo, existe otro tipo de rayo que
tiene relación
con los ajawetik, los señores de los lugares sagrados. Se
le conoce como xijk’al; este tipo de lab se puede transformar
en un ser pequeño de larga cabellera que vive en el interior
de una cueva y que se alimenta de las puntas de la planta de chayote.
Hay un ajaw wits –señor
del cerro— y otros
ajawetik, los dueños,
que tienen a su cargo todos
los animales, los animales
tienen dueño. Los
ajawetik son personas, cuidan
los animales, ustedes no
lo saben... como no les cuentan...,
yo lo sé porque me
lo mostraron así,
como el xijk’al
[tipo de rayo] tiene su casa,
en la cueva es una persona
[lom ch’en].
Cada ajawetik tiene su casa,
igual como nosotros, tienen
su casa en la cueva, si llega
la hora de platicar con él,
sale y es ahí en donde
lo conocemos. Solo lo pueden
ver los que tienen regalo
de Dios, los poxtawanej,
pero no todos, solo los
más entregados en
sus trabajos ante Dios, pero
los que lo han aprendido
no lo pueden ver. [39]
Es sumamente relevante el mundo onírico, sk’inalel
wayich, para el poxtawanej. La actividad de soñar es el
momento justo de la dispersión de los elementos anímicos
constitutivos de su persona. En el wayich, sueño, se pone
de acuerdo con su ch’ulel y lab, y al mismo tiempo se comunica
con las deidades de los tres planos que integran el mundo. Entonces
en el sueño se conjugan múltiples dimensiones y hay
comunicación con distintos seres de los planos del mundo.
Cuando cae la noche, la percepción del poxtawanej se altera
progresivamente hasta ser una imagen dilatada y superpuesta de
símbolos pertenecientes al mundo de los sueños. Así en
la noche se desarrollan las transformaciones físicas-oníricas
de diferentes estados de lo viviente. De hecho, los poxtawanejetik
tienen la capacidad de modificar su apariencia durante el periodo
nocturno; se transforman en labwanej, animal o fenómeno
meteórico, según sea su condición.
Pero no solo el poxtawanej utiliza el sueño para desdoblar
sus numerosas fuerzas anímicas, pues toda persona tseltal,
de hecho, puede vivir y utilizar los sueños como medio de
comunicación y ámbito de aprendizajes y conocimiento.
En el sueño se revelan diferentes planos de la realidad
presente, pasada y futura; es el lugar donde se manifiestan los
wokoliletik, problemas, conflictos y enfermedades, que afligen
y afligirán a la persona y a su familia. Una vez más,
el sueño se piensa como una imagen alterada del espacio
diurno, no su contrario sino extensión del ch’ulel
y el lab, que están unidos por un lazo al cuerpo del durmiente.
El espacio del sueño es infinito, sin límites, sin
fronteras, es a la vez, es espacio dilatado de la estructura del
mundo, pues hay montañas, lagos, paisajes de milpa y pueblos,
astros, nubes y múltiples seres divinos y familiares; es
camino e infinidad de caminos que llevan a la tripartición
Balumilal-Tierra-Cosmos. Las entidades que integran el cuerpo humano
utilizan este ámbito delatado onírico para desprenderse
y volverse a integrar. Durante el sueño se desplazan en
un espacio extensible y el tiempo que les permita la salida del
sol.
PALABRAS FINALES
Hasta ahora hemos tratado de
presentar solo un limitado cúmulo
de fuerzas anímicas
que integran y habitan
el espacio corporal
humano, conjunto de
seres y entidades que
configuran la complejidad
de la persona. Más
que concluir acerca
de las tres entidades
que he tratado de describir
y explicar, me propongo
resumir y delinear
posibles desarrollos
para trabajos posteriores.
Como se ha mencionado, el cuerpo es muy importante
porque es allí donde
confluyen una cantidad finita de fuerzas y entidades anímicas.
Principalmente me he abocado a dos de sus más importantes
entidades: el ch’ulel y el lab, y en menor medida a los sja’juletik,
bichos del interior del cuerpo. No hemos abordado otras fuerzas
anímicas como te k’ajk’al, calor, luz, que toda
persona tiene y es necesario para dar impulso a sus acciones, que
al mismo tiempo se asocia con los estados emocionales irascibles,
de enojo, y en muchos casos de violencia. En ciertas etapas de
la vida es importante dejar salir esta fuerza porque da impulso
a las acciones de los sujetos para lograr sus metas.
Otra entidad anímica que es importante analizar es “la
vela de la vida”, claramente visible durante el rito de yotesel
ora, introducir o darle más tiempo de vida al corazón,
pues marca el ritmo e inicio de la vida ritual la cual se compone
de seis velas grandes, muk’ta kantela, que se deben quemar
por la persona cada año. Si no se realizara este rito, por
lo menos una vez en la vida, la persona puede tener una corta estancia
en la Tierra o le pueden cortar la vida con un mal echado.
Por el momento analizamos solo tres componentes
de la persona: chanul, ch’ulel y lab; además una cantidad limitada
de sja’juletik que comparte un mismo espacio. Se ha podido
observar que el cuerpo humano o chanul es signo y símbolo
alterado de la estructura del mundo. La geografía corporal
está acorde con los elementos de la cosmovisión actual
y es el vehículo que concentra las fuerzas anímicas
de la persona representadas en tres partes: la cabeza, el corazón
y el vientre —te toyol, te yolil, te yetal—. Pero siendo
el cuerpo una materia dúctil y en movimiento, los cambios
de posición vertical a horizontal están llenos de
experiencias nuevas según las diferentes posturas que asume
en los rituales terapéuticos que claramente están
referenciadas con los puntos o rumbos cardinales del Balumilal-Tierra-Cosmos.
El cuerpo humano es reflejo fiel de la geografía extensiva
sagrada del Chichimamtik, la Tierra partera-abuelo, pues el ser
no se piensa como uno, no se reduce únicamente a la condición
animal, dado que somos un animal con la capacidad y necesidad de
autodefinirse, autocomprenderse como resultado o unión de
dos seres antagónicos que se mezclan para dar forma a un
ser más. El parto es reflejo de este momento culminante
donde están presentes los jme’tatik, nuestros madres-padres
antiguos, síntesis de historia familiar y cosmovisión.
Las estrechas relaciones que hay entre chanul,
ch’ulel y
lab, implican el reconocimiento de las relaciones entre lo orgánico,
lo psíquico, lo numinoso y lo cultural, como un todo inseparable.
Así como el ch’ulel y el lab son entidades anímicas
y de poder de la persona, yu’el, así también
el mundo onírico es el espacio dilatado donde confluyen
estas fuerzas para mostrarnos que la persona deambula ente dos
dimensiones paralelas y coexiste en ambas, y le son necesarias
para integrarse y desintegrarse, desprenderse de sus ch’uleletik
y volverse a reunir. El sueño es, pues, el espacio de contacto
entre los diferentes planos de la realidad y, al mismo tiempo,
encuentro con las entidades o fuerzas que los habitan.
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